Amor y Anarquismo

Autor / es: 
Laura Fernández Cordero

Reseña por LatFem

Desde hace al menos un siglo y medio, el amor desvela al anarquismo. ¿Cómo amar sin opresiones? ¿Cómo construir la unión de los y las libres? "Amor y Anarquismo. Experiencias pioneras que pensaron y ejercieron la libertad sexual" toma debates y los actualiza. Sobre los derechos de las mujeres, la identidad de género, las sexualidades y las diversas formas de familia. Aquí presentamos un fragmento del libro de Laura Fernández Cordero.

En agosto de 1896 se desató una huelga en la fábrica de alpargatas La Argentina, cuyo desarrollo fue seguido de cerca por un reporter del diario La Nación. La reunión de trabajadoras alpargateras era nutrida, aunque –según se relata– ninguna se animaba a hablar: todas estaban abochornadas por la arenga masculina. De pronto, Rosario Diario, “una criolla locuaz”, tomó la palabra:

Compañeras: Nadie quiere hablar; yo lo voy a hacer: si los hombres quieren la jornada de 8 horas para instruirse y dedicar más tiempo al cariño de sus hijos, nosotras las reclamamos para permanecer menos horas alejadas de nuestro hogar y tener más tiempo para remendarnos vestidos.

Las compañeras la aclamaron de inmediato, pero, ante la falta de otras oradoras, el entonces activo militante del flamante Partido Socialista Adrián Patroni (1867-1950) se dirigió a la asamblea:

Indudablemente, muchas de vosotras aún no os habéis dado cuenta exacta [de] hasta dónde llega esa explotación, pues lejos de ganar los mismos salarios que ganan nuestros compañeros, los hombres, se os paga una tercera parte menos, así como a los niños apenas se les da una cuarta parte. […] Y tanto más necesario es que os despertéis, cuando vuestro puesto debía ser el hogar, y en cambio, tenéis que estar condenadas a vivir encerradas en el taller, en recompensa de un miserable salario.

Esta breve crónica periodística ejemplifica las tensiones que generaba la presencia de las mujeres en el mercado de trabajo. Había quienes defendían el derecho al trabajo de la mujer, quienes preferían preservarla en el hogar, quienes se preocupaban por su salud y su consabida debilidad, quienes velaban por su capacidad reproductiva, quienes señalaban su responsabilidad en la crianza y en el futuro de la sociedad, quienes deploraban un supuesto peligro moral, quienes las veían como competencia desleal y excusa de los patrones para bajar los salarios. Esas opiniones tenían adhesiones en hombres y mujeres de las más diversas expresiones políticas y clases sociales. Así, una matrona de la beneficencia y un gremialista acérrimo podían coincidir en que el puesto “natural” de la mujer era el hogar, mientras que una huelguista decidida y un católico con preocupaciones sociales podían adherir al pedido de reglamentación de las horas, de modo que las mujeres dispusiesen de más tiempo para remendar vestidos. (Durante la primera mitad del siglo XX esos mismos argumentos tuvieron una increíble persistencia cada vez que surgió dicha discusión). El cronista de La Nación nos dice algo más: informa que en esa asamblea había anarquistas, esos “exaltados” que, aprovechando la asamblea para hacer propaganda, repartían entre las mujeres “un periódico anárquico titulado La Voz de la Mujer, en el que se proclaman las excelencias del amor libre, tal como lo entienden los anarquistas”. Las alpargateras recibían con curiosidad esa publicación que se arrogaba ser su voz; sin embargo, Patroni volvió a tomar la palabra para explicar a las mujeres. ¿Habrán acatado las mujeres el consejo del compañero? ¿Patroni desaconsejaba La Voz de la Mujer por su contenido anarquista o por lo que podía despertar en las compañeras? ¿Acaso alguna escondió entre sus cosas el periódico que era mejor no leer? ¿Qué venían a decirles esas hojas sueltas a unas sufridas alpargateras del Buenos Aires de fin de siglo?

