El mito del instinto maternal
El mito del instinto maternal
El Mito del Instinto Maternal. Dolores Juliano
¿Hemos nacido las mujeres para ser madres? ¿Es cierto que la maternidad completa a las mujeres y da sentido a su existencia, que de otra manera permanecería incompleta y le generaría frustraciones? El hecho que puedan plantearse preguntas de este tipo, que nunca enunciaríamos para los hombres, nos muestra que la maternidad se ha desplazado del campo de las opciones al campo de lo “natural”, es decir, que se la trata como si fuera el cumplimiento de un mandato instintivo. Las conductas instintivas son inmutables, pertenecen al ámbito de la naturaleza y se producen con prescindencia del entorno social. En cambio las conductas determinadas socialmente forman parte del devenir histórico, se modifican de acuerdo con el tiempo y las circunstancias y a su vez son causa de modificaciones en las estructuras de las relaciones. Las personas actuamos de acuerdo con conductas aprendidas socialmente y carecemos casi por completo de conductas complejas instintivas. Estas se reducen al campo de los actos reflejos y poco más. Sin embargo, existe el mito de asignar al campo de lo instintivo conductas muy complejas y elaboradas, fundamentalmente hay una tendencia a asignar a las mujeres este tipo de conductas.
Así, lo que las mujeres son y hacen no se lee como construido socialmente en un sistema asimétrico de relaciones de poder, sino como consecuencia de sus impulsos innatos. Asignar la mujer globalmente al mundo de la naturaleza, mientras que se relaciona al hombre con el de la cultura (S. ORTNER, 1979) y considerar que sus conductas están dictadas por principios inmutables y ahistóricos (Rosa ENTEL, 2002) es una forma de evitar discutir la funcionalidad social del lugar en el que se las ha colocado.
Fernandez señala que en tres ámbitos este sistema mítico de naturalización de las conductas se muestra especialmente eficaz: asignando a las mujeres como destino el amor maternal, el amor romántico y la pasividad sexual. En todos los casos esta interpretación quita méritos a la conducta en el caso en que esta sea asumida, ya que se trataría de un mandato que las mujeres no podrían evitar y en cambio sanciona duramente su incumplimiento, pues lo quita del margen de las opciones libres (que siempre se reconocen a los hombres) y coloca su falta en el campo de la anormalidad, la perversión o la patología. (Ana María FERNÁNDEZ, 1992)
Es por esto por lo que las reivindicaciones de género pasan por la desesencialización y la desnaturalización de las conductas atribuidas. Se trata de reconocer y reivindicar para las mujeres su condición de sujetos socialmente construidos, aun en aquellos ámbitos menos cuestionados, pues implican mandatos sociales más fuertes. El carácter de artefacto construido que tienen las conductas, es relativamente fácil de reconocer en el caso del amor romántico, cuya historicidad para los dos sexos está bien documentada, y para las conductas sexuales, que en los últimos cien años han experimentado cambios tan evidentes que hacen difícil mantener la creencia en su atemporalidad. De todas maneras, es evidente que incluso en esos campos queda mucho camino para desmontar prejuicios como el de la heterosexualidad obligatoria (Adrienne RICH, 2001) y los roles de género diferenciados (Judith BUTLER, 2001).
Pero es en el campo del amor maternal en el que los prejuicios permanecen más sólidamente asentados. Parece una evidencia de sentido común que la relación de la madre con su prole es un vínculo biológico y que responde a condicionantes diferentes de las otras relaciones afectivas. Una parte importante de la organización social se basa en este supuesto, al menos en las sociedades patrilineales, donde la sobrevaloración de la maternidad (que garantiza que habrá hijos varones para el linaje paterno) y la valoración de las mujeres centrada en su capacidad reproductiva, hace que se interiorice la idea de que la maternidad es un destino, y que implica en sí misma el mayor premio y la más alta satisfacción.
Las mismas mujeres suelen compartir esta creencia, que soslaya la necesidad de construir proyectos de vida individuales y las coloca fuera del ámbito de lo contingente. Pero este mito, que da apoyo y fundamento a los otros dos, ya que el amor y la complementariedad de roles garantizarían la continuidad de la pareja en la etapa de crianza de las criaturas, y la pasividad sexual aseguraría descendencia legítima, ya fue cuestionado en 1949 por de Beauvoir Ella es la primera que de una manera explícita, pone en duda la presunta naturalidad de las conductas maternales y la que propone situarlas en el campo de la cultura. (Simone DE BEAUVOIR, 1968). Desde su propuesta puede separarse el aspecto biológico de la maternidad, de la valoración social de la misma. Esta última incluiría aspectos tales como la importancia que las mujeres den al hecho de ser madres, la intensidad con que deseen o rechacen esa posibilidad, el lugar que le asignen en su vida y el tipo y duración de los ligámenes afectivos y de cuidado, que desarrollen en relación con sus hijos e hijas, e incluso con su descendencia en la generación siguiente.
En realidad la idea de la existencia de un instinto maternal, que determine la conducta de las mujeres al respecto, puede cuestionarse desde dos vertientes: desde la antropología, que muestra la diferencia de las concreciones del amor maternal en las diferentes culturas, y desde la historia que evidencia las evoluciones y cambios de ese sentimiento en el tiempo. En el primer campo, Mead desvirtuó la presunta universalidad de las conductas maternales mostrando cómo las mujeres del pueblo mundugumor, de Nueva Guinea, consideraban una carga y una desgracia tener hijos y derivaban el cuidado de los pequeños a sus hermanitos mayores, sin desarrollar sentimientos de culpa al respecto. (Margaret MEAD, 1982)
Esto tenía interesantes consecuencias teóricas, porque en principio, si una conducta fuera instintiva estaría representada en todos los pueblos e incluso sería más visible cuanto menor fuera la sofisticación cultural del mismo. Así, estas madres a su pesar, ponían en severo entredicho las bases mismas de la asignación de las conductas maternales a la biología. Completando el desmantelamiento teórico, está la evidencia histórica. Trótula de Salerno, la más famosa médica medieval, fue la primera que señaló rechazos explícitos de la maternidad, sugiriendo que lo que buscan las adolescentes que se niegan a comer es librarse de su función de concebir hijos (90) Muchas santas experimentaron este rechazo. Sta Teresa relata que lo que la llevó a huir al convento a los 18 años fue el temor al matrimonio. A los doce años había visto morir a su madre de 33 años exhausta después de parir 14 hijos (Paloma GÓMEZ, 2001).
