El experimento del muñeco bobo

Los años sesenta fueron pródigos en experimentos de sicólogos terribles, dedicados a estudiar el comportamiento humano en lo que a obediencia y pérdida de autonomía se refiere. Ya en otros artículos (1) hablé del experimento de Milgram, en el que se engañaba a un pardillo para que creyese que estaba friendo con descargas eléctricas a un actor, y del experimento de Asch con el que se engañaba al pardillo para que afirmase estar viendo cosas que en realidad no veía. Pues hay otro experimento del que querría hablar, que es el experimento de Bandura (2).

Bandura cogió a niños y niñas de guardería, de tres o cuatro años, y los dividió en tres grupos. De forma individual los metía en una habitación donde había una serie de juguetes atractivos, y un muñeco bobo. Un payaso inflable de los que si los tumbas, vuelve a ponerse en pie. El niño o niña se ponía a jugar, entraba un adulto, y tras jugar un minutillo, comenzaba a insultar al muñeco y a darle patadas y golpes. Otros niños no eran sometidos a este comportamiento, y jugaban a su aire en la habitación sin percibir agresiones al muñeco.

Los resultados del experimento mostraron que los niños y niñas que habían estado expuestos a un modelo agresivo con el muñeco, cuando se les dejaba solos sin adulto, se volvían violentos: exhibían lenguaje verbal insultante, pegaban al muñeco, e incluso mostraban creatividad en las agresiones. Los niños que en cambio no percibían agresiones, jugaban tan tranquilos y no agredían al muñeco. En el modelo agresivo, los niños tendían más a la violencia que las niñas.

¿Que nos indica esto? Pues que el comportamiento violento hay que aprenderlo. Si además alguien con poder lo lleva a cabo, los dominados tienden a aprobarlo. Y si mucha gente lo aprueba, hasta los que lo ven mal acaban diciendo que está bien.

Por eso en el ejército, por ejemplo, se entrena a los soldados con simulaciones. Se ponen blancos con fotos de enemigos a los que se dispara, a muñecos con uniformes a los que se apuñala, o en el simulador de un avión de bombardeo, al piloto se le planta como objetivo Moscú, Nueva York o Tokio. Una vez vuelas un muñeco, acabas matando gente como el que mata bacterias, porque por un lado: aprendes que emplear la violencia es algo que está bien; conviertes en muñecos a las personas; obedeces sin pensar; pierdes tu autonomía y delegas. El que aprieta el gatillo transfiere la responsabilidad al que da la orden, y se queda tan fresco.

¿Cuáles serían las recetas contra esa actitud violenta? Pues desobediencia, independencia, rechazo a la autoridad, aprendizaje sin agresión. Porque mientras más violencia emplee el poder, más lo imitarán los dominados.

Milgram, Asch y Bandura. Eso sí que da miedo.

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(1) http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/37037

(2) https://www.youtube.com/watch?v=gF9ZTLLr094

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