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"El movimiento anarquista, esto es, el conjunto de los individuos que quieren el máximo desarrollo de la persona humana en el seno de las comunidades creadas por el esfuerzo solidario y el libre acuerdo, sin Estado, sin dogmas y sin privilegios, tiene un objetivo práctico y político (y, respecto a este objetivo, es - en su sector más importante - un movimiento organizado), pero no tiene la conquista del poder, sino a la creación de muchísimas cosas y a la destrucción de muchísimas otras, en los más variados aspectos, materiales y espirituales, de la vida. Esto hace que ni siquiera su parte organizada tenga un verdadero carácter de partido: ni carnets, ni votos, ni palabras de orden. Y entonces la gente, que frecuentemente se pregunta: ¿Qué quieren los anarquistas?, y desea una respuesta clara y concisa de catecismo, queda desorientada y se alza de hombros".

Luce Fabbri1

Es imposible comprender la historia del movimiento popular uruguayo sin atender al papel de los anarquistas, y los anarquismos, en su constitución y desarrollo cultural y organizativo, ético y estético. Al menos hasta la década de 1960, el anarquismo estaba presente, con mayor o menor especificidad doctrinaria, en las organizaciones de masas de trabajadores y estudiantes, y en un sinfín de asociaciones culturales, deportivas y productivas. Una mitad de siglo donde florecieron las federaciones y mutuales, los gremios solidarios, las asociaciones libres, las publicaciones y bibliotecas, los debates entre los diferentes anarquismos, la resistencia al terrismo, la solidaridad con los revolucionarios de España, las luchas antifascistas, las propuestas pedagógicas basadas en la escuela racionalista, las movilizaciones por la autonomía y el cogobierno universitarios, el tercerismo revolucionario. Todo esto estaba organizado desde, o impregnado por, un contínuo anarquista-libertario, de indudable peso dentro de las tradiciones socialistas en el Uruguay de la primera mitad de siglo. E incluso mirando hacia arriba, el propio batllismo llegó a tener, en Domingo Arena, a un “ministro anarquista”, coautor junto a Batlle y Ordóñez de la obra “El Colegiado”.


 Ilustración: Federico Murro

Son innumerables las herencias culturales y políticas que debemos a los anarquismos de la primera mitad del siglo XX. La organización federal que, hasta el día de hoy, tienen por ejemplo la FEUU y el PIT-CNT (“CNT” que, vale recordar, es una convención y no una central), se debe a la fuerte tradición autonomista de nuestro movimiento popular, y al enorme arraigo que en él tuvo el principio de independencia de clase. Y hasta el sistema mutual, tan desvirtuado en la actualidad por la mercantilización de la salud, tiene su origen en el Uruguay en el mutualismo solidario de perfil anarquista (basta recordar, para más referencias, a Carlos María Fosalba y José Gomensoro, médicos y anarquistas, fundadores, junto a otros colegas de igual impulso solidario, del Centro de Asistencia del Sindicato Médico del Uruguay).

Si la masividad fue una característica del movimiento anarquista y libertario en buena parte del siglo pasado, ¿qué pasó después? ¿Entró en crisis el anarquismo? ¿Se fue alejando de los movimientos populares hasta quedar reducido a prácticas heroicas pero marginales (“quijotescas”, como las (des)calificaba Hobsbawm); a un tema de erudición para viejos profesores románticos; a una parcela académica para nuevos profesores mayofrancesistas; o a un espacio de experimentación para artistas posestructuralistas? ¿O lo que entró en crisis fueron nuestros modos de comprensión de los movimientos populares y, en general, las ideas (modernas) respecto al cambio social? ¿Qué nos dice al respecto el resurgir, con el nuevo siglo, de nuevas experiencias de militancia, a nivel global, basadas en la acción directa y el antiautoritarismo? En cualquier caso, ¿cuánto de reflujo y cuánto de mutación es posible advertir en la peripecia histórica de los anarquismos uruguayos (o mejor dicho, de los anarquismos en Uruguay)? Y también: ¿cuánto de transversalidad tiene ese fenómeno que solemos ver como dispersión?

