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Eróstrato

En febrero del año 2011 salió, desde Valladolid por la red de redes, en archivo PDF, un panfleto antinacionalista titulado ¡QUE ARDAN TODAS LAS PATRIAS! (OTRA GLOBALIZACIÓN ES POSIBLE), con ese escrito se quiso denunciar como el nacionalismo habría sido asimilado por la izquierda política (mejor dicho, las izquierdas, porque la izquierda no es una sino varias). El movimiento obrero desde tiempos de la Primera Internacional siempre ha pretendido ser internacionalista, como sinónimo de cosmopolita o universal. Internacionalismo entendido como la superación de todo tipo de barreras culturales y nacionales que separan a las gentes, a los pueblos en identidades subjetivas.

El nacionalismo es una ideología, con raíces burguesas, que se complementó en la implantación de la economía capitalista y la formación del Estado moderno. La nueva élite burguesa, que arrebató el poder a las anteriores aristocracias del Antiguo Régimen, necesitó de una nueva fe política que identificase a los gobernados con sus mandatarios, y a esa creencia se llamó patria.

El socialismo se adhirió a un internacionalismo obrero para hacer frente a las nuevas injusticias sociales que salieron de las llamadas revoluciones liberales, revoluciones burguesas ante todo. Cuando alguien mezcló el socialismo con el nacionalismo parió el fascismo, para frenar el avance del movimiento obrero y defender los intereses capitalistas, en nombre de un falso anticapitalismo. La criatura fascista se desmadró y tuvo que ser eliminada por los mismos quienes la alimentaron, tras la II Guerra Mundial.

El imperialismo fue la máxima expresión de ese nacionalismo de las potencias, y a él se enfrentó otro nacionalismo ‘liberalizador’, que no era más que el intento de sustitución del poder por las élites nativas de las coloniales.

Este tipo de nacionalismo ‘liberalizador’ o ‘defensivo’, sirvió de inspiración a otros movimientos políticos y sociales, que dicen defender los derechos de sus respectivos pueblos y regiones, respecto a sus opresivos gobiernos centrales, con la única finalidad de crear sus propios mini-Estados, en nombre del Derecho a la Autodeterminación de los Pueblos o Naciones. Simplemente, para cambiar de amos sin emanciparse de ellos (los autóctonos).

Esta fue la idea, a grandes rasgos, que quisimos exponer en el texto susodicho (y que sacamos en el blog EL AULLIDO: ¡¡¡ANARQUICEMOS, «ANARQUIZAD»!!!, bajo el nombre de Grupo Anarquizante Stirner), también vino acompañado de un número en papel de EL AULLIDO, en abril de ese año que se repartió por varios locales de la ciudad.

En él se atacó directamente los llamados ‘nacionalismos periféricos’ de este país, que se definen como antiespañolistas, debido, en contra de los que mucha gente cree, a que beben de las mismas fuentes racistas y reaccionarias que aquél que dicen osar hacer frente, el nacionalismo español. En una charla que hizo el autor principal de este texto en Toledo, se le echó en cara esto, por qué se criticaba los nacionalismos vasco o catalán y no al español. Por eso, porque nos los han vendido como progresistas y avanzados, cuando en el fondo surgen de las mismas raíces ultramontanas y supremacistas, como denunciamos en el ¡QUE ARDAN...!, los unos no existirían sin el otro, ambos se retroalimentan.

Después de los años, y con lo que estamos viendo últimamente, volvemos a sacarlo como número especial de AMOR Y RABIA. Con diferentes nombres somos la misma gente, nunca nos hemos ido.

¡SALUD Y LIBERTAD!

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Autor / es: 
Angry Workers of the World

Traducción e introducción @a_bandazos

Creo que, pasando todo lo que está pasando en Catalunya estos días, la publicación de este texto puede echar un cable a reflexionar, aunque sea de modo teórico, las implicaciones prácticas de varios métodos de lucha, entre otras cosas. ¿Cómo podría gestionarse un territorio boicoteado internacionalmente? ¿Es tan cierto aquello de que “no tengamos miedo, si los supermercados están llenos?. El artículo parte desde una posición anticapitalista, y obviamente, el proceso que estamos viviendo aquí ni de lejos se propone superar el modelo económico actual.

