Conclusiones del rollazo de la AIT

Así que con todo este rollo de la AIT, ¿cómo resumiría los hechos en una frase? Pues yo diría… Es que me entra la risa… Menuda cagada de unos y otros, u otras, ¿no? Joder, como para meterlos a diplomáticos del planeta Tierra con una delegación de Marte. A los tres días, tenemos la Guerra de los Mundos.

¿Tiene arreglo? Pues después de hacer el peritaje del siniestro, lo declaro: No. Viendo a los mecánicos, las herramientas de que disponen, el estado en que dejaron al pobre artefacto colectivo, y las ganas que muestran de ponerse de acuerdo, mi dictamen es de Siniestro Total: No. Estaba de Cristo. Tenía que pasar. Qué se le va a hacer. Mi mayor lamento en estos momentos, es que en el sindicato hay un stock de tres mil doscientas siete banderas de tela de 4x2m que ponen CNT-AIT en letras enormes, y que no se pueden tirar ni reciclar. Vaya por Dios, las usaremos hasta que se desgasten.

Si no se puede arreglar, ¿al menos podemos prevenir que estas cosas pasen? No. No se pueden prevenir. Cuando una y otra vez pasan las mismas cosas, es porque volverán a pasar. Así es. La misma receta, los mismos resultados.

¿Si no podemos prevenir, siquiera tendremos conocimiento de por qué ocurren estas cosas? No lo sé. Yo solo –lo digo una y otra vez–, puedo decir lo que pienso, lo cual es, como podéis comprobar, absurdo. Paso a ello.

1.- Dualidad de los informes. Es sumamente sospechoso, que ambos sectores aseguren que ellos mismos no existen, que ambos defienden las mismas cosas, y que poseen pruebas de irregularidades de los otros, a la vez que disponen de informes verídicos que demuestran que ellos sí que funcionan bien.

2.- Apuestas a todo o nada. Los contendientes no se conforman con menos de todo en sus disputas. En consecuencia, suelen conseguir nada. Luego se lamentan del consenso perdido.

3.- Incapacidad para resistir la frustración. Normalmente si llegas al bar y te lo encuentras cerrado, no te lías a tirarle piedras al escaparate hasta que te detienen los municipales para devolverte al zoológico. Por el contrario en las disputas sectarias, suele suceder que el que sufre un revés, le resulta insoportable, coge la antorcha e intenta pegarle fuego al edificio. Sin mirar si está alguien haciéndose una gayola en el baño.

4.- Eliminación de conciliadores. En un ambiente tan espeso como el que se va creando, las personas de perfil conciliador huyen espantadas como daños colaterales, o perecen bajo fuego amigo. Eso hace que proliferen personajes conflictivos de los que no aguanta ni el santo Job.

5.- Necesidad de una contraparte. Del mismo modo que un catalán necesita para existir a un español, porque si no a ver con quién se iba a comparar, un pelillero de la facción X, se dedica pacientemente a construir a su enemigo de la facción Y.  Aprenden a conocerse, a evaluarse, a disputarse el terreno, a girar uno en torno al otro, y a luchar sin hacerse daño. Dos cabras dándose cornadas, corren más peligro. De ahí que cuando un grupo elimina al contrario, tardan poco en pelearse entre ellos.

6.- Cuestión de principios. Sobre una cuestión técnica, por ejemplo, tener aire acondicionado en el local o no tenerlo, se puede discutir. Como hagas de eso "cuestión de principios", olvídate de dialogar. Porque te vas al punto uno, y comienzas otra partida. Ojo, que hay gente que habla de las esencias anarcosindicalistas, como el que habla del Gran Espíritu que cabalga con Cabello Loco a lomos de un dromedario.

7.- Quererlo todo perfecto. Esto va fatal para los que no resisten las frustraciones, y van al "todo o nada". Desconocen que las cosas humanas siempre funcionan de manera distinta, dependiendo de circunstancias y participantes. En general, regular o mal. Así que si te quieres quejar, siempre tendrás excusas para ello.