Por su parte, Badinter muestra que en Europa, durante los tres siglos que van desde el XVI al XIX la práctica de abandono de niños era corriente, y en todas las clases sociales, las madres derivaban a nodrizas el amamantamiento de sus hijos, sin preocuparse demasiado por su supervivencia. El fenómeno estaba tan extendido en Francia, que en 1780, sobre 21.000 niños nacidos en Paris, sólo mil eran nutridos por sus madres. Estas cifras resultan especialmente reveladoras en una época en que la lactancia materna representaba una mayor posibilidad de supervivencia.
El abandono implicaba falta de amor, pero durante muchos años se ha tendido a interpretarlo como una consecuencia de las altas tasas de mortalidad infantil. Dado que morían muchos infantes, limitar la afectividad podía ser una buena estrategia para disminuir el dolor de la pérdida, pero Badinter llega a una conclusión opuesta: No era porque los infantes morían como moscas, por lo que las madres se desinteresaban de ellos, era porque ellas no se interesaban, por lo que morían como moscas (Elisabeth BADINTER, 1980:75). La infancia no sólo carecía de cuidados maternales, hasta bien entrado el siglo XVIII, también estaba ausente en la ciencia y en la literatura. Cuando la vemos aparecer, en los cuentos infantiles la encontramos carente de derechos, abandonada en el bosque o entregada a sus propios y débiles recursos.
Es a partir de Rousseau que los niños -pero no las niñas comienzan a merecer atención pedagógica y social. Su prédica no tenía mucho que ver con su práctica, porque fue él mismo un progenitor del XVIII que abandonó a sus hijos (Jean Jacob ROUSSEAU, 1990) El nuevo interés deriva hacia las madres la carga de responsabilizarse de la supervivencia y buena salud de los nuevos ciudadanos, y esta labor socialmente asignada se rotula como cumplimiento de un impulso innato. El deber social que podría haber sido asumido por ambos miembros de la pareja, o por los adultos del grupo comunitariamente, o por organizaciones aún más amplias como el estado, se asigna unilateralmente a las madres y se naturaliza como una opción biológicamente determinada. La mujer decimonónica será vista fundamentalmente como madre y esta función, desbordando la etapa biológica del embarazo y el amamantamiento, condicionará toda su existencia.
Esta dedicación tiene un coste, Gómez señala: “El matrimonio es un chollo para los varones: recientes investigaciones conceden un promedio de 10 años más de vida a los hombres casados que a los viudos, solteros y divorciados; los casados además presentan menos enfermedades. En el caso de las mujeres es al contrario: las mujeres solteras o divorciadas sin hijos viven más y más sanas que las casadas, que presentan el doble de enfermedades, sobre todo mentales” (Paloma GÓMEZ, 2001:80).
El modelo del amor maternal se caracteriza por el cuidado continuado, la postergación de los propios deseos, la atención a los deseos y necesidades del otro. Es una actividad altruista que implica opciones constantes y que no tiene nada en común con las conductas estereotipadas relacionadas con los instintos. De hecho en la naturaleza no se encuentra entre las hembras animales ni el impulso hacia la maternidad, ni la continuación de la entrega de cuidados una vez las crías han madurado lo suficiente para desenvolverse solas. Entre los seres humanos sí que se dan estas conductas, pero podemos entenderlas como el cumplimiento interiorizado de un mandato social.
Tal fuerza tiene este mandato, que puede utilizarse para justificar cualquier tipo de conductas, por alejada que esté de las restantes normas sociales. Como mandato de primera categoría toma prioridad sobre todos los demás. Así se justifica socialmente que una madre en defensa de su progenie robe o mate. O que para mantenerla se dedique a la prostitución.
La construcción del mito del instinto maternal da, por otra parte, buenos dividendos a la profesión médica, al trasladar el deseo de procrear al campo de lo esperado para todas las mujeres, genera una demanda de reproducción asistida o medicalizada y legitima la casi obligación para las mujeres estériles de someterse a tratamientos complicados, caros y molestos.
No se trata, por supuesto de negar que la maternidad pueda ser un proyecto atractivo, sólo es necesario subrayar que se trata de eso, de un proyecto y como tal es optativo (Elisabeth. BADINTER, 2003, Juin)
¿Hemos nacido las mujeres para ser madres? ¿Es cierto que la maternidad completa a las mujeres y da sentido a su existencia, que de otra manera permanecería incompleta y le generaría frustraciones? El hecho que puedan plantearse preguntas de este tipo, que nunca enunciaríamos para los hombres, nos muestra que la maternidad se ha desplazado del campo de las opciones al campo de lo “natural”, es decir, que se la trata como si fuera el cumplimiento de un mandato instintivo. Las conductas instintivas son inmutables, pertenecen al ámbito de la naturaleza y se producen con prescindencia del entorno social. En cambio las conductas determinadas socialmente forman parte del devenir histórico, se modifican de acuerdo con el tiempo y las circunstancias y a su vez son causa de modificaciones en las estructuras de las relaciones. Las personas actuamos de acuerdo con conductas aprendidas socialmente y carecemos casi por completo de conductas complejas instintivas. Estas se reducen al campo de los actos reflejos y poco más. Sin embargo, existe el mito de asignar al campo de lo instintivo conductas muy complejas y elaboradas, fundamentalmente hay una tendencia a asignar a las mujeres este tipo de conductas.