El texto parte de un breve análisis de las protestas de los últimos años y las apuestas institucionales, repasa las teorías sobre “la población excedente” (surplus population) y de la “clase obera global” (global working class), las relaciones globales en la producción, hasta llegar a un pequeño análisis de la organización, y como articularla en un proceso revolucionario.

Un artículo, que vale la pena imprimir para leer con calma, o hacerlo en varios días, ya que tiene varias páginas, pero sin embargo merece la pena. Se agradecen reseñas, correcciones y sugerencias del texto.

Puedes leerlo o descargarlo aquí.

-Solidaridad es seguir luchando. -Una experiencia de lucha autónoma en Rosario.  -A Santiago lo secuestraron luchando. -Autonomía y auto–organización. -Por la radicalización de la conflictividad social existente. -Los mapuche no son chilenos ni argentinos, nosotros tampoco… –Memoria: Estanislao Zeballos y la Conquista del Desierto.

PDF: “La Oveja Negra #50”

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Todo Por Hacer es una publicación anarquista que se edita mensualmente en Madrid. Se distribuye de forma gratuita en esta ciudad y se puede descargar en www.todoporhacer.org

Descarga el número de octubre de 2017 aquí

 

Articulos

  • Independencia de Catalunya: ¿Cómo, por qué y para qué?
  • Más allá del procés: luchas laborales en Barcelona
  • Murcia soterrada: Another article about the wall
  • Santiago Maldonado: contexto histórico de una desaparición en democracia
  • Si fallamos
  • Algunas notas sobre el origen de las cárceles
  • ¿Feminismo para qué?
  • La clase: una introducción

Novedades

  • [Fanzine] Los cuadernos de La Canica. #1 “Expropiaciones”
  • Navegando por las cloacas del Estado

Tirada: 2.000 ejemplares
Contacto: todoporhacer@riseup.net
www.todoporhacer.org

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Autor / es: 
@NiCarcelNiCIE

La Asamblea contra los CIEs de Madrid presentó en mayo su fanzine. Lo puedes descargar y leer en el siguiente enlace.

Con este fanzine pretenden ayudar a que todas seamos conscientes de las injustas situaciones por las que son obligadas a pasar las personas que lo único que hacen es ejercer su derecho y necesidad innata de migrar, y que dependiendo de su color de piel y estatus económico y social entrarán dentro de este entramado que persigue y criminaliza la pobreza.

Aprovechan este medio para no sólo hablar de lo que ocurre detrás de los muros de los CIEs, sino para ir más allá y dar una pincelada a las políticas y medidas institucionales tanto europeas como a las políticas más o menos reformistas del estado español, así cómo las diferentes empresas que participan y se lucran de toda esta madeja represiva. A través de este racismo institucional se potencia y justifican, tanto directa como indirectamente, el aumento de grupos de ultraderecha que instigan el odio xenófobo a la población.

Los CIEs, una de las caras más visibles y duras de las políticas racistas institucionales en las que se encierra a las personas por su condición racial y económica, son unas de las herramientas que utiliza el sistema para instaurar y perpetuar el control sobre la población migrante como paso previo a su deportación; siendo también una medida coercitiva con el fin de generar miedo a las migrantes.

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Disculpando la demora en la entrega de la versión en PDF, les dejamos la edición de septiembre del periódico, entre cuyos contenidos encontraran:
Nota Editorial (Pág 2)
Dejemos de naturalizar a los violadores (Pág 3)
Pobre tipo [refiriéndose al violador] (Pág 6)
La FACC frente… (continuación) (Pág 7)
Perplejidades Intempestivas (Pág 8)
Carta a Tomás Ibáñez (Pág 9)
CRIFA y Foro de Brasil (Pág 10)
+ Fascículo : 5to Relatos Verdes de Diego Vásquez.

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Enlace al número [sólo versión on-line]

"El movimiento anarquista, esto es, el conjunto de los individuos que quieren el máximo desarrollo de la persona humana en el seno de las comunidades creadas por el esfuerzo solidario y el libre acuerdo, sin Estado, sin dogmas y sin privilegios, tiene un objetivo práctico y político (y, respecto a este objetivo, es - en su sector más importante - un movimiento organizado), pero no tiene la conquista del poder, sino a la creación de muchísimas cosas y a la destrucción de muchísimas otras, en los más variados aspectos, materiales y espirituales, de la vida. Esto hace que ni siquiera su parte organizada tenga un verdadero carácter de partido: ni carnets, ni votos, ni palabras de orden. Y entonces la gente, que frecuentemente se pregunta: ¿Qué quieren los anarquistas?, y desea una respuesta clara y concisa de catecismo, queda desorientada y se alza de hombros".

