Volverse Palestina

Año publicación: 
2015
Autor / es: 
Lina Meruane
Editorial: 
Conaculta (México); Random House Mondadori (Spain)
ISBN: 
9788439730514
Páginas: 
204

El regreso del que nunca estuvo. - Luisgé Martín para 'El País', estado español, 14 de julio de 2015

En un pasaje de este libro, Lina Meruane recuerda que algunos de los palestinos expulsados de su tierra después de la guerra árabe-israelí de 1948, igual que algunos de los descendientes de los judíos desterrados de España en 1492, aún conservan las llaves de sus casas, de casas derruidas e inexistentes desde hace décadas. Esas llaves, seguramente herrumbrosas, son el símbolo de una identidad que se resisten a perder y de un hogar que, incluso para los que nunca lo conocieron, les aguarda aún. Volverse Palestina es eso: una llave, la llave con la que Meruane, que nació y creció en Chile y vive en Nueva York, trata de abrir su propia memoria palestina.

Volverse Palestina no son unas memorias familiares ni una crónica ni un ensayo sociopolítico: es un gran cuaderno de reflexiones, de recuerdos y de lecturas que la autora inicia cuando a una edad ya madura se plantea la posibilidad de regresar a una tierra en la que nunca estuvo, a la tierra de la que sus abuelos se marcharon en busca de otra vida. Primero pregunta a su padre y a sus tías, tirando del hilo de la historia familiar. Luego lee, investiga y conversa sobre el asunto. Y por fin viaja a Palestina y conoce su paisaje.

Regresar a un lugar en el que nunca se estuvo antes: esa llamativa paradoja es uno de los cimientos del libro, que indaga en las razones que tenemos los seres humanos, más allá de toda lógica, para apegarnos siempre a una tradición y a un instinto. Volverse Palestina habla, por tanto, del laberinto de la identidad, pero habla también de todos esos asuntos recurrentes que están siempre en el mapa del conflicto. De la ignominia escalofriante de los judíos que pintan en las fachadas de las casas de Hebrón: “Árabes, a las cámaras de gas”. De la irracionalidad de los argumentos políticos y de las creencias extravagantes que se llegan a tener cuando uno está dentro del torbellino. De la miseria, de la crueldad, de la humillación.

Y del lenguaje. La segunda sección del libro, que lleva por título ‘Volvernos otros’, es un diálogo de Meruane con los textos de otros escritores que han reflexionado sobre la disputa de palestinos e israelíes. La autora no escoge a compañeros menores, sino a los que más han afilado la inteligencia y la sensibilidad: Amos Oz, David Grossman, Susan Sontag o Gideon Levy, entre otros.

El punto de partida es el convencimiento de que conocemos la realidad a través de los nombres que le damos y que, en consecuencia, esa realidad puede ser manipulada por las palabras. “Cuando Palestina desaparece como palabra desaparece como Estado, como país y como patria”, cita Meruane de Murid Barghouthi. ¿“Ocupación” o “liberación”? ¿“Refugiados” o “gente de los campamentos”? ¿“Israel” o “entidad sionista”? El lenguaje, viene a decir Meruane, también mata.

Volverse Palestina es un hermoso libro que parece escrito en voz baja, en minúsculas, en un esfuerzo permanente por combatir la estridencia de la guerra con la intimidad de la literatura. Es un libro doloroso en el que el lector no debe necesariamente compartir la mirada palestina de Meruane —siempre matizada, siempre escurridiza— para sentirse a su lado.

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"Tuve que desnudarme literal y metafóricamente".- Juan Carlos Ramírez F. para Segunda Online, Chile, 23 de noviembre de 2013

"Antes de abir la boca ya estaba en problemas", explica la elogiada escritora chilena residente en Nueva York sobre su travesía por las tierras de sus ancestros.