Así, lo que las mujeres son y hacen no se lee como construido socialmente en un sistema asimétrico de relaciones de poder, sino como consecuencia de sus impulsos innatos. Asignar la mujer globalmente al mundo de la naturaleza, mientras que se relaciona al hombre con el de la cultura (S. ORTNER, 1979) y considerar que sus conductas están dictadas por principios inmutables y ahistóricos (Rosa ENTEL, 2002) es una forma de evitar discutir la funcionalidad social del lugar en el que se las ha colocado.
Fernandez señala que en tres ámbitos este sistema mítico de naturalización de las conductas se muestra especialmente eficaz: asignando a las mujeres como destino el amor maternal, el amor romántico y la pasividad sexual. En todos los casos esta interpretación quita méritos a la conducta en el caso en que esta sea asumida, ya que se trataría de un mandato que las mujeres no podrían evitar y en cambio sanciona duramente su incumplimiento, pues lo quita del margen de las opciones libres (que siempre se reconocen a los hombres) y coloca su falta en el campo de la anormalidad, la perversión o la patología. (Ana María FERNÁNDEZ, 1992)
Es por esto por lo que las reivindicaciones de género pasan por la desesencialización y la desnaturalización de las conductas atribuidas. Se trata de reconocer y reivindicar para las mujeres su condición de sujetos socialmente construidos, aun en aquellos ámbitos menos cuestionados, pues implican mandatos sociales más fuertes. El carácter de artefacto construido que tienen las conductas, es relativamente fácil de reconocer en el caso del amor romántico, cuya historicidad para los dos sexos está bien documentada, y para las conductas sexuales, que en los últimos cien años han experimentado cambios tan evidentes que hacen difícil mantener la creencia en su atemporalidad. De todas maneras, es evidente que incluso en esos campos queda mucho camino para desmontar prejuicios como el de la heterosexualidad obligatoria (Adrienne RICH, 2001) y los roles de género diferenciados (Judith BUTLER, 2001).
Pero es en el campo del amor maternal en el que los prejuicios permanecen más sólidamente asentados. Parece una evidencia de sentido común que la relación de la madre con su prole es un vínculo biológico y que responde a condicionantes diferentes de las otras relaciones afectivas. Una parte importante de la organización social se basa en este supuesto, al menos en las sociedades patrilineales, donde la sobrevaloración de la maternidad (que garantiza que habrá hijos varones para el linaje paterno) y la valoración de las mujeres centrada en su capacidad reproductiva, hace que se interiorice la idea de que la maternidad es un destino, y que implica en sí misma el mayor premio y la más alta satisfacción.
Las mismas mujeres suelen compartir esta creencia, que soslaya la necesidad de construir proyectos de vida individuales y las coloca fuera del ámbito de lo contingente. Pero este mito, que da apoyo y fundamento a los otros dos, ya que el amor y la complementariedad de roles garantizarían la continuidad de la pareja en la etapa de crianza de las criaturas, y la pasividad sexual aseguraría descendencia legítima, ya fue cuestionado en 1949 por de Beauvoir Ella es la primera que de una manera explícita, pone en duda la presunta naturalidad de las conductas maternales y la que propone situarlas en el campo de la cultura. (Simone DE BEAUVOIR, 1968). Desde su propuesta puede separarse el aspecto biológico de la maternidad, de la valoración social de la misma. Esta última incluiría aspectos tales como la importancia que las mujeres den al hecho de ser madres, la intensidad con que deseen o rechacen esa posibilidad, el lugar que le asignen en su vida y el tipo y duración de los ligámenes afectivos y de cuidado, que desarrollen en relación con sus hijos e hijas, e incluso con su descendencia en la generación siguiente.
En realidad la idea de la existencia de un instinto maternal, que determine la conducta de las mujeres al respecto, puede cuestionarse desde dos vertientes: desde la antropología, que muestra la diferencia de las concreciones del amor maternal en las diferentes culturas, y desde la historia que evidencia las evoluciones y cambios de ese sentimiento en el tiempo. En el primer campo, Mead desvirtuó la presunta universalidad de las conductas maternales mostrando cómo las mujeres del pueblo mundugumor, de Nueva Guinea, consideraban una carga y una desgracia tener hijos y derivaban el cuidado de los pequeños a sus hermanitos mayores, sin desarrollar sentimientos de culpa al respecto. (Margaret MEAD, 1982)
Esto tenía interesantes consecuencias teóricas, porque en principio, si una conducta fuera instintiva estaría representada en todos los pueblos e incluso sería más visible cuanto menor fuera la sofisticación cultural del mismo. Así, estas madres a su pesar, ponían en severo entredicho las bases mismas de la asignación de las conductas maternales a la biología. Completando el desmantelamiento teórico, está la evidencia histórica. Trótula de Salerno, la más famosa médica medieval, fue la primera que señaló rechazos explícitos de la maternidad, sugiriendo que lo que buscan las adolescentes que se niegan a comer es librarse de su función de concebir hijos (90) Muchas santas experimentaron este rechazo. Sta Teresa relata que lo que la llevó a huir al convento a los 18 años fue el temor al matrimonio. A los doce años había visto morir a su madre de 33 años exhausta después de parir 14 hijos (Paloma GÓMEZ, 2001).