Luce Fabbri1

Es imposible comprender la historia del movimiento popular uruguayo sin atender al papel de los anarquistas, y los anarquismos, en su constitución y desarrollo cultural y organizativo, ético y estético. Al menos hasta la década de 1960, el anarquismo estaba presente, con mayor o menor especificidad doctrinaria, en las organizaciones de masas de trabajadores y estudiantes, y en un sinfín de asociaciones culturales, deportivas y productivas. Una mitad de siglo donde florecieron las federaciones y mutuales, los gremios solidarios, las asociaciones libres, las publicaciones y bibliotecas, los debates entre los diferentes anarquismos, la resistencia al terrismo, la solidaridad con los revolucionarios de España, las luchas antifascistas, las propuestas pedagógicas basadas en la escuela racionalista, las movilizaciones por la autonomía y el cogobierno universitarios, el tercerismo revolucionario. Todo esto estaba organizado desde, o impregnado por, un contínuo anarquista-libertario, de indudable peso dentro de las tradiciones socialistas en el Uruguay de la primera mitad de siglo. E incluso mirando hacia arriba, el propio batllismo llegó a tener, en Domingo Arena, a un “ministro anarquista”, coautor junto a Batlle y Ordóñez de la obra “El Colegiado”.


 Ilustración: Federico Murro

Son innumerables las herencias culturales y políticas que debemos a los anarquismos de la primera mitad del siglo XX. La organización federal que, hasta el día de hoy, tienen por ejemplo la FEUU y el PIT-CNT (“CNT” que, vale recordar, es una convención y no una central), se debe a la fuerte tradición autonomista de nuestro movimiento popular, y al enorme arraigo que en él tuvo el principio de independencia de clase. Y hasta el sistema mutual, tan desvirtuado en la actualidad por la mercantilización de la salud, tiene su origen en el Uruguay en el mutualismo solidario de perfil anarquista (basta recordar, para más referencias, a Carlos María Fosalba y José Gomensoro, médicos y anarquistas, fundadores, junto a otros colegas de igual impulso solidario, del Centro de Asistencia del Sindicato Médico del Uruguay).

Si la masividad fue una característica del movimiento anarquista y libertario en buena parte del siglo pasado, ¿qué pasó después? ¿Entró en crisis el anarquismo? ¿Se fue alejando de los movimientos populares hasta quedar reducido a prácticas heroicas pero marginales (“quijotescas”, como las (des)calificaba Hobsbawm); a un tema de erudición para viejos profesores románticos; a una parcela académica para nuevos profesores mayofrancesistas; o a un espacio de experimentación para artistas posestructuralistas? ¿O lo que entró en crisis fueron nuestros modos de comprensión de los movimientos populares y, en general, las ideas (modernas) respecto al cambio social? ¿Qué nos dice al respecto el resurgir, con el nuevo siglo, de nuevas experiencias de militancia, a nivel global, basadas en la acción directa y el antiautoritarismo? En cualquier caso, ¿cuánto de reflujo y cuánto de mutación es posible advertir en la peripecia histórica de los anarquismos uruguayos (o mejor dicho, de los anarquismos en Uruguay)? Y también: ¿cuánto de transversalidad tiene ese fenómeno que solemos ver como dispersión?

El teórico anarquista uruguayo Daniel Barret aporta líneas de interpretación en este sentido. Para Barret, fruto de los cambios que la globalización capitalista - y sus contestaciones - han producido en las relaciones sociales desde fines del siglo pasado, el anarquismo ha vuelto a cobrar fuerza y presencia en los llamados “nuevos movimientos sociales”, en la politización del cuerpo, el amor y lo doméstico, en numerosas luchas específicas (antiglobalización, antipatriarcales, antidesarrollistas, anti-extractivistas, okupas, etc) y con diferentes niveles de articulación (horizontal, en redes, en coordinaciones puntuales, en federaciones, etc) 2. Por lo demás, como advierte Jason Adams 3, el diagnóstico de la crisis del anarquismo pierde sustento si ampliamos la mirada a lo que llama “los anarquismos no occidentales”, esto es: la diversidad abierta de experiencias de autoorganización y confrontación antiautoritarias y anticapitalistas nacidas en el tercer mundo en diferentes momentos históricos, desde Flores Magón a comienzos del siglo XX a la actual experiencia federalista revolucionaria kurda en Rojava.

