B.2.1 ¿Cuál es la función principal del estado?

De Ateneo Virtual
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La principal función del estado es ser garante de las relaciones sociales existentes y sus fuentes dentro de una determinada sociedad mediante el poder xcentralizado y el uso de la violencia. En las palabras de Malatesta, el estado es básicamente “el gendarme de los propietarios privados.” Esto porque existen “dos maneras de oprimir a los hombres [y las mujeres]: directamente por medio de la fuerza bruta, la violencia física; e indirectamente, negándoles los medios de subsistencia y reduciéndolos así a un estado de sumisión.” La clase propietaria, “concentrando gradualmente en sus manos los medios de producción, las fuentes reales de vida, la agricultura, la industria, la feria, etc., acaba por asentar su propio poder, el que, en razón de la superioridad de sus medios [...] siempre termina por someter, más o menos abiertamente, al poder político, al gobierno, y haciéndolo su gendarme propio.” [Op. cit., p. 23, p. 21 y p. 22]

Entonces, el estado es “la expresión política de la estructura económica” de la sociedad y, por lo tanto, “representante de las personas que poseen o controlan la riqueza de la comunidad y de los opresores de la gente que hace el trabajo que genera la riqueza.” [ Nicholas Walter, About Anarchism, p. 37] No es entonces exagerado afirmar que el estado es el aparato extractor de los parásitos de la sociedad.

El estado asegura los privilegios de explotación de su élite gobernante protegiendo ciertos monopolios económicos desde los cuales deriva la riqueza de sus miembros. La naturaleza de estos privilegios económicos varía en el tiempo. Bajo el actual sistema, esto significa la defensa de los derechos de propiedad capitalistas (ver la sección B.3.2). A este servicio se le denomina “protección de la propiedad privada” y se dice que es una de las dos principales funciones del estado, siendo la otra el garantizar que los individuos estén “seguros en sus personas”. No obstante, aunque este último se profese, en realidad la mayoría de las leyes e instituciones estatales están relacionadas con la protección de la propiedad (para la definición anarquista de “propiedad”, ver la sección B.3.1).

A partir de aquí podemos inferir que las referencias a la “seguridad de las personas”, “prevención del crimen”, etc., son en su mayor parte racionalizaciones de la existencia del estado y pantallas de humo para la perpetuación del poder y privilegios elitistas. Esto no quiere decir que el estado no atienda estos asuntos. Por supuesto que lo hace pero, para citar a Kropotkin, a todas las “leyes formadas a partir del núcleo de las costumbres útiles a las comunidades humanas [...] los gobernantes les han sacado provecho para santificar su dominio sobre el pueblo, y permanecen sólo por miedo al castigo.” [Anarchism, p. 215]

En términos simples, si el estado “no presentase más que una colección de prescripciones útiles a los gobernantes, hallaría dificultad en asegurar la aceptación y la obediencia”, de manera que la ley refleja costumbres “esenciales para la existencia misma de la sociedad”, pero éstas son “astutamente entremezcladas con usos impuestos por la casta gobernante y ambas exigen respeto por parte de la gente.” Así, las leyes del estado muestran una “doble faz”. Mientras que su “origen es el deseo de la clase gobernante de dar permanencia a las costumbres impuestas por ellos para su propio beneficio”, también legaliza “costumbres útlies a la sociedad, costumbres que no necesitan de la ley para asegurar su observancia” –a diferencia de “otras costumbres que son útiles sólo a los gobernantes, nocivas para la masa de gente, y mantenida sólo por miedo al castigo.” [Kropotkin, op. cit., pp. 205-6] En un ejemplo obvio, nos encontramos con un estado que utiliza la defensa de las posesiones de un individuo como la exposición razonada para imponer los derechos de propiedad capitalistas a la población y, de esta suerte, defender a la élite y la fuente de su riqueza y su poder contra quienes están sujetos a ellos.