Por su parte, Badinter muestra que en Europa, durante los tres siglos que van desde el XVI al XIX la práctica de abandono de niños era corriente, y en todas las clases sociales, las madres derivaban a nodrizas el amamantamiento de sus hijos, sin preocuparse demasiado por su supervivencia. El fenómeno estaba tan extendido en Francia, que en 1780, sobre 21.000 niños nacidos en Paris, sólo mil eran nutridos por sus madres. Estas cifras resultan especialmente reveladoras en una época en que la lactancia materna representaba una mayor posibilidad de supervivencia.
El abandono implicaba falta de amor, pero durante muchos años se ha tendido a interpretarlo como una consecuencia de las altas tasas de mortalidad infantil. Dado que morían muchos infantes, limitar la afectividad podía ser una buena estrategia para disminuir el dolor de la pérdida, pero Badinter llega a una conclusión opuesta: No era porque los infantes morían como moscas, por lo que las madres se desinteresaban de ellos, era porque ellas no se interesaban, por lo que morían como moscas (Elisabeth BADINTER, 1980:75). La infancia no sólo carecía de cuidados maternales, hasta bien entrado el siglo XVIII, también estaba ausente en la ciencia y en la literatura. Cuando la vemos aparecer, en los cuentos infantiles la encontramos carente de derechos, abandonada en el bosque o entregada a sus propios y débiles recursos.
Es a partir de Rousseau que los niños -pero no las niñas comienzan a merecer atención pedagógica y social. Su prédica no tenía mucho que ver con su práctica, porque fue él mismo un progenitor del XVIII que abandonó a sus hijos (Jean Jacob ROUSSEAU, 1990) El nuevo interés deriva hacia las madres la carga de responsabilizarse de la supervivencia y buena salud de los nuevos ciudadanos, y esta labor socialmente asignada se rotula como cumplimiento de un impulso innato. El deber social que podría haber sido asumido por ambos miembros de la pareja, o por los adultos del grupo comunitariamente, o por organizaciones aún más amplias como el estado, se asigna unilateralmente a las madres y se naturaliza como una opción biológicamente determinada. La mujer decimonónica será vista fundamentalmente como madre y esta función, desbordando la etapa biológica del embarazo y el amamantamiento, condicionará toda su existencia.
Esta dedicación tiene un coste, Gómez señala: “El matrimonio es un chollo para los varones: recientes investigaciones conceden un promedio de 10 años más de vida a los hombres casados que a los viudos, solteros y divorciados; los casados además presentan menos enfermedades. En el caso de las mujeres es al contrario: las mujeres solteras o divorciadas sin hijos viven más y más sanas que las casadas, que presentan el doble de enfermedades, sobre todo mentales” (Paloma GÓMEZ, 2001:80).
El modelo del amor maternal se caracteriza por el cuidado continuado, la postergación de los propios deseos, la atención a los deseos y necesidades del otro. Es una actividad altruista que implica opciones constantes y que no tiene nada en común con las conductas estereotipadas relacionadas con los instintos. De hecho en la naturaleza no se encuentra entre las hembras animales ni el impulso hacia la maternidad, ni la continuación de la entrega de cuidados una vez las crías han madurado lo suficiente para desenvolverse solas. Entre los seres humanos sí que se dan estas conductas, pero podemos entenderlas como el cumplimiento interiorizado de un mandato social.
Tal fuerza tiene este mandato, que puede utilizarse para justificar cualquier tipo de conductas, por alejada que esté de las restantes normas sociales. Como mandato de primera categoría toma prioridad sobre todos los demás. Así se justifica socialmente que una madre en defensa de su progenie robe o mate. O que para mantenerla se dedique a la prostitución.
La construcción del mito del instinto maternal da, por otra parte, buenos dividendos a la profesión médica, al trasladar el deseo de procrear al campo de lo esperado para todas las mujeres, genera una demanda de reproducción asistida o medicalizada y legitima la casi obligación para las mujeres estériles de someterse a tratamientos complicados, caros y molestos.
No se trata, por supuesto de negar que la maternidad pueda ser un proyecto atractivo, sólo es necesario subrayar que se trata de eso, de un proyecto y como tal es optativo (Elisabeth. BADINTER, 2003, Juin)
Bueno, estoy de acuerdo en q eso del instinto maternal, de las "ganas de ser mamá" no lo tenemos todas las tias, así porque sí. Algo instintivo se debe tener en toda especie animal q para eso es para lo q nos impulsa la naturaleza. Pero no tiene porque ser tan efectivo en unas personas como en otras.
Yo siento que alguna vez me gustaría estar embarazada, dara luz y todo eso. Y otras amigas en cambio no. Hasta ahí sí estoy de acuerdo con el texto.
Pero lo q no acabo de comprender, o puede q mi mente esté muy absorbida por valores sociales, es q una madre, una vez ya es madre, ya ha convivido 9 meses con esa critarua, q tiene q ser un feeling flipante no? pienso yo, y q resulta q no, q eso es algo social, q no es algo especial el q una madre cuide de sus niñ@s me parece q es pirarse de pinza. Yo no se la situación psicológica de las madres de Francia en el siglo XVII o cuando sea, pero creo q sí que hay algo que te impulsa a cuidarles no? Esque por puro sentido natural no? porque tu imaginate los grupos animales q no tuvieran en su código genético el cuidar de su prole, cuando esta nace desvalida (hay animales q se despreocupan de su prole, peor porque esta nace con muchos mecanismos de supervivencia ya)... eso sí que tiene q ser algo instintivo, cudiar de tu prole...q para eso has gastado una energía tremenda en la gestación y todo eso (esto no es q se piense racionalmente, digamos q es como si la Naturaleza evaluara gastos y ganancias...pues la reproducción sexual gasta mucho tiempo y energía, así q si luego no cidas de las crías...menuda "tontería biológica")
Bueno no se, es mi opini´n y a ver si se genera debate
Yo siento que alguna vez me gustaría estar embarazada, dara luz y todo eso. Y otras amigas en cambio no. Hasta ahí sí estoy de acuerdo con el texto.