En cualquier caso, se impone una constatación: lo que, al modo de una ficción, llamamos “el movimiento anarquista” o “libertario”, puede mejor ser descrito como un conjunto abierto de formaciones más o menos estables o efímeras, convenidas desde principios antiautoritarios y de acción directa, en torno a prácticas culturales y artísticas, a experiencias de vida y autogestión, o a luchas específicas. De este modo, lo que a primera vista, y desde cierto lente, nos podría parecer una situación de declive, al observar estas experiencias, sin importar cómo se autodefinan, sin importar la presencia en muros y carteles de la A en su redondel, se nos revela una insoslayable vitalidad de las ideas anarquistas en muchas organizaciones y colectivos contemporáneos: como la autogestión, el federalismo, la horizontalidad, la igualdad, la libertad.

Por lo demás, sin importar auge o declive, verdadero o supuesto, lo cierto es que el anarquismo ha sido, desde el fondo de los tiempos, objeto preferido por la represión policial. Como a un virus mortal, el estado lo vigila, infiltra, persigue y reprime. Y lo desaparece: ¿dónde está Santiago Maldonado? Desde el centro de esta represión estatal, sus medios de prensa y sus intelectuales orgánicos, se construye y propaga otro de los rasgos del fenómeno anarquista de nuestro tiempo: su criminalización. La construcción estatal de lo que Uri Eisenzweig (estudiando el caso francés de fines del siglo XIX) analiza como el origen de la idea de terrorismo a partir del “mito del anarquista que pone bombas” 4. Construcción que apela a un terror social profundo, preverbal, justificador de la vigilancia y la represión que los oprimidos interiorizan como necesidad.

De todo esto, y de mucho más, está conformado ese objeto inasible, esquivo, que llamamos anarquismo. Con este número hemos querido aproximarnos a la enorme diversidad de dicho movimiento en nuestro país. El resultado ha sido, por cierto, parcial. Son muchas las experiencias, autores, debates y colectivos que no hemos podido integrar. No obstante, pensamos que los que sí componen el número dan cuenta de esa diversidad abierta y vital, que en organizaciones específicas, en agrupamientos inestables y mutantes, o como lógicas anti-autoritarias y anti-burocráticas transversales a las luchas populares, conforman el variopinto y poliverso movimiento anarquista y libertario en el Uruguay actual.

Nuestra intención con este número es seguir promoviendo intercambios y debates al interior del hemisferio de las izquierdas. Dejando de lado los rótulos, para atender a las ideas, como insistía Gerardo Gatti. Se trata de pasar del impaciente “¿qué quieren los anarquistas?” (que evoca el epígrafe de Luce Fabbri), a la tarea de ampliar la convocatoria a la gran conversación sobre el socialismo en la actualidad. Una vez más.

  • 1. Luce Fabbri, "El camino. Hacia un socialismo sin estado" (Montevideo, 2000: Nordan)
  • 2. Daniel Barret, “Los sediciosos despertares de la anarquía” (Buenos Aires, 2011: Libros de Anarres, Terramar Ediciones & Editorial Nordan).
  • 3. Jason Adams, “Anarquismos no occidentales” (México, 2017: Abya Yala).
  • 4. Uri Eisenzweig, “Ficciones del anarquismo” (México, 2004: Fondo de Cultura Económica).
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Atracar bancos a mano armada es una lata. Este método artesanal de expropiación está al borde de la desaparición por causas económicas antes que estéticas o psicológicas. El desequilibrio entre coste y beneficio de los atracos (condenas crecientes y botines decrecientes) comenzó exactamente en 1971, el año de la abolición del patrón oro. Desde entonces, sin lastre metálico, el dinero se ha ido difuminando progresivamente hasta convertirse en lo que ya casi es: humo digital. Al compás de la transformación, las cajas fuertes de los bancos sufrieron un sutil proceso de vaciamiento cuyos efectos son sólo evidentes ahora, 45 años después. Así es como hemos pasado de expropiar el dinero de la sucursal a expropiar la sucursal misma, el inmueble completamente vacío.