El teórico anarquista uruguayo Daniel Barret aporta líneas de interpretación en este sentido. Para Barret, fruto de los cambios que la globalización capitalista - y sus contestaciones - han producido en las relaciones sociales desde fines del siglo pasado, el anarquismo ha vuelto a cobrar fuerza y presencia en los llamados “nuevos movimientos sociales”, en la politización del cuerpo, el amor y lo doméstico, en numerosas luchas específicas (antiglobalización, antipatriarcales, antidesarrollistas, anti-extractivistas, okupas, etc) y con diferentes niveles de articulación (horizontal, en redes, en coordinaciones puntuales, en federaciones, etc) 2. Por lo demás, como advierte Jason Adams 3, el diagnóstico de la crisis del anarquismo pierde sustento si ampliamos la mirada a lo que llama “los anarquismos no occidentales”, esto es: la diversidad abierta de experiencias de autoorganización y confrontación antiautoritarias y anticapitalistas nacidas en el tercer mundo en diferentes momentos históricos, desde Flores Magón a comienzos del siglo XX a la actual experiencia federalista revolucionaria kurda en Rojava.

En cualquier caso, se impone una constatación: lo que, al modo de una ficción, llamamos “el movimiento anarquista” o “libertario”, puede mejor ser descrito como un conjunto abierto de formaciones más o menos estables o efímeras, convenidas desde principios antiautoritarios y de acción directa, en torno a prácticas culturales y artísticas, a experiencias de vida y autogestión, o a luchas específicas. De este modo, lo que a primera vista, y desde cierto lente, nos podría parecer una situación de declive, al observar estas experiencias, sin importar cómo se autodefinan, sin importar la presencia en muros y carteles de la A en su redondel, se nos revela una insoslayable vitalidad de las ideas anarquistas en muchas organizaciones y colectivos contemporáneos: como la autogestión, el federalismo, la horizontalidad, la igualdad, la libertad.

Por lo demás, sin importar auge o declive, verdadero o supuesto, lo cierto es que el anarquismo ha sido, desde el fondo de los tiempos, objeto preferido por la represión policial. Como a un virus mortal, el estado lo vigila, infiltra, persigue y reprime. Y lo desaparece: ¿dónde está Santiago Maldonado? Desde el centro de esta represión estatal, sus medios de prensa y sus intelectuales orgánicos, se construye y propaga otro de los rasgos del fenómeno anarquista de nuestro tiempo: su criminalización. La construcción estatal de lo que Uri Eisenzweig (estudiando el caso francés de fines del siglo XIX) analiza como el origen de la idea de terrorismo a partir del “mito del anarquista que pone bombas” 4. Construcción que apela a un terror social profundo, preverbal, justificador de la vigilancia y la represión que los oprimidos interiorizan como necesidad.

De todo esto, y de mucho más, está conformado ese objeto inasible, esquivo, que llamamos anarquismo. Con este número hemos querido aproximarnos a la enorme diversidad de dicho movimiento en nuestro país. El resultado ha sido, por cierto, parcial. Son muchas las experiencias, autores, debates y colectivos que no hemos podido integrar. No obstante, pensamos que los que sí componen el número dan cuenta de esa diversidad abierta y vital, que en organizaciones específicas, en agrupamientos inestables y mutantes, o como lógicas anti-autoritarias y anti-burocráticas transversales a las luchas populares, conforman el variopinto y poliverso movimiento anarquista y libertario en el Uruguay actual.

Nuestra intención con este número es seguir promoviendo intercambios y debates al interior del hemisferio de las izquierdas. Dejando de lado los rótulos, para atender a las ideas, como insistía Gerardo Gatti. Se trata de pasar del impaciente “¿qué quieren los anarquistas?” (que evoca el epígrafe de Luce Fabbri), a la tarea de ampliar la convocatoria a la gran conversación sobre el socialismo en la actualidad. Una vez más.

