Iván Illich y mis dudas razonables

A principios de los setenta, de mano de mi padre, me llegó un libro de Iván Illich (1): La sociedad desescolarizada, de la editorial Seix Barral. Estábamos buscando inspiración. Yo veía durante noches a mi papá enfrascado en la lectura, con las gafas, el batín, el brasero y la botella de whisky. Le pregunté a mi padre que de qué trataba ese libro, y me respondió con un escueto "no lo sé". Al cabo de unas semanas el libro fue abandonado y me llegó el turno. Y comprendí por qué mi padre no sabía de qué diablos hablaba Illich. 

 

La sociedad desescolarizada, es una crítica a la escuela. Básicamente nos explica que la escuela pública, universal y obligatoria es una mierda, y que los profesores son unos cabronazos. Cosa con la que estuve de inmediato de acuerdo. Pero ese librito estaba escrito en un lenguaje rebuscado, o eso me parecía, hecho para personas que hubiesen ido a la Universidad y que entendiesen la jerga académica. Por ejemplo, decía Illich en un párrafo al azar:

 

De manera muy parecida, la desescolarización de la educación depende del liderazgo de quienes se criaron en las escuelas. El currículum que cumplieron no puede servirles como excusa para la tarea: cada uno de nosotros sigue siendo responsable de lo que se ha hecho por él, aun cuando puede que no sea capaz sino de aceptar esta responsabilidad y servir de advertencia para otros. 

¿Eso qué cojones quiere decir? Parece claro que piensa que desescolarizar la escuela tiene que ser obra de quienes han ido a la escuela, o sea, ¿de todos? ¿Y eso de que el currículum no es excusa? ¿Excusa de qué? ¿Cuál currículum? ¿Y yo soy responsable de lo que se ha hecho por mí? ¿Yo qué culpa tengo? ¿Y ese "sino" qué pinta ahí? ¿Yo debo ser una advertencia para los demás? Y claro, uno se atranca en esas dudas, con los ojos sacados como un besugo hasta que te sale sangre por las orejas, y la lectura se convierte en un suplicio.

 

Recuerdo que acabé con el jodido libro, que era cortito (Colección Biblioteca Breve), cagándome en los muertos de Dios. Y así es como escribía ese pavo que nos abandonó en 2002. No le deseo peores males en el Más Allá, que el que los demonios le obliguen a leer cientos de novelas de amor con final feliz y estro simplificado. No obstante, otras cosas que decía, sí se entendían más o menos.

 

Lo que me quedó claro, es que Illich estaba en contra de la escuela y de las instituciones. Lo mismo que los anarquistas quieren destruir el Estado, él quería acabar con las escuelas. Claro. Eso se lo dicen a mi padre, que venía de una familia analfabeta de obreros agrícolas, que había estudiado laboriosamente para quitarse del campo haciéndose mecánico, y le suena a cuerno quemao. Para él, haber ido a la escuela, primero a la republicana y luego a la fascista, fue la forma de no ser más un jornalero. A mí mi padre me exhortaba con estas palabras: "estudia hijo mío, ¡estudia so mamón! Y así luego no tendrás que trabajar".

 

¿Qué aseguraba en cambio Illich? Pues venía a decirnos, que una cosa es aprender, y que otra cosa es estar escolarizado. Con eso también estoy de acuerdo. El aprendizaje no depende de lo que se recibe en la escuela, pues evidente es que casi todo lo que se empolla en ella se olvida, y que lo que guarda relación con nuestros empleos no tiene nada que ver con los largos años de escolarización. No se aprende a operar de apendicitis en la Universidad. Eso se aprende en un quirófano, haciendo prácticas con pobres en hospitales públicos. Luego, una vez aprendes a operar, puedes dedicarte en la privada a operar a ricos en condiciones seguras. Y así con todo. La escuela, en cambio, tiene mucho que ver con el aprendizaje de actitudes en instituciones cerradas. Por ejemplo, en la escuela a la que fui yo, había castigos: se daban palizas (guantazos, palmetazos, capones, puñetazos); se mantenía a los niños en posturas vergonzosas (contra la pared, de rodillas, de rodillas con libros en las manos y brazos estirados); se hacían copiar frases cien o doscientas o las veces que quería el maestro; se privaba del recreo, o no se dejaba salir a la hora… Y se memorizaba todo. Cuando sales de esa escuela, has aprendido a blindarte, a pasar desapercibido, a escaquearte, a decir a todo que "sí" con una jeta impresionante, y luego hacer lo que se te ocurra, como bloquear cerraduras en días especiales, robar las hostias sin consagrar de la capilla, pinchar el autobús escolar o inundar los sótanos de las aulas, porque… ¡La resistencia es inútil!. Y dispones de unos chuletarios y de técnicas de copieteo para los exámenes, extraordinarias. En definitiva: en la escuela se aprenden cosas increíbles. Pero no son precisamente las más importantes las que vienen en los libros de texto. Yo aún tengo pesadillas con aquel antro.