Por supuesto, la emancipación de la mujer no es una idea exclusiva del anarquismo, pero siempre fue central en su ideario. Los anarquistas procuraban llevar a la práctica esa premisa y compartir la brecha con compañeras libres de las ataduras tradicionales. Al mismo tiempo, consideraban un error buscar cualquier inclusión en el régimen del derecho y la lógica electoral, y propugnaban la lucha conjunta contra esas instituciones que no hacían más que enmascarar la aberración del capitalismo.

El libro de la investigadora Laura Fernández Cordero recupera historias como la que se acaba de relatar. Rastros que se encuentran al recorrer con ojo atento tanto la prensa anarquista argentina (entre 1880 y 1930, en este caso) como el trabajo de historiadoras feministas que supieron darles visibilidad hace unas pocas décadas (Dora Barrancos, María del Carmen Feijóo, Maxine Molineux, Mabel Bellucci, entre otras).

* * *

Si bien las voces femeninas tenían cierta presencia en la prensa anarquista “general”, contamos con la posibilidad de acceder a dos periódicos escritos y dirigidos por mujeres: La Voz de la Mujer (1896-1897) y Nuestra Tribuna (1922-1925). Esas publicaciones demuestran cuáles eran sus prioridades, a qué lecturas remitían para sostener sus argumentaciones y cómo impactaba el ideario en su vida cotidiana; además, y sobre todo, son una fuente indispensable para reconstruir parte del diálogo que sostuvieron con sus compañeros. En la prensa anarquista, la estrategia más recurrente para dirimir la “cuestión de la mujer” –un tema candente en la época– era convocarlas como compañeras de lucha. Esa operación de suma partió de los varones anarquistas, quienes dinamizaron propuestas concretas de llamado a las mujeres. Al mismo tiempo, se afirmaba que sobre ellas pesaba una suerte de multiplicación de opresiones,  ya que las “esclavas del esclavo”, en tanto “objetos de placer”, sufrían el asedio del patrón, de los curas y hasta de maridos infames. Oprimidas económica, política y sexualmente, su presencia era requerida con urgencia para batallar contra los enemigos comunes.

Gracias a que el propio movimiento anarquista y esforzados archivos presentes preservaron esas publicaciones, hoy podemos acceder a las polémicas que se dan entre discursos masculinos y femeninos, o con géneros a veces simulados. En ese debate no siempre las mujeres llevan la voz disruptiva y los varones victimizan, sino que, en ocasiones, ellas llaman a conservar lo conocido y ellos adoptan la posición más libertaria. A la vez, suele suceder que quienes escriben “como mujer” son hombres que eligen esa voz para incluir un punto de vista que consideran importante o para acotarlo, mientras que firmas masculinas pueden esconder a escritoras que acaso nunca lleguemos a conocer.

Amor y Anarquismo busca ir más allá de las lecturas académicas y acompañar los candentes debates actuales en torno a los derechos de las mujeres, la identidad de género, las sexualidades y las diversas formas de familia. Por eso, el recorrido por los seis capítulos propone recuperar la contribución anarquista a la discursividad sexual, no tanto por sus acuerdos como por la productividad de sus discusiones, no tanto por su intento liberador o por sus recaídas en la moralina como por incluir la dimensión sexual en un discurso político cuyo horizonte declarado era la emancipación humana y, para finalizar, no tanto por declamar un decálogo doctrinal como por llevar a debate formas alternativas para el amor cotidiano y la propia vida, a veces presente, a veces futura. Una sensibilidad hacia la condición ineludiblemente sexuada de los cuerpos de la política y del amor. Tal pretensión de radicalidad es lo que distingue al aporte anarquista. De cómo ese concierto de voces estalla trata este libro.

Aviso Legal  |  Política de Privacidad  |  Contacto  |  Licencias de Programas  |  Ayuda  |  Soporte Económico  |  Nodo50.org