Pero lo q no acabo de comprender, o puede q mi mente esté muy absorbida por valores sociales, es q una madre, una vez ya es madre, ya ha convivido 9 meses con esa critarua, q tiene q ser un feeling flipante no? pienso yo, y q resulta q no, q eso es algo social, q no es algo especial el q una madre cuide de sus niñ@s me parece q es pirarse de pinza. Yo no se la situación psicológica de las madres de Francia en el siglo XVII o cuando sea, pero creo q sí que hay algo que te impulsa a cuidarles no? Esque por puro sentido natural no? porque tu imaginate los grupos animales q no tuvieran en su código genético el cuidar de su prole, cuando esta nace desvalida (hay animales q se despreocupan de su prole, peor porque esta nace con muchos mecanismos de supervivencia ya)... eso sí que tiene q ser algo instintivo, cudiar de tu prole...q para eso has gastado una energía tremenda en la gestación y todo eso (esto no es q se piense racionalmente, digamos q es como si la Naturaleza evaluara gastos y ganancias...pues la reproducción sexual gasta mucho tiempo y energía, así q si luego no cidas de las crías...menuda "tontería biológica")
Bueno no se, es mi opini´n y a ver si se genera debate

Tanto gilipollas y tan pocas balas.
¿Y qué pasa si el cambio climático es un engaño y estamos creando un mundo mejor para nada?
http://www.mundolibertario.org/milicia-cebolla/
¿Y qué pasa si el cambio climático es un engaño y estamos creando un mundo mejor para nada?
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En mi opinión las ganas de quedarse embarazada, son sólo eso, ganas, que poco tienen que ver con el instinto. Lo instintivo son las ganas de follar, así se aseguró la naturaleza la procreación de la especie (lo que pasa es que no contaba con la invención de los métodos anticonceptivos).yoSkAn escribió:Bueno, estoy de acuerdo en q eso del instinto maternal, de las "ganas de ser mamá" no lo tenemos todas las tias, así porque sí. Algo instintivo se debe tener en toda especie animal q para eso es para lo q nos impulsa la naturaleza. Pero no tiene porque ser tan efectivo en unas personas como en otras.
Yo siento que alguna vez me gustaría estar embarazada, dara luz y todo eso. Y otras amigas en cambio no. Hasta ahí sí estoy de acuerdo con el texto.
Me explico, la naturaleza, sabia ella, hizo que el acto sexual fuera sumamente placentero, para asegurarse el querer repetir y de ese modo que existiera una continuidad de la especie. También es instintivo el hecho (en las mujeres) de que cuando nuestro óvulo está maduro tengamos más ganas de follar, estamos en celo y nuestro cuerpo nos empuja a fecundar ese óvulo. Eso es natural y eso existe en todos los animales, racionales o no. La diferencia es que el ser humano es un ser racional y social y gracias a ello podemos lograr un control de la natalidad.
Todo lo que venga después es modificable y alterable socialmente, es decir, no es instintivo (si así lo fuera sería un hecho universal) y queda demostrado por los diferentes comportamientos que se han dado en diferentes culturas o épocas. Que sea lo correcto o no, eso ya es otra historia, pero creo que, en ese aspecto, no nos mueve un "determinismo biológico"...
No digo q nos mueva un determinismo biológico, o que no haya "sido así siempre". A ver coo explico este "teorema sacado de detrás de la oreja"...
A aprtir del momento en q encontramos la forma de controlar la natalidad, pues sólo tendrán hij@s aquellas madres q quieran, salvando problemillas y sustos y embarazos no deseados vale? sólo quiero exponer una teoría. Pues puede q ese "deseo de ser madre" tb tenga algo q ver con algo genético, algo genético puede hacer q esa mujer tenga más o menos ganas de ser mamá, así q ese algo genético pues se irá pasando a las hijas, mientras q las q no tienen ese deseo, no serán madres y no lo pasarán. ESto no es así ni mucho menos claro, porque hay muchiiisimos otros fctores q intervienen, sociales, culturales, accidentitos, yo q se, mil cosas, y aunq la base genética es muy importante, tb se ve alterada por factores ambientales. Pero eso no quiere decir q no tenga absolutamente ninguna importancia.
Y lo q sí debe ser instintivo es el hecho de cuidar de tu prole. Según la forma de reproducción del animal y el grado de independencia de las crías, hay más o menos cuidados por parte de progenitores. Y el ser humano nace desvalido. Si no hubiera un instinto q hace q se cuide de la prole, no habríamos sobrevivido mucho, ha debido haber tb una selección natrual: la madre q no tuviera ese instinto, dejaba a sus hijos morir, con lo cual, morian antes de la edad reproductiva: sus genes no se transmiten. Se transmiten los de aquellas personas q sí cuidan de sus crias. Y además, esq como digo antes, es una "pérdida biológica de tiempo y energía" : gastar tanta energía en formación de gametos, cortejos, obtención de pareja, primera etapa de la cría en el vientre amterno consumiendo su energía, haciéndola más vulnerable a ataques, largos etc...para q tus hij@s no sobrevivan y no consigas tu objetivo biológico de reproducirte y transmitir tus genes?... es raroq las madres se despreocupen de esa forma por sus crias, es lo q me sorprende del texto.
A aprtir del momento en q encontramos la forma de controlar la natalidad, pues sólo tendrán hij@s aquellas madres q quieran, salvando problemillas y sustos y embarazos no deseados vale? sólo quiero exponer una teoría. Pues puede q ese "deseo de ser madre" tb tenga algo q ver con algo genético, algo genético puede hacer q esa mujer tenga más o menos ganas de ser mamá, así q ese algo genético pues se irá pasando a las hijas, mientras q las q no tienen ese deseo, no serán madres y no lo pasarán. ESto no es así ni mucho menos claro, porque hay muchiiisimos otros fctores q intervienen, sociales, culturales, accidentitos, yo q se, mil cosas, y aunq la base genética es muy importante, tb se ve alterada por factores ambientales. Pero eso no quiere decir q no tenga absolutamente ninguna importancia.