Bien mirada, la sublimación física del dinero capitalista no es mala. Por un lado, nos ha permitido ensayar otras técnicas expropiatorias más eficientes que el atraco, acciones cuyos tipos penales (alzamiento de bienes, insolvencia punible, etc.) conllevan condenas reducidas por tratarse de delitos típicos de la clase social que legisla. Pero, más interesante aún, el fenómeno nos ha obligado a reflexionar más a fondo sobre esto del dinero. Si no tiene que ser algo necesariamente sólido, de piedra, metal, papel, etc., como nos hicieron creer en la escuela… Si puede ser aire, información almacenada en bits… ¿Qué es realmente el dinero?

La búsqueda de respuestas a esta pregunta nos ha abierto el camino de una táctica que excede el alcance de la clásica expropiación de monedas capitalistas o su multiplicación clandestina (la falsificación). Nos referimos a la creación de monedas alternativas, que viene a ser una forma de expropiación ácida que corroe el monopolio bancario de fabricación y distribución de dinero.

De asuntos como estos hablamos en Expropiaciones, primer número de nuestra serie Acción Económica que puedes descargarte aquí en versión para lectura o en versión para imprimir.

[Descargar Expropiaciones, primer número de nuestra serie Acción Económica en PDF]

Cartel de la presentación.

La Canica

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Pues descargalu equí: Asturies nº8

Nesti númberu:

  • Su paz social, nuestra ruina
  • Pactos de la Moncloa 40 años después
  • Xixón obreru, BOICOT al pasteleru
  • Capgemini en Lucha
  •  Errekaleor vive: Comunidad y resistencia
  • A vueltes col CSA
  • Lo más sagrado de este mundo…
  • Unas pinceladas sobre cómo el sistema capitalista controla el medio rural
  • El getu anarkista

Periódicoa Anarquista Asturies

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[...] El sindicalismo, o más exactamente el movimiento obrero (el movimiento obrero es un hecho que nadie puede ignorar, mientras que el sindicalismo es una doctrina, un sistema, y debemos evitar confundirlos) ha encontrado siempre en mí un defensor a ultranza, pero no ciego. Ello es debido a que veía en él un terreno particularmente propicio para nuestra propaganda revolucionaria, a la vez que un punto de contacto entre las masas y nosotros. No necesito insistir en esto. Se me debe en justicia reconocer que no he sido nunca de esos anarquistas intelectuales que, cuando se disolvió la vieja Internacional, se encerraron benévolamente en la torre de marfil de la pura especulación; no he dejado de combatir, donde quiera que me encontrara, en Italia, en Francia, en Inglaterra o en otra parte, esta actitud de aislamiento altivo, ni de empujar a los compañeros de nuevo hacia esa vía que los sindicalistas, olvidando un pasado glorioso, llaman nueva, pero que ya había sido vista y seguida en la Internacional por los primeros anarquistas.
Hoy como ayer, quiero que los anarquistas entren en el movimiento obrero. Soy, hoy como ayer, un sindicalista, en el mismo sentido en que soy partidario de los sindicatos. No pido unos sindicatos anarquistas que serían tan legítimos como los sindicatos socialdemócratas, republicanos, monárquicos u otros, y servirían para dividir más que nunca a la clase obrera contra sí misma. No quiero tampoco esos sindicatos llamados rojos, porque no quiero tampoco los sindicatos llamados amarillos. Quiero, por el contrario, los sindicatos ampliamente abiertos a todos los trabajadores sin distinción de opiniones, los sindicatos absolutamente neutros.

Por tanto, soy partidario de la participación más activa posible del movimiento obrero. Pero lo soy sobre todo en interés de nuestra propaganda, cuyo campo es considerablemente amplio. Esta participación no puede equivaler por sí sola a una renuncia a nuestras ideas más queridas. En el sindicato debemos seguir siendo anarquistas, con toda la fuerza y amplitud del término. El movimiento obrero no es para mí sino un medio; el mejor, evidentemente, de todos los medios que se nos ofrecen. Este medio me niego a tenerlo por un fin, e incluso no lo desearía si nos hiciera perder de vista el conjunto de nuestras concepciones anarquistas, o más simplemente nuestros demás medios de propaganda y agitación.

Los sindicalistas, por el contrario, tienden a hacer del medio un fin, a tomar la parte por el todo. Y es así como, en la mente de algunos de nuestros compañeros, el sindicalismo se está convirtiendo en una doctrina nueva y amenaza al anarquismo en su propia existencia. [...]

Errico Malatesta

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