  • 1. Luce Fabbri, "El camino. Hacia un socialismo sin estado" (Montevideo, 2000: Nordan)
  • 2. Daniel Barret, “Los sediciosos despertares de la anarquía” (Buenos Aires, 2011: Libros de Anarres, Terramar Ediciones & Editorial Nordan).
  • 3. Jason Adams, “Anarquismos no occidentales” (México, 2017: Abya Yala).
  • 4. Uri Eisenzweig, “Ficciones del anarquismo” (México, 2004: Fondo de Cultura Económica).
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Atracar bancos a mano armada es una lata. Este método artesanal de expropiación está al borde de la desaparición por causas económicas antes que estéticas o psicológicas. El desequilibrio entre coste y beneficio de los atracos (condenas crecientes y botines decrecientes) comenzó exactamente en 1971, el año de la abolición del patrón oro. Desde entonces, sin lastre metálico, el dinero se ha ido difuminando progresivamente hasta convertirse en lo que ya casi es: humo digital. Al compás de la transformación, las cajas fuertes de los bancos sufrieron un sutil proceso de vaciamiento cuyos efectos son sólo evidentes ahora, 45 años después. Así es como hemos pasado de expropiar el dinero de la sucursal a expropiar la sucursal misma, el inmueble completamente vacío.

Bien mirada, la sublimación física del dinero capitalista no es mala. Por un lado, nos ha permitido ensayar otras técnicas expropiatorias más eficientes que el atraco, acciones cuyos tipos penales (alzamiento de bienes, insolvencia punible, etc.) conllevan condenas reducidas por tratarse de delitos típicos de la clase social que legisla. Pero, más interesante aún, el fenómeno nos ha obligado a reflexionar más a fondo sobre esto del dinero. Si no tiene que ser algo necesariamente sólido, de piedra, metal, papel, etc., como nos hicieron creer en la escuela… Si puede ser aire, información almacenada en bits… ¿Qué es realmente el dinero?

La búsqueda de respuestas a esta pregunta nos ha abierto el camino de una táctica que excede el alcance de la clásica expropiación de monedas capitalistas o su multiplicación clandestina (la falsificación). Nos referimos a la creación de monedas alternativas, que viene a ser una forma de expropiación ácida que corroe el monopolio bancario de fabricación y distribución de dinero.

De asuntos como estos hablamos en Expropiaciones, primer número de nuestra serie Acción Económica que puedes descargarte aquí en versión para lectura o en versión para imprimir.

[Descargar Expropiaciones, primer número de nuestra serie Acción Económica en PDF]

Cartel de la presentación.

La Canica

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Pues descargalu equí: Asturies nº8

Nesti númberu:

  • Su paz social, nuestra ruina
  • Pactos de la Moncloa 40 años después
  • Xixón obreru, BOICOT al pasteleru
  • Capgemini en Lucha
  •  Errekaleor vive: Comunidad y resistencia
  • A vueltes col CSA
  • Lo más sagrado de este mundo…
  • Unas pinceladas sobre cómo el sistema capitalista controla el medio rural
  • El getu anarkista

Periódicoa Anarquista Asturies

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Autor / es: 
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[...] El sindicalismo, o más exactamente el movimiento obrero (el movimiento obrero es un hecho que nadie puede ignorar, mientras que el sindicalismo es una doctrina, un sistema, y debemos evitar confundirlos) ha encontrado siempre en mí un defensor a ultranza, pero no ciego. Ello es debido a que veía en él un terreno particularmente propicio para nuestra propaganda revolucionaria, a la vez que un punto de contacto entre las masas y nosotros. No necesito insistir en esto. Se me debe en justicia reconocer que no he sido nunca de esos anarquistas intelectuales que, cuando se disolvió la vieja Internacional, se encerraron benévolamente en la torre de marfil de la pura especulación; no he dejado de combatir, donde quiera que me encontrara, en Italia, en Francia, en Inglaterra o en otra parte, esta actitud de aislamiento altivo, ni de empujar a los compañeros de nuevo hacia esa vía que los sindicalistas, olvidando un pasado glorioso, llaman nueva, pero que ya había sido vista y seguida en la Internacional por los primeros anarquistas.
Hoy como ayer, quiero que los anarquistas entren en el movimiento obrero. Soy, hoy como ayer, un sindicalista, en el mismo sentido en que soy partidario de los sindicatos. No pido unos sindicatos anarquistas que serían tan legítimos como los sindicatos socialdemócratas, republicanos, monárquicos u otros, y servirían para dividir más que nunca a la clase obrera contra sí misma. No quiero tampoco esos sindicatos llamados rojos, porque no quiero tampoco los sindicatos llamados amarillos. Quiero, por el contrario, los sindicatos ampliamente abiertos a todos los trabajadores sin distinción de opiniones, los sindicatos absolutamente neutros.

