Al fin la reedición de la "Pequeña antología" de Ulrike Meinhof

Año publicación: 
2017
Autor / es: 
Ulrike Meinhof
Editorial: 
La Colati
Páginas: 
168
Web: 
http://www.lamalatesta.net/product_info.php/products_id/59596

Pequeña antología, seguido de cartas de la cárcel y últimos escritos - Ulrike Meinhof - Selección, traducción y notas: Manuel Sacristán y La Cotali, con un epílogo de César de Vicente Hernando.

¿Qué fue lo que más atemorizó del caso Ulrike Meinhof, que sigue despertando en nuestros días una cierta perturbación cuando se cita? En primer lugar, evidentemente, que una intelectual reconocida y valorada, con una buena posición social y procedente de la clase media alemana, abandonara su lugar para pasar a la clandestinidad activa y emprender desde ahí la lucha armada contra el sistema social que la formó. Pasar este límite significa oponerse con todo el cuerpo, ofrecer resistencia a la corriente brutalmente silenciosa de la vida cotidiana. En segundo lugar, por supuesto, que su trabajo intelectual pasara de una escritura analítica elaborada en el marco de la crítica política, a través de sus artículos en la revista konkret, a colocar su palabra en los comunicados, cartas, manifiestos y reflexiones de la Fracción del Ejército Rojo (RAF), responsabilizándose con ello de los hechos a los que iban indisolublemente unidos. En tercer lugar, claramente, que en 1968 dejara a un lado su matrimonio y, después, a sus hijas aceptando transitar por los caminos de los márgenes y la inestabilidad diaria por un fin político.

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Ulrike Meinhof, la RAF, los malabares y "LaSexta" como portavoz

De 2005 a 2007, y también hasta la fecha, se han reeditado numerosos textos del filósofo marxista español Manuel Sacristán (1925-1985). En aquellos días se multiplicaron los libros y actos sobre su figura. Sin embargo, en medio de todo este maremagnum de antologías, elegías, autopsias y descuartizamientos varios, hay una curiosa ausencia -sólo compensada, que yo sepa,  por algunas intervenciones de José María Ripalda- : siempre parecen escamoteados los textos que dedicó a Ulrike Meinhof, militante de la organización armada alemana Fracción del Ejército Rojo y presa el día de su muerte en la prisión de alta seguridad de Stannheim[1].

No dudo de que la ausencia de estos textos en medio de tan copiosa e interesante literatura se deba a la casualidad. Por lo que a mí respecta, los escritos de Sacristán sobre cuestiones de política de la ciencia me parecen más relevantes, o hasta más urgentes –y en todo caso más originales-, que los aquí comentados. Pero no por casual o inevitable (hay que elegir) dicha ausencia es menos desafortunada.

La cosa se ha paliado recientemente gracias a la editorial La Cotali, que ha publicado la Pequeña Antologia preparada en su día por Sacristán para Anagrama. Un acontecimiento digno de nota -junto a la publicación en catalán de la biografía de Ulrike Meinhof escrita por Jutta Dirfurth-, que hay que agradecer a quién le haya promovido. Aún así, con limitaciones: es casi un triunfo que el señor Google devuelva alguna referencia al libro de La Cotali, incluso si se introducen el título literal y el nombre de la editorial, y en cuanto a la biografía de Dirfurth, el hecho de haber sido publicada en una lengua civilizada -lo digo sin ninguna ironía- puede limitar su difusión en la península, fuera de círculos universitarios autoflagelantes que leen en català. Parece que sigue habiendo techos de cristal duros como el acero.

Es lugar común una cantinela sobre el perfil político de Sacristán: Sacristán como una especie de san Juan Bautista teórico que bautiza en el Jordán de su sabiduría, como sucesores genuinos, a los nuevos movimientos sociales –o, de haber vivido, al movimiento antiglobalización, o a los foros sociales mundiales, o a las izquierdas contra la dictadura de la UE... -, después de haberse desengañado con el autoritarismo de países y partidos comunistas. Esta visión se refleja en el título de una de las antologías más difundidas –"De la primavera de Praga al marxismo ecologista"-, en la que tampoco se reeditan los escritos sobre Meinhof (pese a que forman parte del arco temporal referido por el título).

