Complemento a Mínimos de la Seguridad Social en un 28-D

La cola en la tenebrosa institución es pequeña a las 8:30. Sólo hay diez viejos y una señora madura pasando un frío que pela. Todos con carpetas y papeles. 28 de diciembre, el funcionariado abre a las nueve.Tengo pedida cita a través de la Oficina Electrónica (que facilita la accesibilidad de los ciudadanos). Soy el primero de las nueve. Pero como ya he tenido que venir cinco veces para lo mismo, y sé que que la gente está un poco tensa, sigo los rituales establecidos.

– ¿Quién es el último?

El último es la mujer madura, abrigo, bufanda, gorro, botas, guantes, va preparada para hacer la travesía del Perito Moreno a Chile. Le cuesta trabajillo responder, pero mi insistencia consigue que determine claramente mi posición y la suya en la organización de la cola. 

 

Por mi parte voy armado de paciencia, y un teléfono móvil que tiene una lista de reproducción de canciones de Raphael, que escucho con un auricular. (Banda sonora) Como yiooooo te amo olvídate nadie te amará… He pensado, viendo a la gente viajar en el metro, que ponerle música a estas cosas podría ayudar.

 

No sucede nada hasta las nueve, salvo más y más gente que va llegando. A la hora en punto, se levanta una puerta metálica de garaje, lentamente, y pasamos al interior. Allí un funcionario dice:

 

– A ver, los que tengan hora pedida: Juana Vargas Pinto Da Costa Moraes.

– Yo,  yo, soy yo señor funcionario.

– [Lenta mirada] ¿Usted es Juana?

Yo soy, sí. Un emisario autorizado.

– Pues vaya a la máquina, y saque el número –aclara a la cabreada multitud– Primero van los que tienen cita.

 

Me dirijo a la máquina, marco el DNI de Juana y saco el c-900. Que me siente y mire a la pantalla. El funcionario se vuelve a dirigir a la multitud. 

 

– Los demás que vayan sacando número según la vez que les toque.

– Voy a la máquina pues. (Banda sonora) ¡Puedes haceeeer lo que quieras conmigo! ¡No te miraré, hasta que tú me lo digas amooooooor!

– [Señora madura] ¡Oiga oiga!

– Dígame abrigada señora.

– Mire por favor, me puede decir cómo ha hecho con la máquina para que le dé número (me entrega su DNI). Yo con estas cosas no me aclaro.

– [Amablemente] A ver, déme…

 

Le saco el número delante de la multitud. El C-901. Inmediatamente empiezan las agrias protestas.

 

– ¡Se ha colado!

– ¡Yo no me he colado!

– ¿Perdone? Usted iba detrás mía [se dirige a mí] ¿Y usted de qué va? ¿Por qué le saca número antes que a todos?

(Banda sonora) Nada soy sin Laura sin Laura sin Laura…

– Yo no sé nada. Me ha pedido que le sacase un número y se lo he sacado. ¿Somos o no caballeros? 

 

(Clamor y gritos de "dale tú tu número, pedazo cabrón, ponte tú a hacer cola")

El funcionario ni se inmuta. Yo tomo asiento y paso de todo, atento a la pantalla, escuchando que estar enamorado es ignorar el tiempo y su medida, mientras ahí dirimen el conflicto de escalafón. Enseguida me llaman. Me siento ante una mujer de unos cincuenta años, con pelo teñido de negro, sobrepeso, gafas gordas y ropa de baratillo de la que no le sienta bien a nadie, igual que al resto. Veo que la mujer madura se sienta en la mesa de al lado, atendida por un Lechuguino gafudo, mientras las protestas de los viejos arrecian.

 

– Hola, que es la quinta vez que vengo a esto y a lo otro, a solicitar el complemento de mínimos de esta mujer, que le ha quedado una incapacidad absoluta de 488 euros mes. Y como en 2017 no va a tener otros ingresos y está por debajo de 7.100, pues eso, que esta es la solicitud… (Banda sonora) ¡Estuve enamorado de tiiiii, pero ya no siento nada!