Por tanto, soy partidario de la participación más activa posible del movimiento obrero. Pero lo soy sobre todo en interés de nuestra propaganda, cuyo campo es considerablemente amplio. Esta participación no puede equivaler por sí sola a una renuncia a nuestras ideas más queridas. En el sindicato debemos seguir siendo anarquistas, con toda la fuerza y amplitud del término. El movimiento obrero no es para mí sino un medio; el mejor, evidentemente, de todos los medios que se nos ofrecen. Este medio me niego a tenerlo por un fin, e incluso no lo desearía si nos hiciera perder de vista el conjunto de nuestras concepciones anarquistas, o más simplemente nuestros demás medios de propaganda y agitación.

Los sindicalistas, por el contrario, tienden a hacer del medio un fin, a tomar la parte por el todo. Y es así como, en la mente de algunos de nuestros compañeros, el sindicalismo se está convirtiendo en una doctrina nueva y amenaza al anarquismo en su propia existencia. [...]

Errico Malatesta

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Segundo número de esta revista chilena.

Estamos de vuelta, luego de la excelente recepción del primer número. Rebeldías vuelve con una nueva edición, cargada de reflexiones colectivas, entrevistas, memoria, informaciones y, por sobre todo, por el deseo de contribuir a las resistencias y REBELDÍAS en cada rincón del planeta.

El nuevo número de nuestra revista además aparece en septiembre, un mes emblemático para la historia de este pueblo. Y es que además de recordar que hace 44 años se produjo el golpe de Estado fratricida y comenzó la persecución a todas las formas de resistencias al régimen tiránico de Pinochet, ese día, martes 11 por la mañana, también se buscó destruir toda la construcción política que el pueblo había generado, en una larga trayectoria de décadas y décadas de un lento acumular de conocimientos. La dictadura, no bastándole con intentar destruir las resistencias y organizaciones populares, buscó instalar un sistema político, económico y cultural profundamente violento, condenando a una mayoría a la explotación y a la subordinación frente al capital, instalando la dictadura del mercado: el neoliberalismo.

En definitiva, luego de arrasar con toda la construcción y organización popular, solo quedó yermo, sobre el cual los dueños del poder han celebrado su victoria durante años, aumentando groseramente sus riquezas y subyugando de manera cada vez más brutal a las y los oprimidos. Y el problema, es que fuera de sostenerse esta memoria y el deber de enfrentarse a la historia oficial (resistir), cada septiembre, la pequeña inhalación de memoria, se pierde rápidamente frente al patrioterismo barato del 18 de septiembre. Y si lo pensamos, entre ambas fechas hay mucho en común. Si en 1973 los ricos y poderosos, recelosos por mantener sus privilegios, se unieron para derramar la sangre del pueblo que los había desafiado, en 1810 fueron los mismos que se rebelaron en contra de la corona española, pero no para “liberar” al pueblo, sino que para permitir el libre desarrollo de sus empresas y continuar con la explotación de los sectores populares, usando a los mismos -claro está-, como la carne de cañón para pelear sus batallas. En este sentido, solo serían dos momentos de adaptación del capitalismo, en diferentes escalas y con matices, pero derramándose la sangre de los mismos de siempre, para el beneficio de los mismos privilegiados de siempre.

