Un enfoque anarco-comunista de las recientes protestas en Rumanía

En resumen, somos de la opinión de que estamos asistiendo a una guerra por el poder dentro del Estado, entre representantes de la clase política y poderosas instituciones del Estado, pero entendemos que esta guerra no aporta nada interesante para la clase obrera y su proceso de emancipación. Desde nuestro punto de vista, los actores principales de estas protestas son: por un lado los numerosos miembros de la llamada clase media, el presidente Iohannis (Partido Nacional Liberal), y algunas de las instituciones represivas del Estado, como el servicio secreto, el DNA (Departamento Nacional Anti-corrupción); y por el otro lado el PSD (Partido Social Demócrata) y la clase política en su conjunto.
 
La razón por la que decimos que se trata de una guerra que involucra a toda la clase política, y no sólo al PSD, es porque entendemos que la lucha se lleva a cabo en esos términos, a pesar de la oposición entre los partidos por razones de intereses electorales. Consideramos que se trata de una lucha entre facciones rivales porque los cambios legislativos realizados por el partido gobernante están tratando de eliminar algunos instrumentos jurídicos que han sido utilizados por las instituciones represivas antes mencionadas para ejercer el control sobre los políticos durante la última década, en muchos casos a través de actuaciones abusivas.
 
Al mismo tiempo, no negamos el hecho de que entre la gente que protesta en las calles se puedan encontrar muchas personas pertenecientes a la clase obrera, muchos desposeídos y, en general, personas que no pueden ser consideradas como „ganadoras” tras la transición al capitalismo de mercado. La razón de esto podría encontrarse en la intoxicación de los medios de comunicación y el discurso pro-capitalista que ha dominado a la sociedad rumana durante los últimos 27 años. Otro factor que se puede tomar en cuenta, y que no puede ser ignorado, es la falta total de una alternativa creíble capaz de apoyar la causa de la clase trabajadora. Muchas de las declaraciones y acciones son definitivamente inconsistentes en este momento, y por esta razón no podemos expresar un enfoque final, capaz de tener en consideración todos los factores.
 
Clase media; „la hermosa juventud”
 
(Este término se utiliza regularmente para describir a los jóvenes de clase media que son presentados como los garantes del futuro del país, moviendo el país en una dirección positiva, europea y occidental. Opuesto a este segmento social encontramos uno formado por pensionistas pobres y personas con subsidios, asociados en masa con la época „comunista”, y que constituyen la base electoral del PSD)
 
La clase media rumana está compuesta por segmentos de la población que tienen un nivel de vida por encima de la media, que tienen la esperanza de alcanzar un nivel de vida similar al de sus homólogos en el mundo occidental y que generalmente suscriben toda la percepción de progreso que representa la cultura capitalista colonial occidental. Aunque muchos de ellos siguen siendo esclavos asalariados, algunos, no todos, tienen la posibilidad de acumular una cantidad importante de capital. Su traición de clase se manifiesta en sus aspiraciones de unirse a las filas de la burguesía, con la que se identifican plenamente. Su conciencia de clase se podría resumir en su interés en ser burguesía, o un estrato ligeramente inferior dentro de la burguesía.
 
Otro rasgo importante de la clase media rumana es su total desprecio hacia las masas obreras y los pobres, que asocian con el „comunismo” (capitalismo de Estado) y la escasez material. Dentro de las filas de esta clase, los elementos más activos son los occidentalizados (desean un país como occidente), que a menudo se describen por su afiliación tanto a corporaciones multinacionales que operan en Rumania como al complejo industrial de las ONG, donde los salarios están por encima de la media.
 

Imágenes utilizando un eslogan del fascimo rumano previo a la 2ª Guerra Mundial
y anterior. Este eslogan se ha convertido en la forma favorita de los manifestantes
de protestar ocntra el gobierno socialdemócrata. Dice „La Peste Roja”
 
El PSD es un partido político que no difiere de manera importante de otros partidos europeos que reivindican una tradición socialdemócrata (una tradición reformista y capitalista, pero ésta es una discusión completamente diferente). Difícilmente se puede decir que el PSD es un partido más corrupto, o que es profundamente diferente de otros partidos, tanto en el pasado como en el presente. Porque no queremos hablar del PSD como un partido neoliberal (aunque sí lo es), en el sentido de que un partido político se ocupa más de los intereses del capital que de los trabajadores. Nunca pasó al contrario, ya que las excepciones pre-neoliberales en los llamados Estados occidentales de bienestar, tuvieron sólo que ver con las condiciones históricas en que se encontraba el capitalismo al final de la Segunda Guerra Mundial. Nos referiremos, por tanto, al PSD como un partido político cuya base electoral tradicional se compuso de grandes secciones de la clase obrera y de los sectores más desposeídos de la sociedad rumana.
 
