La importancia de trabajar para la soberanía popular
Por @blackspartak
El domingo 20 de mayo leía en twitter que:
El día en que algún fascista con dos dedos de frente y una oratoria eficaz se ponga un chándal y baje a los barrios, vamos a estar bien jodidos.
antonio saceda @sacedator
El tuitero @sacedator decía esto al hilo del famoso chalet de Pablo Iglesias e Irene Montero y de cómo la izquierda sigue directa hacia el vertedero de la historia. Indigna, perdida, sometida, sin sangre... la izquierda socio-liberal sigue incidiendo en la desempoderación de los de abajo. O, como decía Owen Jones, en la demonización de la clase obrera.
Y esto me ha animado a hacer este artículo sobre las soberanías. Lo cierto es que hace años que nos vamos sorprendiendo con los avances de la ultraderecha en toda Europa y en Norteamérica. Ya han llegado y arraigado en los barrios obreros y comienzan a ganar en lugares poco habituales hasta ahora. Pero lo han logrado utilizando un discurso copiado del obrerismo de izquierdas de hace unas décadas. Para más inri, cuando ese fascismo no logra un especial arraigo entre la clase trabajadora, resulta que se hace lo suficientemente atractivo para que otras fuerzas quieran pactar con esos partidos en lugar hacerles el vacío. Este es el caso de Italia, donde la Lega Nord que vendría a ser una extrema derecha con ínfulas de respetabilidad, a pesar de cierto histrionismo estilo Nigel Farage de sus líderes, ha pactado con el populista Movimento 5 Stelle. Vemos que este populismo, tan cercano a Albert Rivera (que ayer parecía un Primo de Rivera), no tiene problemas en gobernar con la extrema derecha.
Tal como imaginábamos que sucedería.
Ahora bien, ¿qué significa todo esto? Pues que mientras la izquierda se ha centrado en la política de las identidades y ha perdido de vista las mayorías sociales, las comunidades de clase trabajadora o del mundo rural viven profundamente desempoderadas. Al margen de todas las políticas de la euroburocracia o al margen siquiera de la agenda política nacional o regional. Esto ha dado que en cada crisis se profundice el abismo que las separa con los grandes centros de poder, de conocimientos y de negocios que son las grandes ciudades y sus áreas metropolitanas. El proyecto estratégico de la izquierda socio-liberal es este: un planeta fundamentado en grandes metrópolis que forman una gran red global. Esta es su globalización. De alguna forma también es un proyecto del neoliberalismo, aunque no deja de ser curioso que las principales ciudades del mundo estén gobernadas por las izquierdas. Incluso este modelo se ha replicado en España mediante el poder local de los llamados "ayuntamientos del cambio" (Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Coruña, Oviedo, Cádiz...).
Por decirlo fácil y rápido: el progresismo se ha concentrado en las grandes capitales olvidando todo lo demás. Como sabemos, en política no existe el vacío. Y si abandonas una posición no tardará en existir otra fuerza que la ocupe y la haga suya. Esto es lo que ha ido haciendo la extrema derecha europea en las últimas décadas. Han sabido recoger los trozos rotos de las esperanzas de un futuro mejor de la clase obrera y ahora intentan representarla. La frustración produce independentismos, Brexits y a Donald Trump. Hoy en día cuando se le deja votar al "populacho" salen con votos antisistema. Antisistema entendido como rechazo al status quo neoliberal.