Este patriotismo -familiar directo del fascismo-, lejos de la solidaridad y fraternidad que naturalmente nacen del pueblo, busca imponer una “unión” ficticia, cargada de odios, discriminación y violencia a los “otros/as”, que no son los “otros/as” de los oprimidos/as (que serían los opresores), sino que los “otros/as” de los ricos y poderosos. Y cada 18, nos invitan a embriagarnos con SUS tradiciones, puesto que cualquier persona que conozca el campo chileno sabrá que el inquilino o el campesino pobre jamás ha usado la vestimenta de “huaso” o podría participar en la estupidez del rodeo. Y, claro está, es ESA la tradición que buscan imponer a nuestras y nuestros hermanos inmigrantes, como un pasaporte para ser aceptados en este país y en SU cultura. Tristemente vemos como la manera de “incluir” a las y los inmigrantes ha sido la de travestirlos con el ropaje de las “fiestas patrias”, negando las diversas culturas de ellos mismos, negándoles su propio “canto a la diferencia” (como alguna vez cantó Violeta Parra).

Llamamos a que cada septiembre sea un septiembre de memoria y resistencia, no más de pasividad y letargo frente al triunfo de los poderosos ocurrido hace más de 40 años. Llamamos a recoger las tradiciones propias del pueblo, que siempre se encuentran cargadas de fraternidad, solidaridad y respeto a la otredad, que no le piden adaptación (impuesta) al migrante, sino que le abren sus puertas al reconocimiento mutuo y al aprendizaje colectivo.

Por la fraternidad entre pueblos y por la resistencia permanente a los poderosos, ¡que viva la anarquía!

Comité Editorial

Revista Rebeldías

Pueden descarga aquí el número en su versión web

Rebeldías web

Y aquí puedes descargarla para imprimir y difundir!!

Rebeldias

portada final

Compartimos también el índice de esta edición

Artículos

4 – Una opinión sobre cómo entender la Revolución en el Chile Neoliberal

6 – Abortar el patriarcado. La insuficiencia de las tres causales

8 – Energías renovables y capitalismo verde

10 – Desapariciones en democracia: autoridad y licencia para matar

12 – La lepra, la xenofobia y otras enfermedades

13 – Joven de Puerto Natales grave tras brutal golpiza policial

14 – El control religioso de américa latina

18 – La organización gremial anarquista, hoy y siempre

19 – Mentir para la bala, mentir para la Escuela

20 – No a la cumbre del saqueo megaminero en Antofagasta

La hoja sanitaria:

22 – Recetario vegano.

24 – ¿Hablemos del VIH?

Memoria Rebelde:

26 – Si yo levanto mi grito no es tan solo por gritar. Ante tanto homenaje burgués, una mirada a la Violeta Parra que despreciaba a los que hoy la levantan.

30 – A noventa años: Por Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti.

Más allá de las fronteras:

32 – Solidaridad Internacional: ¡Aparición con vida de Santiago Maldonado!

33 – Las banderas de odio de norte a sur.

34 – Rebelión Popular:  impresiones libertarias sobre lo que acontece en Venezuela

Reportaje

36 – Rojava: La revolución en la encrucijada.

39 – La Nueva Ruta de la Seda. La avanzada del capitalismo asiático.

Entrevista:

42 – Eduardo Pávez, vocalista de Tenemos Explosivos.

Arte Libre:

44 – Poesía, Grabados.

46 – El problema ético de un reseñista de libros.

47 – Cada día como si fuera el último.

48 – Poesía

Reseñas

49 – Las flores del mal. Radio pasquín de Educación y Anarquismo

49 – No fui yo, fuimos todas. Cortometraje.

50 – “Enajenación” – Delirio: Crust desde el desierto.

51 – Perdiendo el miedo. Organizaciones de subsistencia y la protesta popular en la región metropolitana, 1983-1986. Enrique Gatica Villarroel.

52 – Erosión #6: Revista de Pensamiento Anarquista.

52 – Me enseñó a ser árbol. Composiciones intempestivas desde la Antipedagogía y la Desistematización. Pedro García Olivo.

53 – A 110 años de la Matanza en la Plaza Colón. Breve Antología poética. Varios Autores.

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¿Debemos los proletarios tomar parte en la contienda de “Corea del Norte vs Estados Unidos/Japón/Corea del Sur”? Definitivamente NO, puesto que involucrarse para respaldar a cualquiera de los dos bandos responde a una disputa inter-capitalista ajena a nuestros intereses históricos como clase explotada. La revolución que necesitamos para destruir al Capital, no puede en forma alguna, atravesar por el apoyo a algún Estado nacional.