Heredero del Frente de Salvación Nacional (descendiente del partido Comunista Rumano de la época comunista), el PSD, al igual que otros partidos, permitió el proceso capitalista de acumulación primitivo que comenzó tras el derrocamiento del antiguo régimen, una vez que el país avanzó hacía una economía capitalista de mercado. Durante el gobierno del PSD se produjeron muchas privatizaciones, se crearon nuevos mercados para inversiones, se realizaron muchos despidos y se hicieron recortes en gasto social. Desde este punto de vista, es difícil señalar diferencias claras entre el PSD y otros partidos gobernantes en los años 90, considerando que ésta fue la línea principal adoptada por todos los gobiernos: preocuparse en promover los intereses del capital (especialmente del capital extranjero) e ignorar totalmente la creciente precariedad de la clase obrera.
 
Hay muchas razones por las que la PSD tiene tanto apoyo entre la clase obrera. Una de ellas es, por supuesto, el hecho de que no hay otra alternativa práctica que pueda, al menos, ofrecer la ilusión de centrar su discurso en el interés de las clases bajas. Otra podría ser la buena infraestructura organizativa que tiene el PSD en las zonas urbanas y rurales más pobres del país. Dicho esto, pensamos que es posible identificar algunas diferencias entre los partidos, aunque no sean muy profundas. Esto se puede revelar mejor cuando tomamos en consideración el discurso público del antiguo gobierno tecnocrático (noviembre de 2015 a enero de 2017) frente al expresado por el PSD (al menos el que tuvieron durante la campaña electoral).
 
El gobierno tecnocrático, dirigido por un burócrata europeo muy bien pagado, se opuso al aumento del salario mínimo propuesto por el PSD (que iba a incrementarse a unos 920 lei, unos 200 euros netos, siendo uno de los más bajos de Europa) y también dijo que la clase obrera rumana sale demasiado cara, por lo que los salarios deberían ser alrededor de 2 lei por día (50 céntimos de euro) como en otros países subdesarrollados o en vías de desarrollo. Sin embargo, el PSD prometió en la campaña electoral un aumento en los salarios y pensiones, y también la creación de otros programas sociales – uno muy importante consistiría en proporcionar una comida caliente por día para cada alumno de Educación Primaria (Rumanía tiene uno de los índices de pobreza infantil y pobreza extrema más altos de Europa). A pesar de estas promesas, el PSD no abordó muchos asuntos especialmente importantes para su base electoral, sino que buscó obtener apoyos de votantes tradicionales de la derecha prometiendo recortes en impuestos y contribuciones, e incluso la eliminación absoluta de algunos.
 
Esta estrategia resultó efectiva, por lo que en las últimas elecciones el PSD superó los límites de su base tradicional y logró obtener votos de poblaciones urbanas, con mayor formación, que previamente estaban fuera de su alcance (un factor importante que colaboró pudo ser la amenaza de escasez que está empezando a hacerse sentir en partes de la población que antes se consideraban a salvo de los estados de ánimo del capitalismo). Lejos de representar un tipo local de oposición al régimen neocolonial que domina a la población, el PSD podría percibirse por las instituciones extranjeras que gobiernan de facto al país como algo menos agradable en ciertos momentos, respecto a un gobierno directo de derecha (o tecnocrático) dispuesto a centrar su discurso en los intereses del capital y la clase que en su mayoría representa esos intereses.
 
Otra estrategia del PSD consistía en hacer un llamamiento nacionalista y conservador dirigido tanto a las partes explícitamente reaccionarias de la población, como a una clase obrera que en este momento está lejos de comprender las diferentes divisiones internas y jerarquías que se imponen y reproducen para beneficio de la clase gobernante.
 
