Ética para Matador, o ¿Debo ponerme desodorante en los sobacos?


Hay gente que no respeta
ni lo más sagrado

Recibo una petición para que en quinientas palabras explique lo que entiendo yo por ética y por moral, y es una de esas peticiones que me llenan de placer, porque en cuanto empiezo a hablar, los especialistas se dan cuenta de que no tengo ni puta idea. 

A mí me cuesta muchísimo discernir lo que diferencia la ética de la moral, porque ambas parecen remitirse la una a la otra. La ética sería un compendio de normas morales que hablan de lo que está bien y mal, y la moral sería lo que en una sociedad estable se considera que está bien o mal. Por ejemplo, quemar a una bruja para que vaya al Cielo y no haga el Mal, está Bien y es Moral. O eliminar revisionistas enemigos del Estado Obrero. O descuartizar inmigrantes en el muro con alambres sofisticados, tanto da con la modernidad. 

En fin. Por resumir miles de años de filosofía, Aristóteles, considerado como uno de los más grandes filósofos de la Historia, resumía la ética, la moral y sus muertos, en algo así como la intensificación de la virtud, que estaría en la templanza, la valentía, la fidelidad y esas cosas, que solo podrían conseguir personas bien educadas, de clase superior, dejando fuera a mujeres, esclavos, bárbaros y trabajadores manuales.

Esto funcionó miles de años, con variantes que dieron un juego de la leche a los académicos, hasta que en el siglo no sé cuántos, llegan los consecuencialistas. Para estos tipejos, un acto es bueno o malo, dependiendo el dolor o el bien que produzca. Por ejemplo, darle una pedazo de hostia a una hija que le salte los dientes de leche porque no se come la sopa, sería un acto moral porque de él se deriva la obediencia, la mirada modesta, y la sopa para diez o veinte personas cuando esa bicha crezca. ¿Hay dolor en una hostia? Pues sí. Pero para el consecuencialista el bien que se obtendría sería superior al daño causado, luego sería un acto moral.

Y por último estarían los deontológicos, a los que no hay que confundir con los dentistas. Estos llegan a la conclusión de que hay actos que por sí mismos son morales, o éticos, o como sean, y hay que seguirlos a rajatabla. Por ejemplo, decir la verdad. Si la verdad es la norma moral, o ética, o esa, hay que decirla siempre, por ejemplo a la policía, aunque con ello lleves a la muerte a una familia entera de pobres gitanas judías homosexuales negras indocumentadas rumanas que huyesen del país. 

No es de extrañar que con ese cacao mental, surgiesen los nihilistas, que vienen a decir que hagas lo que hagas, al final todos moriremos, así que da igual que te la machaques con dos piedras. O con una piedra, si eres mujer.

¿Y yo que opino? Mi norma moral es esta: actúa como tú prefieras, con precaución..., y luego corre, porque sea lo que sea, todo puede ponerse, siempre, mucho peor.

Y ya está.

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