En plena campaña electoral

Quería, ya que estamos sufriendo una campaña electoral más, decir mi opinión al respecto de "a quién votar", simplemente de forma descriptiva, sin pretender tirar tierra a nadie. Y para ello he pensado en mencionar el programa electoral más avanzado que hay, el de la CUP, que en la prensa reaccionaria es definida, como "el partido anarquista" o "antisistema". ¿Y por qué hablar de este programa avanzado, en lugar de analizar los programas de derechas? Pues porque la derecha es la peste, y a la peste poco hay que analizarle, ya que se conocen a la perfección sus efectos: fiebre, escalofríos, aparición de bubones en ganglios, septicemia, fracaso multiorgánico, una pinta espantosa y muerte. 

El programa electoral de la CUP, disponible en la red (1), consta de 155 propuestas, que implican la creación de una república catalana, de contenido social, inclusiva, cohesionada en torno a la lengua catalana, sin discriminación de raza, género o clase, con servicios de calidad en materia de educación, sanidad y servicios sociales. En economía promueven una banca catalana y una red de empresas cooperativas, que acaben con la precariedad, la dependencia, la explotación, etc. Todo el mundo podrá vivir con dignidad. Y además, desean impulsar la participación ciudadana. Todo esto es un poco más de lo que promueven otros partidos de izquierda. Pero no es todo. Además consideran estas elecciones una mera transición, un paso, para convocar a todos los partidos tras las elecciones, que deseen participar en la elaboración de una nueva Constitución que emanará de las propuestas ciudadanas. Y luego, se harán nuevas elecciones. Esto es lo que he entendido de dicho documento electoral. Todo esto se presenta como una necesidad para romper con lo que llaman "Régimen del 78", es decir, el tinglado en el que se han revolcado y revuelcan todos los partidos –del primero al último llegado en mi opinión– que cobran del presupuesto.

Lo primero que se me ocurre pensar siempre de estos programas avanzados, es que se prometen tantas cosas porque, sencillamente, no pueden gobernar. A lo largo de la historia del parlamentarismo se ha visto una y otra vez, como la izquierda solo es de izquierdas y defiende políticas de izquierdas, mientras no está en el poder. Desde la oposición sólo puede hacer preguntas, interpelaciones, solicitar comparecencias y presentar propuestas. No puede legislar. Y cuando gobierna, suceden dos cosas: primero continúan con las políticas anteriores, llevando a cabo reformas menores; y segundo crean una nueva casta de políticos que cobran sus buenos sueldos muy por encima del resto de la población, con lo cual repiten la situación previa. Esto es tan así, que es tan absurdo creer en promesas electorales, como pensar que Papá Noel viaja en un trineo volador. Esto es científico, esto es comprobado, esto es descriptivo, esto es predecible. 

Otra cosa que pienso, y no sé por qué nadie lo menciona, es que este programa choca frontalmente con lo que ha ocurrido en la pasada legislatura. En ella la CUP elaboró junto con Junts x Sí, la llamada Ley de Transitoriedad a la República. Yo tengo la costumbre de leerme las leyes y tochos infumables que muy poca gente lee, y de su lectura cabe deducir que firmaron un documento que establece claramente, que la nueva república aceptará: las leyes de mercado, el euro, la Unión Europea y el pago de la deuda pública catalana. No solo eso, si no que votaron la investidura de un presidente de derechas y su presupuesto, por el bien de la gobernabilidad y para evitar otras elecciones que podrían perjudicarles –supongo–. Por lo tanto, hay incongruencia entre lo que prometen ahora, y lo que hicieron antes. 