En el anarquismo de las últimas décadas hemos seguido más o menos el mismo camino de las izquierdas: hemos comprado un discurso globalizador confundiéndola con el internacionalismo socialista. O es que quizás es que el neoliberalismo nos copió descaradamente. ¿No éramos cosmopolitas sin patria ni rey? Pero el caso es que ahora las élites son globales, ya no tienen patria si no cuentas bancarias descentralizadas por los paraísos fiscales. La tecnología y los avances son globales, inmediatos. El comercio es electrónico. Y hoy se puede hasta utilizar criptomoneda... Llega el fin del dinero. Y los ultraliberales llevan años apretando por el fin de los estados nacionales. ¿El resultado? Aquí el voto a Trump por condado:
O su versión europea [lo podréis ver mejor en este mapa]:
Pero aún así logramos globalizar las resistencias y conectar con los otros mundos posibles. El zapatismo, los asentamientos de Sem Terra del Brasil, los sindicatos campesinos de la India, los pueblos indígenas aparecieron como nuestros aliados naturales en esta lucha contra la nueva versión del capitalismo. Se produjo entre 1994 y el 2001 un crecimiento cualitativo que nos ayudó a explicarnos qué estaba ocurriendo. La respuesta se intuye: vivimos en una era de cambio de modelo sistémico similar a la que dio lugar al capitalismo. Si entonces ese nuevo modelo (hoy ya viejo) se basó en el genocidio indígena de los pueblos amerindios, en la esclavitud africana, en la quema de las brujas y en la liquidación del comunal, el nuevo modelo se fundamenta en la acumulación sin límites de capitales a hombros de toda la población humana y del medio ambiente. El capitalismo nos está llevando cerca de una gran extinción y lo hace aparentando control y orden.
Volviendo a la cuestión de la soberanía. El viejo anarquismo defendió la soberanía del pueblo en la Comuna de París, en la revolución mexicana, en la de Corea o en la española. Siempre hubo una defensa del "nosotros", del pueblo trabajador orgulloso, digno y combativo, que se colocaba frente a los "otros", el capitalismo burgués sin alma. El socialismo o la autogestión eran cosas de sentido común, que valorizaban lo que teníamos a nuestro alcance, nuestro esfuerzo. Había un componente moralizante o redentor. Pero se hacía para subrayar el "nosotros", el sentimiento de pertenencia: "si no eres un capitalista explotador entonces eres parte del "pueblo", únete."
Podemos seguir indagando ejemplos de resistencia actuales: los municipios mexicanos autónomos en rebeldía, los cantones y comunas kurdas, las guerrillas naxalitas maoistas... Son ejemplos que se basan en un rechazo a la globalización capitalista y su modernidad. Arraigan en la población volviendo a los usos y costumbres o a una mezcla entre lo material y lo simbólico. Pero es que las luchas de liberación nacional europeas también se basan en una recuperación de lo local y una revalorización de la cultura propia, pisoteada por la hegemónica. No es casual que el número de independentistas catalanes se multiplicara por dos o por tres entre 2006 y 2011, que es cuando el gobierno central dio todas las señales posibles de que en esta España Catalunya no tiene cabida. Los autogobiernos no existen, solo son una parte de la administración del estado. El artículo 155 ha dejado claro esto.
Tenemos la oportunidad de aprender de estas resistencias y de su discurso hacia la población. El anarquismo ha hecho discurso contra las privatizaciones en los 90, ahora a favor de las remunicipalizaciones. Aún falta rematar este discurso: tiene que haber una recuperación de la soberanía popular - al fin y al cabo son servicios pagados con nuestro dinero - y tiene que haber nacionalizaciones. En otro orden de cosas, además no se les puede dejar su gestión a los políticos porque lo volverán a liar todo otra vez. Los servicios tienen que ser democráticos, participativos. Tienen que tener asambleas anuales donde participen los usuarios y los trabajadores. El auge de la Economía Social y Solidaria es una muestra de hay necesidad de recuperar lo local, hay necesidad de controlar lo que se consume. Las luchas contra el desarrollismo capitalista son otra faceta de esta situación. Otra faceta sería la lucha contra la gentrificación, y otra contra el turismo de masas. Todos ellos efectos desagradables del capitalismo. Aquellos grandes nodos metropolitanos necesitan continuamente recursos. Y estos recursos atraviesan, depredan o destruyen las comarcas rurales. El bienestar de unos es la destrucción de la forma de vida tradicional de los demás. Más resentimiento.
Defiendo un anarquismo que vuelve a las comunidades, que nace de ellas. Y las comunidades lo que quieren ser es libres. Esto es soberanas, que su palabra sea escuchada, que sus decisiones puedan ser llevadas a la práctica. No se puede hacer una política de izquierdas olvidándonos de los pueblos. Encuentro esto mucho más preferible a tener que hacer luego manifestaciones antifascistas. Crear comunidad, crear pueblo, crear sindicato, crear barrio... es antifascismo preventivo. Necesitamos salir de los márgenes, de la política de las identidades, del desclasamiento. Por supervivencia.
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