Puede hacerse

Imaginaos que estáis en el ejército, y llega el teniente Gómez, y declara que hay que tomar la colina de allí. El plan es avanzar, y ocupar terreno. Delante tienes un río, terreno empinado y enfangado por la lluvia, el campo de minas, las alambradas electrificadas, las trincheras con estacas envenenadas, detectores de movimiento… Además, defienden la posición cincuenta hombres armados con ametralladoras, morteros, granadas, lanzallamas y perros mutantes. Tienen una moral de combate excelente, y son expertos en Kung-Fú. Disponen además del apoyo de blindados, aviación, una patrullera fluvial y del Papa. Acaban de merendar tostadas con mantequilla y se disponen a ver el partido de fútbol en la casamata.

Por nuestro lado somos once soldados. Tres están tuertos, uno manco, otro cojo, seis tienen catorce años y se acaban de alistar huyendo de sus padres y de la granja. Todos con disentería amebiana. A su vez el cabo y el sargento son alcohólicos y a duras penas coordinan. Cincuenta años en infantería tienen ese coste personal. El armamento es de la primera guerra mundial, y no comemos desde el jueves porque el intendente se perdió en el pantano de los mosquitos del Zika en que acampamos. Eso sí, las raciones de ron, son abundantes y nuestra moral es la propia de combatientes que se van a masturbar en grupo dándole al trago.

¿Qué responde el sargento? Pues qué va a responder: que puede hacerse. Solo hay que buscarle las vueltas al problema.

En estos días se ha llegado a hablar de revolución, en torno al barullo de la independencia catalana… Pues puede hacerse. Yo he servido en dos o tres ejércitos y sé que fuerzas inferiores a las del enemigo en conocimientos, actitudes, moral, estrategia, alimentación, municiones, armamento, fortaleza y recursos económicos, morales y humanos, pueden vencer en condiciones abominables. A mí me ha pasado alguna vez, y todo el mundo –incluyéndome a mí el primero– se queda sorprendido, ya que nadie, absolutamente nadie, esperaba el resultado. Por eso, si hay quien piensa que estamos al borde de la revolución… No seré yo el que le quite las ganas. Puede hacerse.

La revolución, decía Angel Pestaña, es un fenómeno que se produce cuando menos se lo espera. Es inimaginable, ya que la sociedad siempre se muestra estática, conservadora, inmóvil. Pero de vez en cuando estallan. De hecho María Antonieta, cuando subió al escenario para el afeitado… Ni en sueños un año antes podía imaginar que su reinado iba a acabar de ese modo. Por supuesto hay gente que está todo el rato diciendo que la revolución está al caer, pero eso es como lo de los Protestantes que te dicen que va a llegar el Fin del Mundo para encasquetarte La Atalaya: una excusa. Ciertamente algún día será el Fin de los Tiempos. Lo que no se sabe es cuándo. 

A lo que voy es a que la revolución no la hace ni un partido, ni un sindicato, ni una milicia. Es un movimiento general en el que intervienen muchos actores, grupos, y mucha gente del común y que aplasta todo lo que encuentra a su paso. Y no podemos estar esperando a que llegue, porque siempre, en cualquier instante, ahora, puede uno ir ocupando sus posiciones para intervenir en el momento crudo de la confrontación abierta. De lo contrario la propia revolución te arrolla. Malatesta lo expresaba comentando que no podíamos estar a la espera del Gran Día, sentados cómodamente a cincuenta kilómetros del frente, con acuerdos tácitos con el enemigo de no molestarnos demasiado unos a otros. Hay que jincar el callo, explicaba el italiano, porque es la única manera de conseguir contactos, experiencia, recursos y capacidad de maniobra. Hay que estar en la batalla con quien haga falta, sin perder nuestra identidad, para plantar la pica lo más lejos que se pueda.

¿Que es de una improbabilidad infinita? Hay una cosa clara: sobre el papel, cualquier situación es criticable. En la práctica, todas las posiciones se pueden tomar. Solo hay que ponerse las botas (si te quedan aún dos piernas), y avanzar viéndolas venir. Porque de todas todas, siempre, aunque sea imposible, puede hacerse.

(y recuerda siempre, que si alguien tiene que recibir, que sean ellos)

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