Y lo q sí debe ser instintivo es el hecho de cuidar de tu prole. Según la forma de reproducción del animal y el grado de independencia de las crías, hay más o menos cuidados por parte de progenitores. Y el ser humano nace desvalido. Si no hubiera un instinto q hace q se cuide de la prole, no habríamos sobrevivido mucho, ha debido haber tb una selección natrual: la madre q no tuviera ese instinto, dejaba a sus hijos morir, con lo cual, morian antes de la edad reproductiva: sus genes no se transmiten. Se transmiten los de aquellas personas q sí cuidan de sus crias. Y además, esq como digo antes, es una "pérdida biológica de tiempo y energía" : gastar tanta energía en formación de gametos, cortejos, obtención de pareja, primera etapa de la cría en el vientre amterno consumiendo su energía, haciéndola más vulnerable a ataques, largos etc...para q tus hij@s no sobrevivan y no consigas tu objetivo biológico de reproducirte y transmitir tus genes?... es raroq las madres se despreocupen de esa forma por sus crias, es lo q me sorprende del texto.
Tanto gilipollas y tan pocas balas.
¿Y qué pasa si el cambio climático es un engaño y estamos creando un mundo mejor para nada?
http://www.mundolibertario.org/milicia-cebolla/
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No, si en realidad opino lo mismo que tú. No es que sepa mucho de biología, pero creo que todos o casi todos los animales tiene ese instinto de protección. Claro, ellos lo tienen en estado puro, puesto que su supervivencia depende totalmente de estos instintos (bueno, ahora está también alterada por la intervención del ser humano, pero esa es otra historia).
Pero nosotrxs hace siglos que alteramos y superamos en cierta manera la dependencia genética. La supervivencia ya no depende tanto de la genética puesto que los avances médicos permiten que personas con un mapa genético no "muy privilegiado" sobrevivan.
Del mismo modo creo que nuestro comportamiento está más determinado por lo social que por lo instintivo.
El texto no hace ninguna referencia a la biología, personalmente no puedo ni afirmar ni negar que exista un instinto protector hacia la prole en los seres humanos. Lo único que puedo decir es que echando un vistazo a la historia social universal se puede afirmar que aquello que pretenden vendernos de que "siempre ha sido así", no es cierto, se trata de demostrar que hay otras opciones, otros modos. Simplemente aceptar que una persona (y no lo digo por ti que sé que lo aceptas) puede elegir su destino y la forma de realizarse libremente... pues eso era...
Pero nosotrxs hace siglos que alteramos y superamos en cierta manera la dependencia genética. La supervivencia ya no depende tanto de la genética puesto que los avances médicos permiten que personas con un mapa genético no "muy privilegiado" sobrevivan.
Del mismo modo creo que nuestro comportamiento está más determinado por lo social que por lo instintivo.
El texto no hace ninguna referencia a la biología, personalmente no puedo ni afirmar ni negar que exista un instinto protector hacia la prole en los seres humanos. Lo único que puedo decir es que echando un vistazo a la historia social universal se puede afirmar que aquello que pretenden vendernos de que "siempre ha sido así", no es cierto, se trata de demostrar que hay otras opciones, otros modos. Simplemente aceptar que una persona (y no lo digo por ti que sé que lo aceptas) puede elegir su destino y la forma de realizarse libremente... pues eso era...
Jeje yo me refería sobretodo a lo de las mares estas de francia o noseuqé, que morían muchos niños y tal porque las madres no los cudiaban, joe, me ha resultao muy chocante
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¿Y qué pasa si el cambio climático es un engaño y estamos creando un mundo mejor para nada?
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Las condiciones sociales interfieren mucho en la necesidad o las ganas de tener un hijo. Me explico, en los países más subdesarrollados el hecho de tener hijos viene determinado en un marco social donde éstos son un aporte económico más, pues desde muy pequeños se pondrán a trabajar, y los gastos en educación, sanidad, alimentación e higiéne son muy reducidos e incluso nulos. Son, además, un buen seguro para la vejez de sus padres, pues se encargarán de cuidar y aportar alimentos a éstos cuando ya no puedan trabajar. En éstos países, la tasa de mortalidad infantil es muy elevada, por lo que la tasa de natalidad debe ser también muy elevada para compensarlo. Asimismo, la búsqueda de un hijo varón hará que la pareja procree hasta encontrarlo (y probablemente sigan buscando otro por si este muere de una epidemia, de hambre o de cualquier mal de este "mundo cautivo"). Es por ello que en este caso no se rigen por un instinto maternal que lleve a la mujer a desear un hijo para mantener la especie, sentirse completa, compartir amor, etc., sino que es un "medio" necesario para que sobrevivan ellos mismos, y eso sin tener en cuenta los factores culturales, como la temprana edad del matrimonio (la mujer prácticamente aprovecha toda su edad fértil, desde la primera menstruación hasta la menopausia);la religión, de la que además dependen otros muchos aspectos, como el hecho de que un varón se crea más viril cuantos más hijos tenga, el famoso "creced y multiplicaos", etc. Por el contrario, en un país desarrollado la mujer siente el deseo de tener hijos cuando por algún "hecho misterioso" le llega el momento o cree que se le pasa el arroz; sin embargo, es casi seguro que esto coincida con el momento en el que el matrimonio o la pareja, la madre soltera , o lo que sea, se encuentre/n estable/s (un trabajo, una casa, etc.), pues es en estos países donde los hijos son más bien un gasto.