El Juche tiene como base el marxismo-leninismo (ideología creada por Stalin), éste se adereza con una filosofía antropocéntrica, un misticismo nacional y el “Songun” (dar prioridad central al militarismo). Todos estos principios son construidos y entrelazados desde una retórica religiosa y paternalista.

Detrás de todo el espectáculo fetichista de la hoz y el martillo que imperó en los llamados países socialistas, donde numerosos líderes de partido, diputados y presidentes vociferaban desde sus tribunas (adornadas con banderas rojas) discursos “contra el imperialismo”, “contra el capitalismo” o “a favor de la lucha armada”, prevalecieron y exaltaron con vehemencia los mismos mecanismos, ideologías y estructuras que componen la sociedad del Capital: la patria, la nación, la cultura, el trabajo, la escuela, el progreso, el desarrollo, la industria, el ejército, la familia… ¡la democracia! Ésta fórmula se repite nuevamente en en la RPDC.

Corea del Norte no trastocó ni un ápice la estructura de la sociedad mercantil generalizada, puesto que no hubo ninguna revolución, sino por el contrario, solo un recambio que consistió en reformas sobre la distribución y gestión del Capital desde el Estado.

Kim Jong Il justifica el capitalismo “argumentando” que: “el Estado socialista necesita realizar el comercio exterior, dada la condición de que el comunismo no ha triunfado aún en escala planetaria y existen fronteras”. No obstante, un sistema que defiende fervientemente el nacionalismo se encuentra en absoluta contraposición a toda tentativa y perspectiva de revolución mundial.

El “internacionalismo” al que hacen referencia los líderes de la RPDC es un resquicio de la III Internacional, pues se basa en la diplomacia, cooperación y solidaridad entre Estados, lo cual nada tiene que ver con el interés del proletariado por la revolución mundial. Hecho que no dista mucho de la concepción de las Naciones Unidas, es decir, del internacionalismo entendido como la suma de nacionalismos que se tienen un respeto entre sí y que confluyen en bloques y alianzas, para fortalecer al capitalismo.

La crítica radical del Capital afirma sin tapujos que la RPDC (República Popular Democrática de Corea) es un bastión tan capitalista como cualquier otro país del globo; por lo que resulta importante clarificar este hecho y combatir toda la amalgama ideológica que se materializa mediante todos los partidos socialdemócratas y pseudo “comunistas” que pretenden llevarnos al sempiterno atolladero de la defensa del Capital nacional y su progreso, junto a la mezquina guerra imperialista.

PDF: DOSSIER COREA DEL NORTE… | Materiales x la emancipación

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De ocupas de la ZAD de NDDL y el grupo GPII (contra los grandes proyectos inutiles impuestos) de la ”Coordinación de los opositores” (en realidad, de organizaciones opositoras), escrito para este folleto, diciembre del 2014.

Este texto ha sido elaborado antes de la partida a México de varias personas implicadas en la lucha contra el aeropuerto de Notre-Dame-des-Landes (NDDL) con ocasión del Primer Festival Mundial de las Resistencias y las Rebeldías contra el Capitalismo del 21 de diciembre de 2014 al 4 de enero de 2015 : “donde lxs de arriba destruyen, lxs de abajo reconstruimos”.

Es el fruto de una reflexión común entre disintxs actores y actrices de esta lucha, que se codean en este campito magnífico y por ahora preservado del apetito destructor de la multinacional Vinci: evoca los éxitos, las alegrías, los problemas... ¡ Vamos, la vida misma !

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Autor / es: 
Labor Notes (Traducción www.elsalariado.info)

 

Labor Notes es un proyecto organizativo y comunicativo que desde 1979 intenta dar voz a los militantes sindicales que tratan de "poner de nuevo en movimiento al movimiento obrero". Mediante una revista, una página web, libros, conferencias y talleres, fomentan la organizción, las estrategias ofensivas que combaten el entreguismo sindical y las alianzas con centros obreros y sindicatos de base.

A continuación reproducimos algunos extractos del capítulo 1 de su manual para organizarse en el trabajo, Venciendo la apatía, que se puede descargar en castellano aquí completo en formato .pdf.

