La libertad de expresión de las ideas horribles

Me han planteado dos preguntas-objeciones al artículo sobre los límites de la libertad de expresión, que me han parecido interesantes. La primera es la referida a si no estaría dispuesto a defender la libertad de expresión de quien sea y ante donde sea. Al respecto me dicen que dicen que Voltaire, o Locke, dijo que: "no estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo." Hombre, por decir, quedó muy bien, sí.

 

La verdad sea dicha: yo no estoy dispuesto a defender con mi vida, ni mis propias ideas, con que como para ponerme a parar balas con el pecho por las ideas de los demás. Estaría bonito. Que cada cual diga lo que quiera, por supuesto, y que corra su propio riesgo, igual que hago yo. ¿No somos todos libres o eso dicen? Ahora bien, yo no tengo por qué hacer nada si no estoy de acuerdo con algo. O también puedo oponerme decididamente si lo veo conveniente. ¿O no? La libertad de expresión se desenvuelve siempre en un contexto cultural, marcado por grandes fuerzas: la ley, los medios de comunicación, sistema educativo, religiones organizadas, gente de poder, la sensibilidad opinión pública… ¿De qué te sirve el derecho a la libertad de expresión, si en medio de la plaza de Villarriba te pones a chillar ¡Viva el Club Deportivo de Villabajo! meneando una enorme banderola que recuerda la derrota local por veinte goles a cero, y allí mismo te dan una paliza y te majan a palos? ¿Os imagináis una masa iracunda de cien mozos armados con hoces, horquillas y bieldos, encabezados por la centenaria Raimunda, toda vestida de negro, pegando chillos de "¡te vamos a matar hijodeputa!"… Y de repente llega Voltaire interponiéndose, a pregonar el derecho del arrogante forastero, a proclamar la superioridad deportiva del odiado pueblo de al lado? Ni de coña. Si os lo imaginaseis, seguro que empezaban a saltar relámpagos de diez millones de kilómetros desde el Polo Sur, ionizando la atmósfera y prendiéndola en llamas desgarrando el tejido espacio temporal del Universo. No me parece conveniente. ¿Derecho a decirlo? Por supuesto. Yo por mi parte, suelo andar con tiento. Ni digo todo lo que pienso (salvo tal vez en un barranco sin eco), ni pienso todo lo que digo.

 

La segunda pregunta va referida al tema del respeto al colectivo transexual. Resulta que las leyes del Estado de las Autonomías, han despatologizado la cuestión transexual. Los que antes eran enfermos, hoy son considerados personas sanas por la ley. Y me comenta alguien en el correo, que si no creo que esas hormonas que provocan efectos secundarios, administradas a personas que no las necesitan, o llevar a cabo intervenciones quirúrgicas sobre órganos sanos, no son barbaridades. A ello se puede responder de varias formas. Una, que puede ser una barbaridad tomar hormonas que esas personas necesitan, pero que las toman… Porque les da la gana. No hacen daño a nadie. Y si es o no barbaridad, habría que planteárselo con otras muchas cosas, como el tabaco, el alcohol, las grasas saturadas, el azúcar o el botox… Sustancias que también provocan a medio y largo plazo, grandes efectos secundarios en la salud y el vestuario que debe ser ampliado, y que están socialmente aceptadas. Yo no me perforaría una oreja, ni para buscar petróleo. Ahora bien, si alguien quiere ponerse un pendiente en la lengua, allá cada cual.

 

Una cosa son tratamientos médicos bárbaros (oficiales y/o tradicionales) que se aplicaban a mujeres alegres, homosexuales evidentes, grupos estigmatizados en general y pacientes siquiátricos) que no querían ser tratados de ese modo (terapia electroconvulsiva, lobotomía frontal, ingreso involuntario, terapia de aversión, sicofármacos, violación terapéutica y eutanasia a palos o con gas). Otra cosa son tratamientos voluntarios que una persona toma, porque siente que hay un gran malentendido entre lo que percibe de sí mismo, y lo que ven los demás.

 

¿Qué daño hacen al resto del vecindario? Ninguno. A mí los o las transexuales ni me molestan, ni me atacan, ni me bajan los pantalones, ni me llaman por el teléfono a deshora, ni me siguen por la calle lanzándome insultos, ni nada. Se trata de un colectivo al que jamás, nunca, never, a ninguno de sus miembros, le ha dado por coger un arma y liarse a tiros en un bar heterosexual matando a cincuenta o más parejas hetero que estuviesen ligando. No me consta en modo alguno, que el que lanzó la bomba atómica fuera un transexual. Por el contrario, fue un heterosexual, blanco, ciudadano de una nación civilizada. Tampoco crean los transexuales mayores gastos sanitarios que las víctimas del tabaquismo o el alcoholismo (cáncer, enfisema, hepatopatías, delirium…) o que el rescate bancario en la crisis esta. Seguro que los gastos del Estado para juzgar solo a Urdangarín, vale más que veinte tratamientos de transexualismo en cinco años.

 

Es algo voluntario, no hacen daño, el gasto es mínimo… ¿Qué objeción se les puede poner de forma racional? Ninguna. Toman hormonas, se operan… Es cosa de ellos o de ellas hacerlo o no. Que, oigan, muchos se limitan a hacer el tránsito, sin necesidad de cirugía. Leyendo varios artículos médicos, veo que a quienes hacen la metamorfosis de mujer a hombre, se les retiran los ovarios y el útero por consejo terapéutico, para evitar trastornos como el cáncer, sangrados, bultos… Histerectomía y se acabó.

 

Y algo interesante: la disforia de género, no tiene que ver con el deseo sexual. Quieren ser hombres, o mujeres. Lo que luego hacen en sus relaciones, es otra cuestión que no tiene nada que ver con tu calenturienta imaginación. 

 

Se me ocurre que si se normalizase la situación de forma que uno fuese aquello que quiere ser, y no lo que los demás dicen que tiene que ser, seguro que el colectivo iría buscando apaños más personalizados, y tal vez menos invasivos, médicamente hablando. Para ello ¿qué deberíamos hacer? 

 

Un poco de comprensión, para entender de que puede haber un señor con barba, trabajando de albañil, con vagina y un pene producto del crecimiento del clítoris. Debemos saber que esa persona no es un fenómeno: es normal, es una persona como tú, que tiene sus sentimientos, deseos y aspiraciones. Es un ser al que si respetas, va a devolverte respeto. Si no, lo que te devolverá será miedo, resentimiento y frustración. Los anarquistas no queremos eso. Por tanto: buena actitud y sentimientos de normalidad, y se acabó el estigma.

 

En cambio, ¿qué es lo que hacen los del autobús? Decirle a lo que los demás tienen que ser. Eso me parce horrible. No es una opinión inocente, no. Están explicando a los heterosexuales, que tener pito, implica ser un hombre. Que tener una vagina, es ser mujer. Por cojones. Y que si alguien dice que no, va implícito que puede soltarse la jauría tras la pobre víctima, que servirá de distracción a mentes perturbadas, esas que disfrutan insultando, vejando y maltratando a personas indefensas, para compensar sus míseras frustraciones personales. 

 

Así que no. Seguro que John Locke tuvo un mal día cuando dijo eso de que daría la vida por las horribles ideas de los demás. Seguro que lo que estaba sugiriendo era un: "por favor, grandísimos cabrones de mierda: dejadnos vivir en paz". Eso, es libertad de expresión.

 

¿Que no entendiste ni el pijo? Qué se le va a hacer. El acratosaurio, ni dice lo que piensa, ni piensa lo que dice.

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