Es entonces cuando surge la pregunta: si se tratase de un instinto, ¿no sería algo inevitable, incontrolable e intemporal?.
Respecto al cuidado del hijo después de la gestación y el parto, lo más lógico es que, cuando el hijo es buscado, sea para y por lo que sea, ese cuidado se lleve a cabo, pues si no, no tendría sentido esa búsqueda. Y ese cuidado no creo que dependa tanto de un instinto de protección como de un deber, o simplemente una situación de coherencia, pues, volviendo al caso de la pareja en un país desarrollado, no creo que quiera tener una cría para después abandonarla, además, es lógico que la cuiden, pues de otro modo, el bebé no podría hacerlo por sí mismo. Sin embargo, en el otro caso, en el país desarrollado, el cuidado que el hijo recibe en los primeros años de vida es muy básico; tanto es así que en muchas ocasiones ni siquiera sobrevive (punto clave en esa tasa de mortalidad infantil tan elevada);pero igualmente, la cría, indefensa y dependiente, recibe ese cuidado, ya sea por su madre, su hermano mayor, una nodriza o quien sea. Salud (espero no haberme extendido demasiado
).
Es entonces cuando surge la pregunta: si se tratase de un instinto, ¿no sería algo inevitable, incontrolable e intemporal?.
Respecto al cuidado del hijo después de la gestación y el parto, lo más lógico es que, cuando el hijo es buscado, sea para y por lo que sea, ese cuidado se lleve a cabo, pues si no, no tendría sentido esa búsqueda. Y ese cuidado no creo que dependa tanto de un instinto de protección como de un deber, o simplemente una situación de coherencia, pues, volviendo al caso de la pareja en un país desarrollado, no creo que quiera tener una cría para después abandonarla, además, es lógico que la cuiden, pues de otro modo, el bebé no podría hacerlo por sí mismo. Sin embargo, en el otro caso, en el país desarrollado, el cuidado que el hijo recibe en los primeros años de vida es muy básico; tanto es así que en muchas ocasiones ni siquiera sobrevive (punto clave en esa tasa de mortalidad infantil tan elevada);pero igualmente, la cría, indefensa y dependiente, recibe ese cuidado, ya sea por su madre, su hermano mayor, una nodriza o quien sea. Salud (espero no haberme extendido demasiado

Última edición por Anarchici el 22 Jul 2005, 15:05, editado 2 veces en total.
¡La policía me gusta menos que la compota agria con moscas!
Exacto, Anarchici... estamos hablando aquí de las mujeres, que si patatín, que si patatán... Claro, a nosotras, ya de primeras si no somos madres, o no queremos serlo, somos raras... no es "normal"... el binomio mujer-madre ha estado unido en el discurso patriarcalista siempre, además hemos de ser buenas madres, sentirnos buenas madres, sino se nos crea un conflicto de la leche, y si no nos lo creamos nosotras mismas, ya se encarga la sociedad de hacerlo... bueno... ¿y los padres qué? ¿qué hay de su instinto protector? ¿qué pintan ellos en todo esto?
Si un hijo necesariamente requiere de un hombre y una mujer (biológicamente, claro), ¿por qué el instinto siempre va unido a la mujer y no al hombre?; estoy de acuerdo contigo, Nikelona. Ya está bien de esta sociedad en la que el padre es el que se entretiene con el hijo, mientras es la madre la que tiene que cargar con ese instinto de protección.
¡La policía me gusta menos que la compota agria con moscas!
bueno, para entender eso hay que tener en cuenta que en realidad el respeto por la infancia es bastante novedoso... esa unión emotiva entre padres/madres e hijxs no existia... ahora nos puede parecer muy marciano, pero en realidad no empieza a haber una preocupación por la infancia hasta prácticamente la edad contemporánea.yoSkAn escribió:Jeje yo me refería sobretodo a lo de las mares estas de francia o noseuqé, que morían muchos niños y tal porque las madres no los cudiaban, joe, me ha resultao muy chocante
Así es que, entre lo que ha explicado Anarchici, sobre los condicionantes sociales, y haciendo un recorrido a los diferentes momentos históricos, nos damos cuenta que el instinto maternal es una patraña (que decía aquél...)
Como bien ha dicho Anarchici, sería algo inevitable, incontrolable e intemporal, y está demostrado que no es así...
- Despunktao
- Mensajes: 676
- Registrado: 21 Feb 2005, 00:56
Estoy de acuerdo, Anarchici y Nikelona. La mujer ha llevado durante nueve meses esa vida en su vientre, pero eso es porque previamente ella y un hombre follaron, por lo que el interés que cada unx tenga puesto en el resultado de ésto es subjetivo, no tiene que ver con el sexo de cada cual.Anarchici escribió:Si un hijo necesariamente requiere de un hombre y una mujer (biológicamente, claro), ¿por qué el instinto siempre va unido a la mujer y no al hombre?; estoy de acuerdo contigo, Nikelona. Ya está bien de esta sociedad en la que el padre es el que se entretiene con el hijo, mientras es la madre la que tiene que cargar con ese instinto de protección.
Es posible, y se dan casos, donde en un embarazo no deseado [por la mujer, evidentemente, que tendrá que cargar con la imprudencia de otro] el hombre sí lo desee. Y dependiendo del entorno social, cultural, y personal, será por unas u otras razones. Es posible, por el contrario, que sea la mujer la que, a pesar de todo, decida tener al/a bebé [y, por tanto, se supone, cuidarlx], mientras que el hombre se desentienda de todo.
Pero no hablamos de instintos, hablamos de razones personales fomentadas por las circunstancias: económicas, morales, etc. ¿Existe el instinto maternal? Pues no.