Es más, aunque el estado tiene intereses secundarios al proteger la seguridad de las personas (en particular de la élite), la vasta mayoría de los crímenes contra personas son movidos por la pobreza y alienación debidas a la explotación patrocinada por el estado y también por la desensibilización ante la violencia generada por los métodos violentos propios del estado para proteger la propiedad privada. En otras palabras, el estado racionaliza su existencia encarando los males sociales que él mismo ayuda a crear (directa o indirectamente). De aquí que los anarquistas sostengan que sin el estado ni las condiciones generadoras de crimen a que da lugar, sería posible que las asociaciones comunitarias descentralizadas y voluntarias traten con misericordia (y no castigando) a los pocos individuos incorregiblemente violentos que quedasen (ver la sección I.5.8).

Los anarquistas piensan que es bastante evidente el verdadero rol del estado moderno. Representa los mecanismos coercitivos esenciales con los que el capitalismo y las relaciones de autoridad asociadas a la propiedad privada se mantienen. La protección de la propiedad es el medio fundamental para garantizar la dominación social de los propietarios sobre los no-propietarios, tanto en la sociedad como un todo como en el caso particular de cierto jefe sobre un grupo específico de obreros. La dominación de clase es la autoridad de los dueños de la propiedad sobre los usuarios de esa propiedad, y es la función primaria del estado sostener esa dominación (y las relaciones sociales que la producen). En las palabras de Kropotkin, “los ricos saben perfectamente que maquinaria estatal dejase de protegerlos, su poder sobre las clases trabajadoras desaparecería inmediatamente.” [Evolution and Environment, p. 98] Protección de la propiedad privada y dominación de clase son una misma cosa.

El historiador Charles Beard llega a una similar conclusión:

Visto que el primer objeto de un gobierno, más allá de la mera represión de la violencia física, es hacer las leyes que determinan las relaciones de propiedad de los miembros de la sociedad, las clases dominantes cuyos derechos son así protegidos deben forzosamente obtener del gobierno tales leyes, ya que ellas son consonantes a los intereses superiores necesarios para la permanencia de sus procesos económicos, o bien controlar ellos mismos los órganos gubernamentales.

“An Economic Interpretation of the Constitution”, op. cit., p. 89

Este rol del estado –proteger el capitalismo y la propiedad, el poder y la autoridad del propietario privado– lo advirtió también Adam Smith:

[L]a desigualdad de la fortuna [...] introduce entre los hombres un grado de autoridad y subordinación que quizá antes no podía haber existido. Con ello introduce cierto grado de ese gobierno civil indispensablemente necesario para sus propia preservación [... y] para mantener y asegurar dicha autoridad y subordinación. Los ricos, en particular, están necesariamente interesados en defender ese orden de cosas que puede garantizarles por sí solo la posesión de sus ventajas. Los hombres de inferior riqueza se combinan para defender a los de riqueza superior en la posesión de su propiedad, para que los hombres de superior riqueza puedan combinarse para defenderlos a ellos en sus propias posesiones [... L]a mantención de su menor autoridad depende de la mantención de su mayor autoridad, y ésta, de su subordinación a ellos. Constituyen una especie de pequeña nobleza, que se sienten interesados en defender la propiedad y apoyar la autoridad de sus pequeñas soberanías para que ellos puedan defender su propiedad y apoyar su autoridad. El gobierno civil, en tanto está instituido para la seguridad de la propiedad, está en realidad instuituida para la defensa de los ricos contra los pobres, o de quienes poseen alguna propiedad contra los que no tienen absolutamente nada.

The Wealth of Nations, libro 5, pp. 412-3

Esto se refleja tanto en la teoría como en la historia del estado moderno. Los teóricos del estado liberal como John Locke, no tenían reparos en desarrollar una teoría del estado que colocase en el centro la defensa de la propiedad privada. Esta perspectiva se reflejó en la Revolución de los Estados Unidos. Por ejemplo, están los dichos de John Jay (el primer presidente de la Corte Suprema): “quienes son dueños del país deberían gobernar”. [citado por Noam Chomsky en Understanding power, p. 315] Ésta fue la máxima de los Padres Fundadores de la “democracia” estadounidense y continúa siéndolo hasta el día de hoy.

