Por cuestión de dignidad

Tal como había amenazado, el Gobierno continúa su campaña en Cataluña, atacando la libertad de las personas para expresarse sin coacción, organizar sus asuntos, y elegir sus instituciones. El tema excede ya cuestiones nacionales, identitarias y económicas, que han sido reducidas al absurdo. Ya no se trata de Junqueras, de Puigdemont y del resto. El tema catalán se ha transformado en una cuestión de dignidad.

De cara a despejar las dudas, el Comité Confederal de la CNT ha hecho una declaración: CNT ante el 1-O: Frente a la represión, defender los derechos y libertades. No queda más remedio que concordar con esta, y con otras organizaciones libertarias que se manifiestan en términos similares, y que muestran su rechazo a las fuerzas que el Estado está concentrando en Cataluña. 

Existen una serie de Derechos Humanos, considerados inalienables, que están por encima de todo ordenamiento jurídico: todas las personas tienen derecho a expresarse, a estar exentas de temor, a disfrutar sus creencias, a sentirse dignas e iguales, a no sufrir discriminaciones de ningún tipo. Está establecido en derecho internacional, que se ha de promover el diálogo y las relaciones amistosas, como forma de resolver el conflicto en "la gran familia humana". El Estado se está pasando estas directrices por la piedra. No es un asunto irrelevante. Vulnerar estos sencillos derechos, ha llevado una y otra vez en el siglo XX, y sigue llevando en el XXI, a terribles situaciones de violencia. Barbarie cuya máxima expresión se encuentra en manos de Estados y Gobiernos, que han excitado discriminaciones nacionales, étnicas y económicas…, acabadas en tragedia colectiva. 

Mostrando una evidente hipocresía, el Gobierno invoca la Ley que se salta a la piola. A mí me parece que una ley que precisa decenas de miles de policías, jueces, multas y calabozos para imponerse, es una ley indigna, brutal, despreciable. Un Estado que recurre a estas medidas, por una cuestión de genitales, es un artefacto que muestra su verdadera cara a la población: un rostro chungo, deformado, despótico… 

¿Y cuál es el final de todo despotismo? El fin de los déspotas es siempre la rebelión del pueblo contra la opresión. Puede tardar, pero llega.

Comentarios

Imagen de Octavio Alberola

Si, de no olvidar lo que acrato nos ha dicho en su artículo anterior. Recomiendo leerlo y sobre todo este final:

Por eso te digo ¡Oh militante! que si aparece un tío con acento andaluz, armadura y casco de dos metros de altura a llevarse la urna, recuerda quiénes se van a beneficiar de este bochinche, y actúa con sabiduría táctica : deja siempre que sea un trepa evidente, o algún regidor con ínfulas épicas, o un interventor despistado, o el propio Junqueras si está por allí controlando, el que gestione el tema y se ponga delante de la Bestia con la estelada, para formar parte de la leyenda, y de traumatología del Val d'Hebron. Si hay que morir por las ideas, que sea de muerte lenta. Que tener una larga pena, como Mandela, sin ser Mandela, no mola.

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