8.- Querer una cosa y hacer lo contrario. Es muy típico jurar que no se quiere un orden del día lleno de puntos orgánicos, planteando temas de discusión que desanimarían a un burócrata superior del imperio germánico, premio fin de carrera.

9.- La normativa orgánica. Es un entramado de normas interpretables a base de interpretaciones y nuevas interpretaciones, que plantan al militante en una plancha y le pasan por el rodillo de un tórculo, sacándole los fluidos hasta dejarlo como un bacalao reseco. Imposible reconocer en esa momia, al joven idealista que estaba dispuesto a dar sus cuernos por la idea. Por supuesto, tenemos normas, y además somos libres.

10- El infierno orgánico: es el lugar de pena en el que caen los militantes que, meditabundos, se les ocurre pensar que la solución a los problemas internos y divisiones, se encuentra en el reglamento. Por ser siempre interpretable, intentan hacerlo más descriptivo y preciso, escribiendo unos tochos que ríete del Código Penal. Basta con despistarse un poco, leerse unos pocos de informes, asistir a tres plenos y medio, y entras en el infierno orgánico que no te sacan de allí ni con alicates. 

11.- La Maldición de los Secretarios. No sé por qué, todos los secretarios anarquistas acaban locos nada más le dan un cargo. De repente les entran a todos ideas de salvar el sindicato, hacer esto o lo otro, empiezan a mover papeles, a hacer llamadas, a leer actas, a rascarse la barbilla, luego los genitales… Muy locos, ciertamente. Acaban mal en general. Mientras más alto el cargo, mucho peor. El militante tampoco es que esté muy allá, pero los daños que produce suelen ser más limitados al no tener cargos.

12.- Incumplimientos orgánicos. En el mundo infantil existen los cuentos de hadas. En el del anarcosindicalismo existe el cuento de un secretario que era un fiel cumplidor del estatuto y de la Norma Orgánica… Vale, pues es mentira. Ningún estatuto puede evitar que un secretario de lo que sea, actúe por su cuenta. Si crees que hace todo lo que se le dice, es porque no te enteras de lo que hace, o porque no hace nada. Si no quieres que un cargo vaya por ahí haciendo cosas raras, no nombres secretarios, es así de simple. Si los tienes..., que sepas que con absoluta certeza la cagarán, a no ser que sean tus coleguitas. Otro cuento es el del pasado maravilloso... Es como lo del Génesis de la Biblia. A duras penas te lo crees hasta los seis años.

Eso es lo que opino, y no sigo porque llega la siesta y me duermo. Creo que tal vez –solo tal vez–, leyéndome…, los militantes de infantería y algún cabo, puedan observar este asunto con desdén, con displicencia, y tomar distancia dedicándose a cualquier cosa de provecho: despidos, piquetes, desahucios, negociaciones, convenios, limpieza del local… Oh sí. Lejos de mí el pesimismo: la CNT desde el año 2010, ha más que doblado las cotizaciones que tenía entonces. Los sindicatos son más grandes, la afiliación mayor, hay más secciones, más experiencia, más capacidad de maniobra. Y esa fuerza se encuentra en la base. No se crece a partir de informes, normativa y comisiones de investigación dedicadas a averiguar si alguien se reunió con quien no debía, o si se cotizó o no al comité, si no a base de meterse en líos hasta el núo. Y si nos tumban, nos volvemos a levantar, ya que esa pelea, sí que tiene sentido.

Y eso es todo con la AIT. Adiós querida amiga, bello recuerdo de mi juventud, ilusión de un proletariado unido enfrentándose a monstruos reales. Que todo te vaya bien en tu viaje por el universo. Y quien quiera esencias anarcosindicalistas perdidas…, no tiene pérdida….

Je, iba a decir una asquerosidad referida a mi escroto. Mejor me callo. ¡Salud!

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Aclaraciones.

Todo esto viene de dos artículos previos:

¿Por qué la CNT está fuera de la AIT?

Siguiendo con la paranoia de la AIT

 

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