Lo que Manuel Sacristán escribió sobre Ulrike Meinhof no desmiente esa cantinela, pero sí desentona con ella. Digamos que lo que cuenta Sacristán sobre las vicisitudes de la izquierda alemana en los años 60 muestra que los "nuevos movimientos sociales" –ecologismos y pacifismos de base diversos- ni son tan nuevos ni inventan nada; que mientras el mochilero antiglobalización de turno sube al inter-rail a experimentar "nuevas formas de acción", esa izquierda de los 60 ya había bajado; que la situación en tiempos de Sacristán (y no digamos ahora) no es tan distinta de la que llevó a muchos protagonistas de la izquierda alemana de los 60 (entre ellos Ulrike Meinhof) a hacer balance de la magnitud de las amenazas y tomar las armas en los 70 contra un enemigo que sólo entendería su lenguaje.

Sobre todo teniendo en cuenta que otra cosa en la que fue precursora Ulrike Meinhof, antes de su paso a la clandestinidad, fue hacerse popular batiéndose el cobre en las tertulias políticas televisadas con los portavoces de la opinión democrático-fascista de la RDA: sendero luminoso que ciertos chiquilicuatres de la política made in Spain transitaron recientemente jurando por Gramsci que conducia inexorablemente a un "cambio de régimen" y que por el momento sólo ha conducido a que ellos y sus amistades tengan una colocación. Más han logrado que Ulrike Meinhof y la RAF, qué duda cabe, pero la situación presenta pocas diferencias.

Veamos uno de los textos de Sacristán -que, cambiando las localizaciones y "mayo del 68" por "el 15-M", quizás sería de aplicación a Spain-: "El balance de la Oposición Extraparlamentaria, y en general de la izquierda alemana, a finales de 1968, es bastante malo: los años de campaña contra los proyectos de leyes de emergencia... han terminado en derrota; el agotamiento del mayo francés y el contundente barrido electoral del sesentayochismo en Francia disipan muchas esperanzas descabelladamente alimentadas por aquellos jóvenes pequeño-burgueses y burgueses que se rebelaron contra el sistema sin tener experiencia, ni siquiera consciencia, de la base clasista en la que habrían tenido que reorientarse para cambiar de bando realmente; la política exterior de los países del Pacto de Varsovia –y muchos elementos de su política interior- quitan a otros esperanzas un tanto diferentes; en el seno de la OEP alemana, en su núcleo mejor organizado, está a la vista no ya una sintomática descomposición, sino la descomposición misma. En noviembre la Liga de Estudiantes Socialistas (SDS) intenta terminar en Hannover su XXIII conferencia de delegados... La conferencia es un caos. Alguien distribuye, por ejemplo, entre los delegados, una octavilla que se puede traducir así:

Ffffffruuuuustraciónnnnn

Pal Culo

Esto es un congreso del SDS

Antes de terminar la conferencia se habían marchado como la mitad de los delegados, y también se habían ido algunos de los portavoces de mayor influencia en los años y meses anteriores".

En realidad, el mochilero antiglobalización de hace diez años no podía ignorar a aquellas alturas que la fiesta había terminado, y que ocho años después de la eclosión de "el movimiento antiglobalización" el balance no daba para muchas ilusiones, aunque más que las que daba de sí el 15-M. Hasta uno de sus oráculos impresos se lo recordaba en letras de molde [2]: en Francia, uno de los principales escenarios del movimiento antiglobalización, la respuesta de la sociedad a ocho de años de campañas y campañitas fue respaldar en las urnas a la derecha imperialista, la candidatura de Sarkozy que busca acabar con la independencia de Francia –respecto a Estados Unidos- en política exterior. Como en fechas recientes ha llevado a que se acepte, como mal menor, la candidatura de Emmanuel Macron.