Si estás leyendo esto, significa que estás interesado en organizarte en tu trabajo. Pretendes solucionar los problemas que ves a tu alrededor. Quizá han cometido una injusticia contigo o con algún compañero, y quieres hacer algo al respecto.

Para nosotros, eso significa organizarse. Para los jefes, eso son problemas. A la gente que intenta hacer algo, sobre todo cuando logran juntarse con otros para hacer algo colectivamente, a menudo la etiquetan de “alborotadora” o “problemática”.

Organizarse es muy parecido a cocinar: hay una serie de recetas que requieren su tiempo y que todos pueden aprender, unos métodos que funcionan y otros que no. Tus resultados quizá no sean perfectos siempre, dado que aquí hay que tratar con seres humanos, pero serán mejores si aprendes de los éxitos y los errores de los organizadores que te han precedido. <!--break-->

***

Organizarse es ante todo una actitud. La actitud de que tú y tus colegas, juntos, podéis hacer algo para que las cosas mejoren. La actitud de que más vale actuar que quejarse. La actitud de que los problemas están esperando su solución, y de que la fuerza que proporciona el número es parte de esa solución.

Es el rechazo al desaliento, o al menos a que éste se prolongue. La voluntad de escuchar al resto con respeto, para que tus planes reflejen las buenas ideas de mucha gente.

Si dispones de actitud organizativa, sientes que es necesario responder a los abusos. Estás comprometido en construir un contrapoder con tus compañeros de trabajo, y no sólo a hablar sobre ello. Confías en la acción colectiva y quieres progresar, y que el resto empiece a moverse.

***

Lo primero que tiene que cambiar en la actitud del organizador es esa idea de que a los colegas del trabajo no les importa nada, de que tu centro de trabajo está sumido en la “apatía”.

Esta es una queja bastante frecuente. En los cursos y talleres que organiza Labor Notes solemos solicitar a los afiliados al sindicato una lista de las razones por las que ellos creen que la gente no se involucra en su centro de trabajo. Las respuestas típicas son, entre otras:

  • Falta de tiempo.
  • No saben cómo hacerlo.
  • El sindicato no es abierto, no es fácil meterse dentro.
  • Conflictos entre distintos grupos.
  • Conflictos entre distintos individuos.
  • Mis colegas piensan que nada va a cambiar.
  • Piensan que los demás son apáticos.
  • Buscan soluciones individuales.
  • Y la más importante: el miedo.

¿Te resultan familiares? A primera vista puede parecer que a tus colegas no les preocupa nada. Pero si les aprietas un poco, verás que en realidad eso nunca es verdad.

A todos les preocupa algo en el trabajo. A todos les preocupa el salario, por ejemplo. Todos quieren respeto. A nadie le causa indiferencia un mal turno. Es imposible que no te importe nada.

Quizá tu centro de trabajo forma parte de ese “uno entre un millón”, donde todo es perfecto. Quizá tus colegas disfrutan de completa seguridad en el trabajo, adoran a sus supervisores, tienen un buen salario y estupendas condiciones, no les preocupan los recortes de personal ni los despidos, no sufren riesgos para su salud y confían en su jubilación. ¡Si es así, puedes dejar de leer esto y dedicarte a otras cosas!

Pero lo más probable es que la gente tenga miedo a hablar o que se sienta impotente.

Quizá digan que todo va bien porque no creen que las cosas puedan cambiar, o no se imaginan cómo podría ser diferente, o porque asumen que el problema que les afecta no es una “cuestión sindical”. Organizarse es un antídoto contra todo esto.

***

Si les pides a los afiliados que hagan un esquema de la estructura del sindicato, la mayoría dibujarán una pirámide: los dirigentes arriba y la base abajo. Algunos pueden ser más ingeniosos y dibujar una pirámide invertida con la base arriba.

Pero la mejor forma de imaginarte a tus compañeros, desde una perspectiva organizativa, es usando una diana de círculos concéntricos.

En el centro está tu grupo nuclear: la gente (¿quizá tú?) que siempre está pensando en organizarse y en la manera de involucrar a otros, incluso cuando están fuera del trabajo. Puede tratarse de delegados sindicales o no.