Esto de decir una cosa y de haber hecho otra, es muy normal en política, y los electores ya están acostumbrados. Me resulta –no obstante– muy difícil creer que la CUP trabaje seriamente por una república, cuando junto con sus socios de JxSí estaban juramentados para establecer las Estructuras de Estado necesarias para llevar a cabo la transición de la Monarquía Constitucional a la República Catalana sin sobresaltos. En el documento de las 155 propuestas, hacen una pequeña autocrítica en el punto 55, en un párrafo, donde reconocen que por acción y omisión no estuvieron vivos a la hora de darse cuenta de la incompetencia del Govern en este sentido… Lo que pasa es que a mí estas disculpas me parecen más bien absurdas, porque es como si tuvieras una enfermedad grave, el equipo médico te dijese que iba a poner remedio, y al final nadie tenía preparado el emplasto, y se excusasen con un "lo siento mucho, no volverá a suceder". Ya, bueno, perdón por mi escepticismo. Oye doctor, mientras me muero o no me muero, ¿fuiste tonto, incompetente o negligente? Vale, que en política solo se hace al final lo que se puede. Pues bueno.

Y es que hay otra contradicción que hay que mencionar. En esa autocrítica reconocen haber aprendido, ajá, que sin movilización social y sin unilateralidad no se puede avanzar hacia la república... Pero se presentan a unas elecciones que convoca el Gobierno Central, con la Autonomía intervenida. Unas elecciones que no solo consideran ilegítimas, si no que sueltan de cuando en cuando, que el resultado va a ser manipulado por el Gobierno Central. Es decir… ¿Dices que hay que movilizar a la sociedad, y te presentas a unas elecciones que denuncias como una farsa? Claro, pensarán que hay que ser realista y que no queda otra, porque hacer un boicot a esas elecciones, es dejar de cobrar del Estado, y eso significa perder un montón de dinero y de mano. ¿O no? Lo que pasa es que metiendo cuadros en las instituciones, es decir, arriba, estableces una distancia con la sociedad, o sea, abajo. Hay una distancia infinita entre un concejal de asuntos sociales, y su cliente que va a pedir una ayuda para que no le corten la luz. La relación que se establece es asimétrica, desequilibrada, un abismo. Y el resultado de la interacción es la pasividad, ya que el concejal se debe al imperio de la Ley y al cumplimiento de la Norma, que choca de forma frontal con el interés del pobre, que quiere calentar la casa en diciembre y llevar algún juguete a los niños. Y ahí se acaba la participación popular: frente a una burocracia asfixiante. Al final se encarga de aliviar un poco el tema alguna plataforma laica, algún sindicato, o alguna iglesia, que siempre andan más cerca de pobres, precarios e inmigrantes, que diputados electos que acuden a los actos a hacerse una foto.

En definitiva, que no quiero ser un cenizo. Si he sacado a colación el programa de la CUP, es porque me parece el más avanzado, el mejor, el que me cae más simpático, de verdad. Encima es un partido anarquista, la mitad de ellos tuvieron parientes en la CNT o en la FAI, y lo dicen con orgullo, igual que la difunta Carme Chacón. Si analizo así su propuesta, es porque no estoy ciego: uso gafas de cerca de un chino. Imaginad –la decena de personas que me leen– si eso pienso de promesas de anarquistas electorales, lo que me parecen de las demás promesas políticas, que son peores que una letanía de difuntos. Por tanto, quien quiera votar, pues que vote, qué remedio. Yo ni siquiera quiero que te abstengas, a mí me da igual lo que hagas, porque mi mayor deseo es que la gente haga lo que le dé la gana (2). Yo solo te digo mi opinión, ya que pienso que  quien eche la papeleta tras lo que llevamos vivido, a lo que va, es a legitimar la posición de los gobernantes que se van a pasar otros cuarenta años hablando de ley, futuro y gobierno del pueblo, pero sin el pueblo.

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  1. http://cup.cat/document/programa-politic-de-la-cup-eleccions-del-21-de-desembre-de-2017
  2. Soy plenamente consciente de que mi capacidad para influir en las decisiones de los demás, es cero. Llevo diciendo a las niñas treinta años que se laven los dientes, y ni caso. Así que, amigos y amigas electoralistas, estáis a salvo. 
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