Es por esto que no deberíamos estar tan sorprendidos por el apoyo del PSD a la asociación filo-fascista Coalición por la Familia, cuyo presidente ya expresó su apoyo a una noción conservadora de la familia, de la que se excluye el matrimonio entre personas del mismo sexo e incluso la posibilidad de formar parejas de hecho entre adultos no heterosexuales.
 
En pocas palabras, el PSD es un partido aliado del capital, tiene un fuerte sabor nacionalista y conservador, y no cuestiona ni trata de oponerse a las instituciones y estructuras de poder extranjeras, OTAN, FMI, UE, que han convertido al país en una neocolonia. Es especialmente esclarecedor el caso de la Embajada de los Estados Unidos, que no duda en pedir explicaciones a los políticos locales cada vez que se percibe una amenaza a los intereses americanos en el área.
 
Al mismo tiempo el PSD tiene un discurso que a veces puede ser traducido en políticas sociales que no se pueden encontrar del lado de los partidos de derecha y que a veces pueden traer algunos beneficios mínimos temporales para la clase obrera (por ejemplo, subidas salariales).
 
Lucha contra la corrupción, Iohannis y Estado de derecho
 
Una parte principal de la ideología de la lucha contra la corrupción es la evolución de Rumania hacia una economía capitalista de tipo occidental y los inconvenientes que deben combatirse. Lo que estamos tratando de decir es que el principal discurso parte del supuesto de que la mejor manera de lograr el desarrollo del país es limitar su infraestructura industrial, rebajar su mano de obra cualificada y educada, mantener al país atractivo para las inversiones extranjeras (a través de uno de los salarios más bajos de Europa) y reduccir o eliminar impuestos sobre los beneficios obtenidos en el país que luego son exportados a los países occidentales.
 
Lo que estamos describiendo aquí es el tipo de capitalismo colonial que gobierna el país, en el que la corrupción es vista como un obstáculo importante para alcanzar ese tipo de capitalismo occidental. La mayoría de los partidarios de la ideología de “lucha contra la corrupción” pertenecen a la clase media, esa parte privilegiada de la población que considera la anticorrupción de una forma política, ya que es un concepto desarrollado bajo el gobierno de Băsescu (Partido Demócrata Liberal) como principal fuente del bienestar.
 
Durante sus diez años de mandato, 2004 a 2014, se destaca la formación más reconocible de un segmento de clase media, al mismo tiempo que las inversiones extranjeras por empresas multinacionales comienzan a crecer. Algo que, sin embargo, se tradujo en más pobreza para gran parte de la población. Y que generó, además, un mayor éxodo laboral, de nuevo en beneficio del capital occidental, que ganó muchísima mano de obra barata, a merced de la ola de inmigración tras el colapso de los regímenes anteriores en Europa del Este.
 
A nivel ideológico, la clase media vincula la brutalidad del período de transición hacia un tipo de economía capitalista de mercado de los años 90 (un período de acumulación primitiva capitalista que se tradujo en el simple y llano robo de la riqueza pública por propietarios privados) con la corrupción de los regímenes políticos que gobernaron el país en ese período.
 
Si bien entre 1996 y 2000 el PSD no formaba parte del gobierno, sigue siendo considerado como el principal responsable de ese período oscuro. Al mismo tiempo está vinculado al régimen pre-90 y es considerado por tanto un obstáculo para el desarrollo capitalista. El discurso de la clase media tiende a delimitarse al PSD, considerando a su base como ignorante, precaria y expuesta a todas las faltas del capitalismo, y por lo tanto enemiga de los valores europeos (capitalistas) del Estado de Derecho y de la cultura occidental, que se consideran fuente principal de bienestar.
 
Al involucrarse en „obsequios electorales”, el PSD está tratando de ocultar su propia corrupción y desprecio por estos valores europeos, haciéndose culpable de atacar el bienestar de las partes privilegiadas de la población (impidiendo el proceso de acumulación de capital a través de su corrupción e incompetencia, y dirigiendo los fondos al gasto social en lugar de invertir en la infraestructura necesaria para la explotación capitalista).
 