La escritora chilena Lina Meruane lanzará a fines de este mes el libro de crónicas "Volverse palestina", publicado por Literal Publishing junto a Conaculta, editoriales estadounidense y mexicana, respectivamente. Un texto centrado en su viaje en busca de sus orígenes en marzo de 2012, aprovechando una conferencia en Londres. Tomó el avión, nerviosa y expectante, hasta que aterrizó en Tel Aviv, viviendo los rigores del control policial israelí, antes de sumergirse en esos territorios que, como cuenta, "la llamaban".

El libro sucederá a la elogiada novela sobre la ceguera "Sangre en el ojo" (Premio Sor Juana Inés de la Cruz, 2012). Las cajas con los ejemplares alcanzarán a llegar justo a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara -30 de noviembre al 8 de diciembre-, donde el país invitado de honor es justamente Israel.

Radicada hace una década en Estados Unidos -actualmente en Nueva York-, Meruane es una de las escritoras más importantes de nuestro país con un puñado de obras donde destaca además el libro de cuentos "Las infantas" (1998); las novelas "Cercada" y "Póstuma" (2000), "Fruta podrida" (2007) y el ensayo sobre el sida y la escritura "Viajes virales" (2012).

"Al salir de Chile hace 13 años yo me hice mucho más consciente de mi chilenidad. De una singularidad chilena dentro de la diversidad latinoamericana que vive en Nueva York", dice la escritora. Aunque admite que sólo cuando decidió visitar Israel comprendió que sus raíces no solamente estaban acá. Ahora era "una sospechosa palestina con pasaporte chileno", como ella misma define. "Fue un aterrizaje forzoso y físico sobre el conflicto. Fue después de ese viaje, de lo que vi y viví ahí, que se me despertó el interés por remover el pasado, entender cómo había sido la vida de familia paterna en Chile. Interrogué a mi padre, volví a la casa deshabitada de mis abuelos en San Felipe, pensé en ese legado, en lo que los palestinos le han otorgado a la cultura chilena".

El libro comienza seco y claro: "Regresar. Ese es el verbo que me asalta cada vez que pienso en la posibilidad de Palestina. Me digo: no sería un volver sino apenas un visitar una tierra en la que nunca estuve, de la que no tengo ni una sola imagen propia. Lo palestino ha sido siempre para mí un rumor de fondo, un relato al que se acude".

Luego, viene una pasaje potente y estremecedor: su padre negándose a visitar el territorio donde nació -hoy, Israel- e imaginando la vieja casa familiar vacía, al otro lado de la frontera.

"Es la imagen de la ruina", explica la autora, agregando que en la crónica aparecerán varias casas vacías, abandonadas, derruidas. "La casa habitada implica una comunidad viva. Es el espacio de la pertenencia de la que la comunidad palestina ha sido despojada. La idea de la errancia que definió por siglos a la comunidad judía se le transfirió simbólicamente a los palestinos después de la creación del Estado de Israel", señala.

-¿Sientes que la humanidad aún no es consciente del quiebre de las familias palestinas?

-Es una paradoja atroz que en efecto no ha sido tomada en cuenta por la comunidad internacional. Los palestinos perdieron sus casas, y no pudieron regresar porque en muchos casos no se les otorgó permiso o porque sus casas fueron tomadas o destruidas. Muchos palestinos se instalaron en refugios en países vecinos y quedaron para siempre en ese limbo: si adquirían la ciudadanía extranjera perdían su derecho a regresar. Para los que se quedaron dentro de Israel la situación tampoco ha sido fácil, y en los territorios el acoso es sistemático y no hay ningún control sobre la toma ilegal de terrenos por parte de los colonos. Esta paradoja del despojo no ha sido reparada por la comunidad internacional, que es además responsable de no haber puesto límites a Israel para evitar que la situación histórica de los judíos se volviera la situación actual de tantos palestinos.

-El tema de fondo de "Volverse palestina" es cómo nos marcan las raíces, en este caso la palestina...