En el primer anillo están los activistas con cuya ayuda se puede contar cuando surge algo. Se responsabilizarán de difundir la información e invitarán a otros a que también participen.

En el segundo anillo están los simpatizantes: gente que es capaz de ponerse un distintivo o firmar una petición, pero que no van a asumir la responsabilidad de intentar involucrar a nadie más.

El tercer anillo corresponde a los que parecen más desvinculados. No consideran el sindicato como un factor importante en sus vidas, así que no participan.

También existe gente fuera de los círculos, que no sólo están desvinculados sino que son hostiles al sindicato. No pierdas el tiempo discutiendo con ellos. Quizá un día algo les haga abrir los ojos, pero eso será fruto de la experiencia, y no del debate.

***

Es crucial que el organizador comprenda que el hecho de que los trabajadores se concentren en los anillos exteriores, y no en el centro, no es una señal de fracaso. La mayor parte de tus compañeros nunca se convertirán en miembros activos del sindicato, de manera cotidiana.

Incluso las campañas que tienen éxito, los planes, las estrategias, y buena parte del curro diario, normalmente lo llevan a cabo un puñado de personas: el núcleo central. Los activistas y simpatizantes se unen cuando es necesario, y mucha gente que normalmente está desvinculada se involucra cuando el interés y la participación aumentan, por ejemplo durante una huelga.

No pongas el listón demasiado alto. No debes lanzar el mensaje de que para ser miembro del sindicato hay que ser como tú. Les asustarás. Para contribuir en algo, no hace falta dedicarse a ello día y noche. En su lugar, trata de ayudarles para que cada uno encuentre su propio nivel de implicación. Y a medida que se abran varios frentes, no te sorprendas si la gente asume distintos papeles cada vez (a veces actuando como líderes, otras dando un paso atrás).

Pero seguramente necesites atraer más gente a tu grupo central, y que algunos simpatizantes se conviertan en activistas. “Más manos para arar”, como solía decir el agitador de los obreros del automóvil, Jerry Tucker. Los sindicalistas veteranos te dirán que un buen objetivo es lograr un activista o delegado por cada 10 trabajadores, incluyendo uno en cada turno, departamento o área.

Tu tarea organizativa es: ¿cómo lograr que se acerque más gente al centro de la diana? Ayúdales a ir paso a paso, para que de estar desvinculados pasen a ser simpatizantes, o de simpatizantes pasen a ser activistas, o de activistas pasen a asumir responsabilidades centrales. No conviertas nunca tu grupo central en un club exclusivo.

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Autor / es: 
Fernando Tárrida del Mármol

Quisiera explicar con claridad la idea que me hago de la táctica revolucionaria de los anarquistas franceses; por ello, no pudiendo escribir una serie de artículos como haría falta, os envío esta carta. De ella extraeréis lo que contenga de bueno.

La decisión revolucionaria no ha faltado nunca en el carácter francés, habiendo demostrado los anarquistas, en infinidad de circunstancias, que no carecen de propagandistas y de revolucionarios. El número de adherentes es bastante amplio y con grandes pensadores, propagandistas decididos y adeptos entusiastas; Francia, en verdad, es el país donde se producen menos actos importantes para la Anarquía. Esto es lo que me hace pensar. He aquí por qué os he dicho que creía no ser buena vuestra táctica revolucionaria. Nada fundamental separa a los anarquistas franceses de los anarquistas españoles y, sin embargo, en la práctica, nos encontramos a gran distancia. Todos nosotros aceptamos la Anarquía como la integración de todas las libertades y su sola garantía; como la impulsión y la suma del bienestar humano. No más leyes ni represiones; desarrollo espontáneo, natural en todos los actos. Ni superiores ni inferiores, ni gobiernos ni gobernados. Anulación de toda distinción de rango; solamente seres conscientes que se buscan, que se atraen, discuten, resuelven, producen, se aman, sin otra finalidad que el bienestar común. Así es como todos concebimos la Anarquía, como todos concebimos la sociedad del porvenir; y es para la realización de esta concepción que trabajamos todos. ¿Dónde, pues, están las diferencias? [...]

Fernando Tarrida

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La voz de lxs presxs

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