Entonces, en su expresión más simple, el estado es el medio de dominación de las clases gobernantes. Bakunin dice:

El Estado es autoridad, dominación y fuerza, organizadas por las clases propietarias y dizque ilustradas en contra de las masas [...] la dominación del Estado [... garantiza] la dominación de las clases privilegiadas a las que únicamente representa.

The Basic Bakunin, p. 140

Bajo el sistema actual, esto significa que el estado “constituye el primer bastión del capital” debido a su “centralización, la ley (siempre escrita por una minoría en favor de dicha minoría) y las cortes de justicia (establecidas principalmente para la defensa de la autoridad y el capital).” Así, “la misión de todos los gobiernos [...] es proteger y perpetuar por la fuerza los [...] privilegios de las clases propietarias.” En consecuencia, “[e]n la lucha entre individuo y Estado, el anarquismo [...] adopta la posición del individuo en su oposición al Estado, de la sociedad en contra de la autoridad que la oprime,” los anarquistas saben muy bien que el estado no está por sobre la sociedad, independiente de las clases que la conforman. [Kropotkin, Anarchism, pp. 149-50, p. 214 y pp. 192-3]

Por consiguiente, los anarquistas rechazan la idea de que el rol del estado sea simplemente representar los intereses del pueblo o “la nación”. Dado que “la democracia en una ficción vacía al punto que la producción, la finanza y el comercio –y junto a ellas, los procesos políticos de la sociedad– están bajo el control de 'concentraciones de poder privado'. El 'interés nacional' como lo articulan quienes dominan las [...] sociedades serán sus propios intereses. Bajo estas circunstancias, hablar de 'interés nacional' sólo puede contribuir a la mistificación y la opresión.” [Noam Chomsky, Radical Priorities, p. 52] Como discutimos en la sección D.6, el nacionalismo siempre refleja los intereses de la élite, no de quienes integran la nación, y, luego, los anarquistas rechazan la noción nada más que como un timo (i.e. la utilización del afecto al lugar en que uno vive en pro del poder y los objetivos de la clase gobernante).

Por cierto, parte del rol del estado como defensor de la élite gobernante es hacerlo intencionalmente, defendiendo los intereses “nacionales” (i.e. de la élite) de las élites de otras naciones. Así nos encontramos con que en FMI y el Banco Mundial, las naciones son representadas por ministros que están “íntimamente alineados con electores particulares dentro de sus países. Los ministros de comercio reflejan las perocupaciones de la comunidad comercial” en tanto que los “ministros de hacienda y presidentes de bancos centrales están estrechamente asociados a la comunidad financiera.” No es sorprendente que “las decisiones de cualquier institución reflejan naturalmente las perspectivas e intereses de quienes toman las decisiones”, como ocurre con “las políticas de las instituciones económicas internacionales [que están] demasiado a menudo alineadas con los intereses comerciales y financieros de las que operan en los países altamente industrializados.” [ Joseph Glitz, Globalisation and its Discontents, pp. 19-20]

Hay que enfatizar que esto no cambia en el llamado estado democrático. Aquí, empero, la función primaria del estado es maquillada con la fachada “democrática” del sistema electoral representativo, a través del cual se hace parecer que el pueblo es quien gobierna. De manera que Bakunin afirma que el estado moderno “funde en sí mismo las dos condiciones necesarias para la prosperidad de la economía capitalista: la centralización estatal y el auténtico sometimiento de [...] la gente [...] a la minoría que dice representarla pero que en realidad la gobierna.” [Op. cit., p. 210] La manera en que esto se logra se discute en la sección B.2.3.

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