El actual presidente Iohannis (Partido Nacional Liberal), por otra parte, es considerado el representante más elevado de la cultura occidental y la civilización. Alemán, antiguo alcalde de Sibiu y ex-profesor de educación superior y tutor por excelencia (cuando se le preguntó cómo se las arregló para recaudar suficiente dinero para comprar sus seis casas trabajando en el sector público, respondió que ofreció una gran cantidad de tutorías; a diferencia de otros maestros menos afortunados), es visto como el perfecto opuesto Dragnea, presidente del PSD, y su base electoral embrutecida. Dragnea, por lo tanto es considerado como un símbolo provinciano, balcánico, corrupto, despótico e incivilizado.
 
Iohannis es el defensor del camino europeo de Rumania, el garante del estado de derecho, de la lucha contra la corrupción y de la asociación estratégica con el imperio fascista americano. Básicamente Iohannis es el enemigo de todas aquellas cosas que impiden el proceso de acumulación capitalista y frenan los intereses imperialistas. Eso sí, ni de lejos estamos diciendo que Dragnea sea algo así como un defensor de la lucha obrera por la emancipación. Dragnea, así como toda la clase política, representa los intereses de la burguesía. Pero es en este tipo de términos, o similares, en que se expresan los representantes de la clase media.
 
La clase obrera
 
A diferencia de muchas personas que constituyen el mundo minúsculo y sobre todo irrelevante de la izquierda rumana, declaramos que para la clase obrera la lucha anticorrupción no es importante, al menos no en el sentido de liberarse de la explotación capitalista y de la dominación estatal. Cuando bajo el disfraz de la lucha contra la corrupción somos espectadores de una lucha por el poder entre diferentes tendencias del Estado; cuando no importa quién gane esta batalla puesto que los intereses del capital y la burguesía son los importantes; cuando sabemos que, en el mundo capitalista, los gobiernos no son otra cosa que comités para el manejo de los asuntos de la clase gobernante; entonces declaramos que la emancipación de la clase obrera sólo puede venir de la propia clase obrera. La clase obrera necesita desarrollar la conciencia de su propia condición y luego tiene que organizarse -tanto en el lugar de trabajo como en sus propias comunidades- para poner fin a la dominación de clase de la burguesía.
 
El llamado Estado de Derecho no es más que la expresión política del orden social actual, un orden que se basa en el sufrimiento, las tragedias, la pobreza, la explotación y la presión aplastante que millones de personas sufren cada día en el interior del país, al igual que miles de millones de personas a escala global. Desde el punto de vista de la clase obrera, el capitalismo es el sistema más corrupto para su extorsión diaria, a través de la explotación de la fuerza de trabajo, esclavitud asalariada que hace víctimas a todos los trabajadores. El papel histórico del Estado es el de asegurar la continuación de la sociedad de clases y la reproducción del capitalismo, asegurar que una clase es capaz de vivir del trabajo de la otra clase, hacer todo lo posible para complacer a las élites. Es por ello que nuestro objetivo es que la opresión política del Estado desaparezca al mismo tiempo que la explotación capitalista.
 
Por tanto, sólo podemos contemplar cómo en esta lucha por el poder entre la clase política y las instituciones represivas del Estado, las partes privilegiadas de la clase media toman bando del lado de estas últimas. Los manifestantes no tienen reticencias en demostrar su apoyo a un conjunto de instituciones completamente antidemocráticas y carentes de transparencia, como el DNA (Departamento Anticorrupción).
 
De alguna manera esto nos hace preguntarnos si su desprecio por el voto popular que llevó al PSD al Gobierno, junto con otros partidos políticos que podrían ser favorables a implementar ciertas medidas „populistas” (gasto social, aumento de salarios), no podría ser visto como una aversión por algunas “deficiencias” de la democracia burguesa, como por ejemplo el sufragio universal. De hecho, se han escuchado muchas voces en los últimos días llamando a quitar el derecho a voto a la población más pobre, que precisamente constituye la mayoría de los votantes del PSD. Desde una perspectiva ideológica, podríamos preguntarnos si detrás de esta afirmación de la clase media no se puede ver una tendencia histórica hacia el fascismo y el autoritarismo de esta clase, tendencia que se expresa a través de un profundo desprecio por las personas que representan a una clase que se considera inferior (obreros y pobres) hacia los que siempre apuntan cada vez que consideran que sus privilegios están en peligro.
Enlaces relacionados / Fuente: 
https://iasromania.wordpress.com/2017/02/06/the-rule-of-law-and-the-working-class/
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