 

La funcionaria mira la solicitud como si le fuera a morder. Teclea cosas en el ordenador. Yo permanezco impávido mientras ahí atrás la bronca con la máquina de turnos va incrementándose.

 

– ¿Por qué está todo escrito a lápiz?

–  Todo no, la firma (falsificada por mí) está en bolígrafo. Lo demás va a lápiz porque no me fío ni un pelo de que algo esté mal y haya que corregirlo, así que por favor si lo repasa… Ahora lo pongo a boli.

– [En la mesa de al lado, la mujer madura ruega] ¡Pero cómo va a ser que le quiten a mi madre doscientos euros de golpe!

– Porque es una pensión no contributiva, y junto con la pensión de su marido pasan del mínimo de 8.000 euros y pico…

– ¡Pero si se quedan  para vivir con 700 euros!

– Es que eso es la ley, y dé gracias a que no le pidan las cantidades cobradas indebidamente…

– ¡Son dos ancianos!

– [Otra vez en mi mesa] Parece que está todo correcto, rallénelo en la mesita, no sea que los del provincial digan algo porque va a lápiz…

– [Yo] Ni hablar, mire a esos viejos energúmenos cómo están de violentos, yo de aquí no me muevo. Tardo dos minutos.

– Es que está obstaculizando el flujo…

– Yo no estoy obstaculizando nada. Y aquí no existe el flujo, si no el bucle. He venido ya cinco veces por haber sido mal informado, además he tenido que hablar con un abogado para una solicitud administrativa que si la primera vez nos dan el impreso y me lo dejan rellenar y entregar, hace meses que esto estaría acabado. Lo último ha sido coger la solicitud, que no está disponible on line, llevarlo a que lo firmen…

– ¿Y por qué no viene la interesada?

– Porque tiene una enfermedad mortal, está encamada y muy dolorida.

– Ah.

– También está muy cabreada por que le hayan quedado 488 euros después de trabajar toda la vida.

– Claro, si no cotiza…

– No le dieron opción. Bajos sueldos, trabajo en negro.

– [Mujer de la mesa de al lado] ¡Lo mismo que le pasó a mi madre!

– Es que si no cotiza no puede luego tener una pensión buena…

– [Yo] Incluso ha trabajado en negro para la Administración del Estado. La que hace las leyes y vela por su cumplimiento.

– [Se muestra sorprendida, yo sigo rellenando] Ah. – – ¿Para la Administración?

– Para Ayuntamientos. Como Monitora de Baile Flamenco. Baratísimo. Se apañaba dando palmas para marcar el ritmo. ¿Sabía que las palmas son el instrumento musical de percusión más antiguo que existe?

– Ah. Sí, habría que dar una buena batida por los Ayuntamientos… 

– Pues si van a llevar la escopeta y la jauría vayan por las Consejerías de camino. Hay miles de contratos de falsos autónomos en fraude de ley.

– Ah. 

– Pueden matar a los responsables si se les apetece. O desollarlos. Lo que marque la ley para estos casos.

– [Mujer de la mesa de al lado] Eso digo yo. ¿No hay una justicia que mate a toda esa gente?

– (Banda sonora) Que tengo el corazón en carne vida, que yo podría morir, sin ellaaaaaaa.

Ea, ya está. El papel escrito a boli.

 

La funcionaria empieza a consignar datos en el ordenador. 

 

– ¿Y el Libro de Familia?

– ¿Para qué necesita el Libro de Familia?

–  Bueno, para solicitar el complemento a mínimos con cónyuge a cargo…

(Banda sonora) ¿Qué tal te va sin mí?, ¡miénteme!, dime que mal… (pasa la canción) ¡Escándalo! ¡Es un Escándalo!

