Cuestiones filosóficas en torno a la muerte de los demás

Me he enterado de que están deteniendo a gente, y que les piden años de cárcel, por alegrarse –presuntamente– de la muerte de un extraordinario letrado que falleció repentinamente. Hay que añadir que, además de alegrarse, por lo visto, lo han dicho públicamente en la red. Decirlo en público es el pecado, y no la alegría, porque si vamos al caso, la mayor parte de la gente se alegra de la muerte de otros, desde vecinos a compañeros de trabajo pasando por suegras, cuñados, etc., pero, claro, no lo ponen en el face familiar o de los colegas, ¡jajajajajá! ¡Murió el cabronazo de Martínez de un síncope! ¡Toma ya! 

No. Decir eso no es bonito. Lo que toca es ir a la misa y dar el cabezazo (1). También es cierto que yo no creo que los poderosos estén juzgando a gente por alegrarse por la muerte de otros. Los juzgan, porque realmente tienen miedo de su propia muerte... ¿Que yo que pienso?

Yo jamás me alegro por la muerte de cosa alguna, ya que su contemplación me sume en un bucle existencial… ¿Qué soy, qué somos? ¿Qué habrá hoy para comer? La muerte, me hace meditar.

La primera cosa que se me ocurre, es que el peligro acecha. Está uno tan tranquilo, y piensa que está bien protegido con su avión de primera clase, su hotel de lujo y su traje de seiscientos euros. Y, de repente, entra un bichito miserable y asqueroso en tu organismo, y aprovechando las debilidades que te ocasiona tu modo de vida descuidado, o que tu madre te abrazó demasiado o no lo suficiente, vence a tu sistema inmunitario y se empieza a reproducir de manera exponencial. Por lo que leo, la asesina es una bacteria banal. Una Shigella Dysenteriae, o tal vez una Escherichia Coli. Todos y todas llevamos esas pequeñas cosas en nuestro interior, lo que ocurre es que a veces, se disparatan: exceso de trabajo, alcohol, tabaco, demasiadas drogas, contaminantes que andan por doquier, el abandono de la pareja, ser violento e insensible, o misteriosas causas ignotas, debilitan nuestras defensas orgánicas… 

Imagino al sufriente sufriendo a esas criminales invisibles, en plena división celular masiva, pululando por su cerebro, su hígado, sus riñones, sus testículos, sus ojos… Porque la sangre las lleva a todas partes… Devorándolo todo mientras el intestino, el corazón y los pulmones se ponen como el colector de una alcantarilla. Y la víctima, yendo al retrete una y otra vez, tirando de la cadena, recomponiendo su imagen antes de dar la chapa a gente ilustre, sufriendo escalofríos de fiebre, y diciendo… "Esto no es nada, se pasa con aspirina". ¿Ves cómo no puede ser? ¿En pleno siglo XX morir de sepsis? Yo, al menor síntoma, me tomo los antibióticos, de clavulámico para arriba, aviso al médico, analítica cada seis horas, y a la cama, que te dicen que las enfermedades se quitan solas con reposo, y eso es pa ahorrar, y luego te entra la infección de oído, te quedas sordo, y a ver qué pasa. En mi caso al menos, observo minuciosamente cada deposición, por si hubiera algo raro.

De este señor imaginario compruebo que en sus obituarios, afirman que era independiente. Ahí lo tenéis. Ahí está la prueba. Todo el día con la murga de la independencia. La Independencia es lo deseable, tener propio criterio, actuar por propio impulso, sin tener en cuenta nada más que la propia voluntad… ¿No? Claro, que si lo pienso despacio, ser independiente tampoco es que implique que vayas a tomar buenas medidas. Porque por ejemplo yo, en las pocas decisiones independientes que tomo al cabo del día, por ejemplo, no sé, no se me ocurre ninguna ahora mismo de constreñida que anda la clase obrera… Pero como digo, uno puede tomar decisiones independientes, y llevar a cabo la Gran Cagada del siglo, como pedir un vaso de agua en el bar, que el vaso no esté bien fregado y lleve un montón de bacilos, y hala pa dentro, y te da el cólico miserere, peritonitis aguda e incineradora. Por eso yo, nada de independencia con riesgos innecesarios. Si tengo que pedir bebida en un bar de high cost, primero agua. Y luego ginebra. Que desinfecta. O por lo menos, alegra.

En fin, que como decía el Arcipreste de Hita, que a reyes, emperadores y letrados, así los trata la muerte, como a los pobres pastores de ganados. La muerte lo iguala todo. El rey, el millonario, el policía, el juez, pueden en cualquier momento ver tambalearse su seguridad dineraria… Es como en las revoluciones, que está uno tan tranquilo, mandando, y viene la multitud vociferante con hoces y antorchas, te cogen, te ponen el cuello en la guillotina, y no te explicas cómo pudo pasar

Pues todo tiene explicación: exceso de trabajo, sentimientos oscuros, una actitud negativa ante el propio cuerpo y el de los demás, no quererse, no vivir el momento, se te eleva el cortisol, bajan los linfocitos y viene el colapso bacteriano del recto… 

Leo que dice en el tuiter del Gran Mandatario de España, que el occiso era un fiel servidor del Estado… En realidad opino que es un grave error decir eso, porque los servidores públicos, pagados con el dinero de los impuestos, no sirven al Estado, si no al pueblo y a sus intereses, –o eso dicen–. Y por eso –debería ser de ese modo– han de perseguir a quienes acaparan, acumulan y se enriquecen chupando la sangre al pueblo laborioso… –O eso pienso–. Aunque dicho sea de paso, es verificable de forma empírica que la mayor tarea de esa organización de entes indeterminados, es robar a los pobres para repartírselo a los ricos, y hacer interpretaciones delirantes de los hechos sociales, para describir delitos duramente castigados en el Código Penal. Realmente, no entiendo cómo no han abierto una causa penal contra las enterobacterias que provocaron la sepsis del alguacil acusador. Por lo menos yo veo delitos en esos bacilos de conspiración, humillación, enaltecimiento, terrorismo, atentado, obstrucción, incitación… Las posibilidades legales wn delitos imaginarios son infinitas. Se podría iniciar una Gran Campaña de recolección de bacterias septicémicas para meterlas en placas Petri durante cien años en algún buque del Puerto de Barcelona. O instaurarles la pena de muerte y practicar el bactericidio…

En resumen, que yo no me alegro por la muerte de nadie (2), porque todos deberíamos vivir, amar, tener, compartir, ayudar y todo eso. Y, recuérdalo, métetelo en la cabeza porque no es cosa de risa: 

No es la muerte. La muerte es demócrata. La muerte, iguala. Es el Poder, en cualquiera de sus múltiples y odiosas manifestaciones, la causa del Mal.

 

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(1) El cabezazo es cuando todo el pueblo pasa saludando a los parientes en la Iglesia, diciendo que lo siente, e inclinando la cabeza ante los deudos.

(2) A mí me impresiona, hasta la muerte de un mosquito. Es algo increíble, estar, y de golpe, ya no estar. Eso sí. No me da miedo la muerte. Por lo menos, la de los demás.

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