Sólo sirve para mantener el mecanismo patriarcal y divisor de tareas sobre el que se construye el sistema, pues aquí nace la Dominación. En la discriminación más básica, el Poder por el Poder, de unxs sobre otrxs por razones de simple azar. Si no hacen falta argumentos para dominar, ¿qué ocurre cuando son inventados? Que no hay límites para la explotación y el sufrimiento que beneficie a una minoría cómoda e insensible al dolor ajeno, observando y manejando el mundo desde un criterio en el cual las personas, incluso la propia, tan sólo son números. Pero la fuerza física ha dejado de ser útil, para esta dominación.
¿Para que obligar [abiertamente], para qué coaccionar a las mujeres [y de paso a los hombres] a asumir un rol vital? Esto es algo que forzosamente crea dos bandos, el tuyo propio y el de quién te impone el modelo. Mejor, han pensado, que sea algo cuya imposición no notes, no huelas. Que ni siquiera sea la sociedad, aparentemente, la que te lo dice, sino tu "interior", tu... ¡tu instinto! Querían algo que fuera natural, algo que legitimara el Poder, así el Poder se convierte en instinto, y la Dominación y Desigualdad tan sólo son consecuencias de un instinto que, por su condición de "natural", no puede ser derrotado. ¿Me he extendido demasiado yo?

Las lágrimas y gritos de las víctimas del Orden empiezan a inundar de Caos nuestro vacío. El único mar que sabrá romper este Mosaico de las Mil Mentiras, en mil pedazos. ¡Espontáneas olas de ira, destruid el dique de esta Pesadilla y romped los hilos que os atan!
- Er melenudo
- Mensajes: 509
- Registrado: 05 Abr 2005, 17:09
Pues yo si creo que existe el instinto maternal, basta con fijarse en la naturaleza. En esta se observan diferentes formas de afrontar el problema de la continuidad de la especie. Por un lado estn los ovíparos, los hermafróditas y también los mamíferos que es lo que somos nosotros.
Analizando el reino animal, vemos que muchas especies sacan adelante a sus crías cuidandolas. Los mamiferos todos. ¿A qué se debe esto? Al instinto, la madre del jabato no se pone a pensar que hacer para optimizar la tasa de supervivencia en una camada, es simplemente su instinto maternal la que la lleva a tumbarse mientras las crías maman.
Hay un monton de ejemplos en los que parejas de animales tienen roles muy definidos para sacar adelante una camada y en todas las especies dependen del instinto.
¿Es acaso el humano tan ajeno a esto?¿No será que simplemente el humano tiene un neocortex que hace que los instintos se complementen con el raciocinio para intentar encontrar un equilibrio?
Según tengo entendido las capas internas del encefalo, funcionan igual para todos los pobladores de la tierra.
Analizando el reino animal, vemos que muchas especies sacan adelante a sus crías cuidandolas. Los mamiferos todos. ¿A qué se debe esto? Al instinto, la madre del jabato no se pone a pensar que hacer para optimizar la tasa de supervivencia en una camada, es simplemente su instinto maternal la que la lleva a tumbarse mientras las crías maman.
Hay un monton de ejemplos en los que parejas de animales tienen roles muy definidos para sacar adelante una camada y en todas las especies dependen del instinto.
¿Es acaso el humano tan ajeno a esto?¿No será que simplemente el humano tiene un neocortex que hace que los instintos se complementen con el raciocinio para intentar encontrar un equilibrio?
Según tengo entendido las capas internas del encefalo, funcionan igual para todos los pobladores de la tierra.
oligarcas temblad
llega la libertad!!!
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- chief salamander
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- Registrado: 13 Oct 2003, 14:09
- Ubicación: Home is where your heart is: en busca del Tercer Ornitorrinco
Instinto no lo sé, aunque sí que entiendo que es natural que los humanos desarrollemos nuestras potencialidades. No dudo que haya una gran presión social, porque, para empezar, todas las mujeres han tenido madres y sólo por eso ya verán algo normal el tener hijos (al igual que los hombres).
Cierto que la sociedad mueve a tener hijos (aunque eso le reste teóricamente eficiencia a la mujer en el mercado laboral: no toda la sociedad alienta la maternidad), pero -aparte de que somos seres sociales y eso no es malo, lo malo es cómo la sociedad está sometida a la autoridad institucional- también pienso que debe de ser una gran tentación realizar la capacidad de albergar vida en tu propio cuerpo.
Claro que eso es opcional: todos podemos desarrollar nuestras capacidades físicas y mentales pero luego cada quien suele ejercitar unas más que otras.
Sobre la otra cuestión del instinto maternal, la de la "protección", puede que sea ese instinto de "protección" o generosidad aplicado a la mujer. Puede que todos lo tengamos y la sociedad lo moldee según nuestros roles. No creo que sea social al 100%.
Ya sé que no he aportado mucho, pero bueno.
Ea.
Cierto que la sociedad mueve a tener hijos (aunque eso le reste teóricamente eficiencia a la mujer en el mercado laboral: no toda la sociedad alienta la maternidad), pero -aparte de que somos seres sociales y eso no es malo, lo malo es cómo la sociedad está sometida a la autoridad institucional- también pienso que debe de ser una gran tentación realizar la capacidad de albergar vida en tu propio cuerpo.
Claro que eso es opcional: todos podemos desarrollar nuestras capacidades físicas y mentales pero luego cada quien suele ejercitar unas más que otras.
Sobre la otra cuestión del instinto maternal, la de la "protección", puede que sea ese instinto de "protección" o generosidad aplicado a la mujer. Puede que todos lo tengamos y la sociedad lo moldee según nuestros roles. No creo que sea social al 100%.
Ya sé que no he aportado mucho, pero bueno.
Ea.
a "faji tisztátalanság" határozottan jótékony hatású...
decididamente, la "impureza racial" tiene un efecto benéfico...
(bartók 1942)
decididamente, la "impureza racial" tiene un efecto benéfico...
(bartók 1942)