Los libres

Por Iván F. Mérida A.*

Como se vanaglorian los perpetuos esbirros autocomplacientes que pululan las sociedades, contemplando y calificando los índices de verdad, dando juicios definitivos sobre el bien y el mal, declarando cuando debemos avanzar y cuando debemos parar.

Caminando entre malezas que se denominan leyes, somos corruptibles dentro de lazos políticos jerarquizados que invierten los presupuesto de libertad para llamarla orden implícito dentro de la sociedad, un orden regulado, que va más allá de lo que puede ser tolerado, pero no tanto como para sumirnos en la nulidad absoluta.

Es la sociedad de los egoístas la cual determina nuestros pareceres, nuestras actitudes hacia el final, nuestros intereses comunes y fines concretos. Las liberalizaciones de mercado, las manifestaciones de garantías individuales y constitucionales, las luchas vindicadoras de paz mundial, de filantropía y empatía social son falsedades a medias.

De esta manera ¿Cómo no tomar nuestros cuerpos y lanzarlos al abismo esperando que acabe la parasitaria vida humana? Si solo lo hiciéramos seriamos contribuyentes a que en este mundo finito nuevas especies cooperativas surjan y continúen su evolución natural. Pero así como ellas luchan por prevalecer en su hábitat, nosotros no solo buscamos existir, también buscamos nuestro prevalecimiento hegemónico y absoluto acabando todo a nuestro paso.

Por esta postura tan absolutista ¿Por qué no simplemente suicidar a toda la humanidad? Con Oppenheimer desarrollamos el proyecto Manhattan, continuamos nuestra lucha egoísta y autocomplaciente y nos tenemos en la mira los unos a los otros, pero solo somos materia en descomposición, organismos frágiles y determinados por nuestras condiciones sociales, organismos sumidos bajo nuestros instintos primarios; claro que está bien, aceptando que solo somos mamíferos distinguidos por el uso de la razón, una razón que despertó con el fuego y que podría acabar con lluvias de fuego nuclear.

Pero ¿Por qué no simplemente exterminar a todas las entidades humanas que habitan el mundo? Siglos de imperios y alianzas, unas detrás de otras, hombres vienen y van como el trigo antes y después de la cosecha, pocos nombres quedan en la memoria colectiva, pocos son recordados, labramos el camino de los protagonistas de la historia, pero después no somos nada, luchamos por decisiones establecidas, salimos con una intención ilusoria y fabulosa de felicidad humana, pero luego vemos en nuestro reflejo y encontramos senectud, miseria en la inteligencia, miseria en los presupuestos de verdad, debilidad en nuestros cuerpos tan frágiles y tan breves; somos la continuación de un homínido que tardo cientos de miles de años antes de entender el fuego y en cien años pasamos de intentos de vuelo a exploración espacial. Si es cierto, somos polvo de estrellas, y al darnos cuenta de nuestra simpleza animal solo podríamos entendernos y dejar nuestros egos, pero ellos son parte de nuestras metas concluidas, de nuestras luchas acabadas. Hemos llegado muy lejos en este momento después de millones de años de evolución y continuamos siendo los mismos canallas hipócritas.

Entonces ¿Por qué no simplemente devastarnos con nuestras mismas armas? Y después hablamos de organismos sociales internacionales que previenen el hambre, la muerte infantil, la exterminación étnica; liberales, ortodoxos, pseudo-radicales, marxistas y estatistas, todos con una porción de su verdad, pero todos buscando jugar un juego en el que el perdedor desaparece de la historia inmediata.

¿Qué es más importante entonces para ellos? El resultado de suma cero, el placer único para sus sentidos, controlar y desatar la venganza contra el que no quiere ser ordenado, vigilado y dirigido. Envidia, gula, avaricia, pereza, ira, soberbia, lujuria… no estaban lejos de una afirmación coherente los absolutistas religiosos, pero ellos son necesarios en nuestro mundo, son necesarios porque los poderes externos venden, comercian, y juegan con las debilidades más grandes de aquel homínido moderno llamado homo sapiens. ¿Qué sería de nuestras sociedades si dejáramos nuestras debilidades y nos preocupáramos por construir sociedades en las que prime el interés colectivo de los pueblos y no solo el individual de una o unas cuantas potencias? ¡Utopías solo utopías les dicen! a los que se resisten a dejarse sumir en el mundo del Imperio, pocos y mucho más débiles, perseguidos y asesinados, solo se mata a los que van contra el rumbo prefijado por la historia de los victoriosos, se va contra los que quieren cambiar el plan de control global, se va contra los que quieren la racionalidad, ¡pocos quedan! los demás solo son rebaños silenciados, y los pocos racionales creen que se superara el plan original, retrasando el tiempo de la autodestrucción humana; los más inteligentes y astutos están disfrutando el instante, los menos inteligentes están desperdiciando sus vidas tratando de cambiar el destino que Estados Unidos y los grandes poderes han lanzado sobre el medio ambiente, sobre el mundo y sobre la humanidad, si esta es la realidad ¿porque no callamos de una vez por todas?

¡Jamás!... Todos los días mueren auto-silenciados, victimas, inocentes y seres padecientes, ciegos, sordos y mudos ante esta realidad. Y justamente es ahí cuando debemos mantener nuestras voces elevadas, nuestros puños listos para la lucha, nuestras ideas listas para el debate, existiendo para demostrar que en un breve momento fuimos conscientes de nuestra realidad, con cuerpos y mentes que amaron, que vivieron y que lucharon sobre todas las cosas. El valor de nuestros cuerpos no se mide por la esteticidad que significa para el resto, ni de los accesorios con los que lo adornamos, sino de las acciones que concretamos hacia la realidad externa. Todo lo demás es ilusorio, las ideas todas pueden ser solo reflejos de una mente muy bien construida, pero las acciones se ven sometidas a todas las cuestiones, las pruebas externas y a todos los detractores de una acción vindicadora y directa. La acción es una cuestión compleja, las ideas son puras y muy bien establecidas como las fórmulas matemáticas de la economía. Todas ellas pueden ser perfectas si quitamos el factor humano, pero la realidad con sus complejidades va más allá de lo se puede únicamente pensar, estructurándonos y reformándonos.

Aterrorizados por una falsedad elocuente y nulificadora de todos los que quieren existir en este plano y dejar los absurdos de la trascendencia espiritual, dejar la cobardía del refugio divino, dejar de lado los dioses y salvadores, ídolos y mártires, siendo solo nosotros, aquí en este plano, en este mundo, con estos cuerpos, con estos defectos, con estos momentos únicos y preciosos. No existe nada más. No existe más temor, desafiamos a los amos, desafiamos las reglas perpetuadas por la ignorancia, desafiamos las reglas de control, desafiamos la conservación y ahora que nos pueden ver, es que podemos pelear.

Los cobardes quieren la autodestrucción inmediata, vivir y dejar de existir, el sentimiento egoísta de Ayn Rand llevado a la máxima expresión, el sentimiento económico de Milton Friedman llevado al pedestal de la modernidad, el grito de Hobbes realizado en una humanidad supuestamente civilizada o la falacia de Marx sobre el divino Estado.

La Respuesta: los libres, luchando contra la dominación sea de donde venga, como Durruti, Russell o Camus, demostrándonos que en nuestra unicidad podemos vivir sin dioses, ni amos.

 

* Iván F. Mérida A. es abogado internacionalista, ateo y libertario boliviano.

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