Un balance de lo que somos y mostramos

Hace unos días esta página presentaba un debate entre diversos autores, a los que planteaba que hicieran balance del movimiento libertario de estos últimos cuarenta años. Y quería hacer mi aporte al mismo así no más.

Yo pienso que si se hace un balance de un movimiento, hay que mostrar lo positivo y lo negativo, y no caer en dos defectos muy comunes: uno, el de echarle a los demás la culpa de todo; y dos, resaltar todo lo malo que tenemos en un ejercicio de purísimo masoquismo.

Para balancear, hay que mirar el contexto en el que estamos. Contexto económico y político.

En el terreno económico, como sabemos, vivimos en un sistema capitalista, que se ha expandido haciéndose hegemónico. Aunque la Economía del Don sigue estando presente y mueve una cantidad de transacciones económicas impresionantes, al no estar contabilizada, parece no existir. Ello ha modificado la cultura de todas las poblaciones del planeta, inculcando una serie de valores entre los cuales la ambición, la codicia, la acumulación y el despilfarro son los más comunes. Los grandes capitalistas atesoran una  especie de Caja de Resistencia, que les permite comprar voluntades e imponer políticas. Leyes consagran como intocable el principio de propiedad, y la riqueza de los ricos. 

En el terreno político, hemos asistido al crecimiento de los Estados europeos, que han asumido funciones de redistribución de rentas y salarios diferidos, a través de pensiones, seguridad social, educación y sanidad. El Estado ya no es visto como un ente represivo dedicado a cobrar impuestos y meter en cintura a los obreros. Millones de funcionarios a su servicio, junto con sus familias, más todas las empresas que viven gracias a sus pedidos, no tienen ningún interés en que desaparezca. Y el resto de la población, lo vería como una locura.

En cuanto a los disidentes, en el siglo XIX la corriente de pensamiento más fuerte fue la socialista. La socialdemocracia fue conquistando progresivamente terreno parlamentario; los partidos de masas, centralizados, dirigidos de manera militar para la conquista del poder, mostraron su eficacia en varios países del siglo XIX. El triunfo de la URSS tras la IGM hizo que la mayor parte de partidarios del fin del capitalismo, se adscribiesen a alguno de los numerosos partidos comunistas, que dispusieron de mayores recursos económicos y propagandísticos… Hasta que cayó la madre patria. 

Tras el hundimiento de la URSS, y ante la falta de alternativas, la disidencia encaminó sus esfuerzos hacia las diversas iglesias, las ONGs, fundaciones y asociaciones subvencionadas, o la política institucional al uso.

Por si eso fuera poca desgracia, estamos además, insertos en España, que no es precisamente una Cornucopia. Un país para el standard de la zona, pobre…, aunque para lo que hay en el resto del mundo, no está mal. Con una tradición militarista de siglos, su Estado, es muy fuerte. Tanto, que no ha ni que presumir de patriotismo. No tiene tanto dinero, recursos, ni cerebros como Francia, Alemania, Inglaterra o Italia. Y aún así controla las cuentas de cuantas organizaciones funcionan en su territorio. Y, realmente, pocas cosas se mueven sin su permiso.

En este contexto, el anarquismo ha sido siempre, entre minoritario y muy minoritario. Las escasas ocasiones que hemos tenido oportunidad de visibilizarnos a lo largo del siglo XX, o hemos sido derrotados por ejércitos, o hemos sido depauperados por el crecimiento de otros movimientos amparados por ideologías autoritarias, religiosas, socialistas, republicanas, y nacionalistas. Gracias a ello, auténticos disparates, campan sus respetos. El colmo fue la entrada del siglo XXI, que en Génova 2000 parecíamos resurgir de la cenizas, y llegaron los yihaidistas al año siguiente con el derribo de las torres de la libertad, y a hacer puñetas las expectativas. 

Por lo tanto, hemos heredado un anarquismo minoritario, pobre, escaso. Somos pocos, y nuestro perfil socioeconómico y cultural, es bajo. Salvo excepciones, no tenemos grandes pensadores, ni filósofos, ni activistas conocidos, ni muchos doctores, ni nada… Sale un Foucault, y evita cuidadosamente definirse como anarquista, que viene a ser la peste para un filósofo del renombre del Collège. Entre parados, precarios, Saramago y algunos licenciados libertarios anda la cosa.

¿Qué es pues, lo que ha aportado el anarquismo en estos últimos cuarenta años? En materia de organizaciones, lo poco que puedo decir, es de la organización a la que dediqué mis esfuerzos: la CNT. Algunas veces, cuando miro a la noche oscura, y medito sobre el hecho incontrovertible, de que el universo estalló, y en sus primeros instantes se formaron las partículas que constituyen la confederación nacional del trabajo, me asombro y se me pone la cara de gallina. Qué grande es la CNT. La aportación de ese pequeño sindicato ha consistido en el esfuerzo de sus militantes, que mostrando un gran desinterés, han resuelto papeletas irresolubles, normalmente rebotadas de otras centrales. Siendo pobres y pocos, se han enfrentado a despidos, han negociado convenios, han sostenido huelgas, sin tener profesionales sindicales, asesorados por abogados mal o nada pagados. Sentaron jurisprudencia en torno a la readmisión por despido nulo radical. Levantaron una red de locales por diversas ciudades y pueblos con sus más y sus menos. Han elaborado una teoría coherente sobre relaciones laborales y estrategia sindical. Han sostenido otro tipo de modelo sindical al imperante, demostrando, que puede hacerse. Y, mucho ojo, eso lo han hecho personajes de sainete, de tercera o cuarta categoría, apenas buenos para actuar en una verbena y cantar el alasbarricadas, que huyen las ratas que ni con el Flautista de Hamelin. .

Pues eso. Pienso que es una gran aportación a las luchas sociales, el presentar el hecho, de que siendo pocos, de escasa calidad, sin apenas recursos, los ceneteros han conseguido y consiguen en materia de negociación colectiva, resultados curiosísimos. Dejemos a un lado los intangibles como la dignidad, la valentía y esas mierdas, ya que en pocos lugares hay personas que dediquen montones de horas a sostener un sindicato y defender los intereses de la clase, no solo sin cobrar ni un penique, si no encima pagando en tiempo, y lo que es peor, en dinero.

¿Qué nos demuestra esto? Que ellos, gobernantes, bufos y financieros, o sea, Canalla&Company, son en realidad, débiles. El sistema funciona por inercia, y basta con poner palos en las ruedas para que se detenga. Y que sería suficiente con que ustedes, gente lista, valiente, educada y fuerte, arrimase el hombro dejando de un lado la política institucional, para que todo este edificio ruinoso del capitalismo, se viniese abajo. Porque si no, lo que se hundirá será el propio mundo en crisis. Y miles de millones, seremos masacrados.

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