– Mire usted, no puedo salir de aquí sin acabar este asunto. Buscar el Libro de Familia, pedir otra cita, que me la den para dentro de veinte días, puedo volverme más loco de lo que me pertenece… Yo no puedo venir aquí cada vez que quiera, tengo que pedir permiso, organizarme… Mire, este es el teléfono de mi jefa, ¿ve? [le muestro siete llamadas perdidas desde las ocho]. Seguro que está llamando a ver dónde está.

– ¿Dónde está qué?

– Pues esto, su móvil. Lo he cogido prestado para escuchar música. Escuche, Raphael, Escándalo…

– ¿Pero qué dice?

– [Mujer de la mesa de al lado] ¡Pero qué puedo hacer! ¡Cómo van a vivir mis padres con setecientos euros!

– [Lechuguino] Pues van a tener que apañarse. O pedir alguna ayuda domiciliaria…

– ¡Pero qué ayuda ni que ocho cuartos!

– Señora, tranquílicese…

– Que le digo que el Libro de Familia no es necesario, primero porque la solicitud no es con cónyuge a cargo. Además, ya traje el mes pasado el Libro de Familia, lo pasaron por escáner y lo tienen en el expediente. Salías del templo un día cuando un día yo te vi… Hermoso wipi llevabas, llorona, que la Virgen te creí. Mire [doy la vuelta a la mesa]. Ahí en archivo adjunto. 

– Ah [pausa] Bueno, yo esto lo mando a la Dirección Provincial y que decidan ellos.

– Quisiera formular una reclamación… Pero ya no te creo. Ese mismo bolero lo escuché tantas veces. Y cuando dije sí después me arrepentí y lo pagué con creces. Toco madera. No vuelvo junto a ti por más que quieras. Porque el quererte, te juro que me ha dado mala suerte 

– Ah. Hay una hoja de reclamaciones.

– No. Prefiero hacerla verbal, usted me ha caído simpática, y alguien tiene que abrirle los ojos.

– Es que esto hay que hacerlo por escrito porque va al departamento de reclamaciones…

– Y de ahí al contenedor de reciclaje de papeles LOPD. Escuche atenta (yo sigo siendo aquel que mira cada noche las estreeeeeellaaas). A esta mujer, a la tal Juana, le dieron la absoluta tras un proceso kafliano. Estando en malas condiciones físicas le comunican por carta certificada con acuse de recibo por una vecina, que su pensión es de 488 euros (revisable al año si sobrevive), que diga cómo quiere cobrar, y que puede poner una reclamación previa si no está de acuerdo. Se entrega el número de cuenta, se pone la reclamación y le contestan al tiempo que no le corresponde, pero que puede seguir reclamando ja ja ja já. Mientras tanto, en lugar de en la cuenta corriente, le ingresan la paga en una sucursal que nadie le ha dicho que tiene que ir a cobrar. Nadie sabe por qué. Y como no puede, cuando al fin alguien se entera de qué pasa, le responden en el banco que tiene que ser la interesada la que cobre, así que hay que solicitar que le ingresen en cuenta, otra vez. En cada ocasión, hay que pedir una cita, rellenar solicitudes, y llevarlas a firmar a una persona que está en una cama articulada y que no tiene resuello. Diabólico. Luego, en estas oficinas, uno tiene que enfrentarse a una cola de gente perpepleja, en general vieja, cada cual con su problema, un guardia de seguridad y un funcionariado pantalla que observa impávido este desconcierto, y que lo gestiona, y que lo nutre con escasa calidad de espíritu, diría yo, que luego normal que quieran fundar en España la República Catalana…

– Oiga, que yo no tengo la culpa de que estén así las cosas.