-Yo no pienso lo palestino desde la idea de pérdida, sino como una parte de mi identidad. Y la identidad no es algo preciso o exacto, menos una cuestión rígida. Es un proceso tanto de sumas como de restas. Es cierto que se han perdido cosas, la lengua árabe es una de ellas, y es una pérdida importante. Pero otras se han mantenido a lo largo de un siglo desde la llegada masiva de los palestinos a Chile. Acá vive la comunidad palestina más grande fuera del mundo árabe. Y también ha habido adquisiciones. Esta comunidad es chileno-palestina, se piensa con guión. En esta crónica lo que planteo es que la recuperación de la identidad palestina se está dando por la vía de una toma de conciencia política hacia la situación de los palestinos en sus territorios. El compromiso político es contrario al estado desvalido de la melancolía.

- El pasaje del interrogatorio de la policía israelí es fuerte, violento... Retratas muy bien la tensión del territorio en ese trámite "rutinario".

-Yo iba preparada para el interrogatorio. Me habían advertido que la cosa se podía poner pesada, pero la situación fue mucho más violenta de lo que esperaba. No había nada que yo pudiera decir, diciendo la verdad, que no fuera incriminatorio en la mirada paranoica de la seguridad israelí. Yo estas escenas de interrogatorio ya las he pensado antes, en torno a la medicina, y, sin embargo, esta me pareció especialmente humillante. Ese tener que irse desnudando, literal y metafóricamente, ante la policía, me reveló que debajo de mi chilenidad común y corriente estaba la marca de lo palestino. No sólo por mi apariencia física, sino sobre todo por mi apellido. Antes de abrir la boca yo ya estaba en problemas. Comprendí en carne propia lo que les sucede a muchos palestinos todo el tiempo, pero, por supuesto, en una escala mucho peor. Entendí en ese momento cómo la violencia y la opresión pueden generar cierta sumisión, o la apariencia de sumisión, pero también la voluntad de resistencia.

-Dices que te sentiste más palestina que nunca en Palestina. ¿Podemos hablar de cómo uno se completa en ciertos lugares?

-Ese reconocimiento estaba mediado por la mirada de los otros. Ellos, todos, me veían palestina. En Chile yo había vivido sumergida en la chilenidad. Alguna vez me llamaban turca en el colegio, pero ese apelativo no tenía las connotaciones negativas que tuvo en la época de mis abuelos. Ese viaje me hizo de pronto verme a mí misma de otro modo dentro de un contexto donde la palabra palestina significa otra cosa, donde el apellido palestino tiene una carga que no es neutral.

-El libro alude al conflicto árabe-israelí. ¿Le vas alguna salida?

-No vi ninguna salida. El acoso a la comunidad palestina de los territorios ha sido sostenido y sistemático. Y esa política ha generado desesperación y ha radicalizado la situación. Se habla siempre del fundamentalismo islámico, pero muy poco del apoyo que el Estado de Israel les da a los colonos, que son una gente temible, muy radical. Sin verdadera presión internacional (menos palabras y más acción) y sin una comunidad palestina unida no sé cómo se podría llegar a nada. Pero no se ve esa luz en ningún punto.

-¿Cómo te cambió ese viaje?

-No es que no supiera lo que pasaba en esa zona del mundo, no es que no lo entendiera, pero estar ahí fue otra cosa. Me remontó a ciertas imágenes de la dictadura chilena, sólo que ahí la fuerza militar está completamente normalizada y el disenso de algunos israelíes, que también existe y es sin duda muy importante, aunque sea minoritario y tildado de antisemita... Me hizo pensar que la vida de la gente que conocí podía haber sido la mía, me hizo reflexionar sobre la participación que yo misma pude haber tenido de haber crecido ahí. Y me acercó a la comunidad palestina musulmana con la que no tenía ninguna relación (los inmigrantes palestinos del pasado eran sobre todo cristianos ortodoxos). Esa gente, completamente demonizada por la prensa internacional, era en realidad muy acogedora, diversa y llena de las contradicciones que se encuentran en toda comunidad... Toda esa experiencia me hizo plantearme la idea de hacer algo a contrapelo, y ese algo, para mí, por ahora, pero quizás sea sólo un comienzo, ha sido escribir esta crónica.

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