Todo esto parece confirmar la reflexión que hacia Sacristán en aquellos textos:  Puesto que una sociedad capitalista -por definición- no puede estabilizarse en lo económico, debe estabilizarse en lo político bajo una forma vieja o nueva de fascismo. Quizás puede añadirse que no sería difícil en tiempos como los nuestros que una nueva forma de fascismo se implantase por vía electoral, y de la mano de una humanidad como la mencionada por el editor Giacomo Feltrinelli [3] -en una carta que envió en 1958, desde la Italia del "milagro económico", al disidente soviético Boris Pasternak-:

En estos tiempos en que los valores humanos se olvidan, en que los seres humanos son reducidos a máquinas, en que la mayoría de las personas sólo tratan de huir de sí mismas y de resolver los problemas de su ego viviendo en el estress y mortificando lo que queda de la sensibilidad humana, 'Doctor Zhivago' ha sido una enseñanza que no se podrá olvidar.[4]

Desde luego, cualquier activista puede tener la tentación de imputar alguna de sus desgracias, como la victoria en Francia de Sarkozy o de Macron, a una plaga de sadomasoquismo como la sentida por Feltrinelli. Al menos, si es persona leída y se fía de "Le Monde diplomatique": La conclusión de tanto frenesí de campaña por 'otro mundo posible' es que "Sarkozy y la derecha parecen haber ganado la batalla de la hegemonía cultural incluso en amplios sectores de las clases populares. La perspectiva del triunfo individual, aún en detrimento de de los menos favorecidos, moviliza más que la invocación de las solidaridades colectivas... El horizonte cultural de las categorías populares... se aleja de las perspectivas de progreso generadas por la acción colectiva, y se repliega en los valores del ethos capitalista impulsados por los grupos sociales dominantes: trabajo individual, reducción de los impuestos... remuneración del mérito... transmisión del patrimonio". La conclusión o una de las conclusiones: otra son más de seiscientos mil muertos en Iraq, tras las "grandes movilizaciones mundiales contra la guerra", o la posterior destrucción de Libia -con la colaboración del mismo Sarkozy- ante la que una izquierda no ya nini sino trini se posicionó con análisis que no valían ni para chistes de Chiquito de la Calzada y/o con mínimas movilizaciones locales.

Volviendo a la Alemania (o Europa) de los 70, Sacristán no sacaba las mismas conclusiones que Ulrike Meinhof; a su juicio, la respuesta viable a la previsible restauración del fascismo pasaba por "grandes concentraciones antifascistas cuya definición política global, como su contenido, tenga poco perfil", y no por la vía armada. En su tiempo vio como ejemplos de estas concentraciones, en España, al movimiento antinuclear y a las campañas por el "No" a la OTAN –está última conoció su fracaso electoral el año siguiente del de su muerte-. Posteriormente, muchos han valorado que las sucesivas campañas de turno contra algo o las distintas terapias de grupo de los movimientos "de base" o las rogativas populistas de las élites de Podemos cumplían la misión demandada por este profesor y político hace tantos años.

Estoy más de acuerdo con Sacristán que con Meinhof: pero también estoy de acuerdo con él en que "no hay ninguna razón para presentar esta situación eufóricamente". Pienso que muchos de los recientes albaceas de Sacristán incurren, si no en euforia, si en una interpretación algo empalagosa de la situación –que les permite en otros ámbitos incluso cantar las alabanzas de una película como 'Salvador', la edulcorada biografía de Salvador Puig Antich-; pienso también que los escritos sobre Ulrike Meinhof y los de la misma Ulrike Meinhof ponían negro sobre blanco (y lo hacen más en la actualidad) las razones por las que no debe caber la euforia.

Escribí este texto hace diez años para presentar una transcripción de los textos que subí a la red. Lo publicaron, que no conservaron, en Kaos en la Red; me parece válido tal cual, con las mínimas actualizaciones que he añadido. Como he dicho arriba, es de agradecer a La Cotali su esfuerzo por volver a hacer accesible estos textos -con la compañía de César de Vicente, que tantas otras cosas nos ha ayudado a rescatar del olvido-. Tarea de todas y todos es que no se conviertan en otra pieza de ese monumento con cuya inauguración se cerraba la pieza de Jean Genet 'El balcón'.

[1] A lo sumo, se alude a la relación entre Ulrike Meinhof y Sacristán –coincidieron en la universidad de Münster- como episodio biográfico sentimentaloide digno de una nota al pie.

[2] Las ilusiones perdidas de la izquierda de la izquierda. Le Monde diplomatique (edición en castellano), julio de 2007, pág 4.

[3] Feltrinelli fue un editor italiano con una trayectoria pareja a la de Ulrike Meinhof, también en lo poco claro de su muerte.

[4] Carlo Feltrinelli, Senior Service : biografía de un editor. – 2003, Tusquets.

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