– Pues claro que tiene la culpa, del separatismo y de todo esto. Se lo digo para que abra los ojos y tome conciencia. Usted es una funcionaria, cobra una nómina, está adherida a ella. Es responsable de esto. Si llegase el Apocalipsis, y los zombis vagasen por las calles mordiendo a todo Cristo, estoy seguro de que su último acto consciente, con el último aliento, sería ir al cajero automático de la Caja Rural, meter la tarjeta y marcar el pin a ver si le habían metido la nómina y la extra de navidad mientras le pegaban bocados. (Banda sonora) ¡Prefiero ser así a ser lo que eres tú, un cuerpo que no tiene corazón, un alma con el frío del cristal, un paso por el tiempo sin dejar ninguna huellaaaaaaaaaa! Fíjese usted, que dicen que cada vez hay más empleo y que cada vez las pensiones están peor. Porque los salarios son una mierda, está claro. Puede haber mucha gente trabajando, pero si cobran una porquería, caerán las pensiones públicas. Y las privadas. ¡Caerá todo este sistema! Se lo digo yo.

 

– [Funcionaria, tensa] Bueno, si no hay nada más…

– [Mujer de la mesa de al lado] ¡Yo también quiero reclamar!

– [Público que espera] ¡Quéeeeeeee! 

– [Yo] La copia. 

– ¿Lo qué?

– La copia sellada de que se ha realizado la solicitud de complemento a mínimos. (Banda sonora)… Leyenda de un jinete que galopa sin cesar cumpliendo la condena de cruzar la eternidad, por traicionar en vida la que fue su gran amor… Yipiayeeeei yipiayooooou…

 

La funcionaria se toca la frente, baja la cabeza, parece agotada, y eso que son solo las nueve y veinte y nada más que ha de poner el sello de entrada. El Lechuguino lidia con la mujer madura que hace su relato de los hechos, y también de forma impropia habla algo de despellejar a los corruptos, mientras los viejos murmuran que hay que acabar con la gente que se cuela por la cara. Esos rufianes alcoholizados con carpeta, están que echan chispas. Recojo mis cosas, me levanto, doy unos pasos, van a pasar el turno, me vuelvo… Gestos, nervios…

 

– Otra cosa.

– Qué.

– La Extra.

– Qué pasa con la Extra.

– Que no la ha cobrado.

– Claro que la ha cobrado. La Extra de diciembre se paga a finales de noviembre. 

– ¿Qué?

– Que la cobró en noviembre.

– No joda. 

– Como lo oye.

– Pues ni se ha enterado.

– Claro, como es tan poco, habrá pagado la luz, el agua, facturas y se acabó.

– Claro. Qué sorpresa. ¿Y como se lo digo? ¿Pueden ir a su casa a decírselo? ¿No hay un servicio INSSS a domicilio o algo así?

– No

– ¿No? (Banda sonora) No puedo creer que es verdad, que tanta felicidad, haya llegado hasta mí, y simplemente aprendí, que cielo siento alcanzar, pensando que voy a amar, por eso no puedo así, quitar mis ojos de ti, ¡I love you baby. And if it's quite all right, I need you baby, To warm the lonely nights. I love you baby. Trust in me when I say!

– No.

– Bueno. Feliz Navidad. Señora de la Mesa de Al Lado, que se mejore.

 

Y ahí se quedan. Voy a ver si todavía me dan de desayunar, antes de que se den cuenta de que ando desaparecido. Esto de la incapacidad absoluta, es realmente agotador, y eso que yo estoy sano, con que el que esté enfermo… Lo lleva claro. 

 

La verdad, llevar Banda Sonora a los trámites administrativos, hace que la película sea como que más prometedora.

 

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  • El enlace para saber qué cuernos es el Complemento a Mínimos de la Seguridad Social. Por si alguien lo tiene que pedir: http://www.seg-social.es/Internet_1/Pensionistas/Revalorizacion/Complementosaminimos/index.htm

 

  • Canciones de la Banda Sonora. Intérprete Raphael.

 

Como yo te amo

Cierro tus ojos

Estar enamorado es

Nada soy sin Laura

La llorona

Toco madera

Yo sigo siendo aquel

Estuve enamorado

En carne viva

Qué tal te va sin mi

Escándalo

Frente al espejo

Ghost riders in the sky

Can't Take My Eyes Off You

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