 

Cierto, para destruir la escuela, hay que disponer de una alternativa. Si para Illich la función del profesor en la escuela es la de un ser diabólico, ¿cómo llevar a cabo la función de aprendizaje? Y aquí Illich era un visionario. Él nos hablaba de las posibilidades de la televisión, televisiones en las esquinas, dando clases de lo que fuese. Y de emplear las computadoras para crear grupos de personas interesadas en hablar sobre libros concretos. Luego esas personas quedarían y hablarían de lo que quiera que hable la gente que lee libros. ¿No es eso profetizar el internet, el facebook, los grupos de whatsapp, los foros específicos de filósofos, o incluso forocoches? ¿No está ahí el germen de las universidades virtuales y los tutoriales del youtube?… Para Iván Illich, cualquier forma de aprendizaje no ligada a la escuela y no obligatoria, sin la figura del "maestro" sería de mucho más provecho para el aprendizaje… Pues amigos y amigas, ya están aquí las propuestas de Ivan Illich, en marcha. 

 

Hay una propuesta más controvertida que no ha llegado a buen puerto: la eliminación de los títulos académicos. Los títulos siguen estando jodidamente presentes. Cierto que para conseguir un buen empleo, uno necesita tener un título de calidad. Tú llegas a una empresa con un máster en Yale o en Cambridge, y no es lo mismo que un máster de la Universidad de Huelva, pongo por caso. El máster en Yale te presenta como una persona con pasta, bien educada, que ha ido a Inglaterra. El máster de Huelva te presenta como un pobretón que ha recibido cualquier cosa que se le haya ocurrido al pícaro o pícara que lo ha organizado. Pero tengamos esperanza. En las entrevistas de curro, mucho más que el título, y mucho más que los conocimientos para el puesto, sabemos que en España cuenta muchísimo más, tener un buen enchufe. Así que por ese lado, Illich puede descansar en paz.

 

De todas formas, en las propuestas había algo que no me cuadraba. La principal es que el aprendizaje comunitario o a pie de obra como aprendiz, podía ser mil veces más horrible que el de la escuela. Yo recuerdo siendo pinche de mecánico, que el jefe cuando iba a llevar a cabo alguna reparación difícil que él conocía, se echaba una manta por encima para que no le viésemos los aprendices lo que hacía. No quería darnos sus conocimientos, porque temía que compitiésemos con él. Y mi abuela cuando me enseñó a bailar la jota del palancar, me explicaba los pasos sacudiéndome de lo lindo con una vara verde de fresno, para que llevase con esmero el ritmo de las palmas. Así que a mí eso de la enseñanza tradicional en familia o fuera de la escuela, como que tampoco me motiva demasiado. Uno aprende como puede, pero siempre hay por ahí alguien que sabe con una vara haciendo ¡ziuuuu!. Menos conmigo. Conmigo puedes tener la garantía de que no voy a pegarte… Pero tampoco vas a aprender nada.

 

También señalo que hubo dos cosas de las propuestas de Illich que me llamaron la atención en esto de desescolarizar. 

 

Una es que precisamente sea una persona que se ha paseado por todas las universidades, recibiendo una buena educación y teniendo títulos impresionantes, la que se ponga a hablar de lo mala que es la escuela, que es precisamente la institución que le ha permitido hablar, escribir, ser cura, y pegarse la vida padre dando conferencias. Es una paradoja, sólo la señalo. Illich, partidario no solo de desescolarizar, si no de acabar con la burocracia, el consumismo, los coches y los hospitales, intentó vivir siempre de acuerdo con sus ideales. Para que se vea la complejidad del personaje, fue fundador del Centro Intercultural de Documentación (CIDOC) en Cuernavaca, una institución de mucho éxito que daba empleo a sesenta y tres profesores. Y un buen día, en 1973, juntó a todo el mundo y dijo que disolvía el invento a los dos años, y que fuesen ahorrando para el finiquito. El preaviso fue bien generoso, y según cuentan,"de mutuo acuerdo". Pero yo, que soy un descreído, hubiese querido estar allí con mi Zenit fabricada en la URSS, retratando a los académicos en la fiesta de clausura por ERE.

 

Y la otra cosa que me llamaba la atención, es que siendo Illich un partidario de desinstitucionalizar y de desescolarizar, en cierto modo, me daba la impresión, repito, de que apelaba a las autoridades para que llevasen a cabo el proceso de desmantelaje. Por un lado porque la escuela es carísima para el Estado; y por otro porque con los métodos de enseñanza desescolarizada (unidos a los de Freire y otros críticos de la escuela), la gente sería más productiva. ¿Menos gasto para el Estado, mayor eficacia para el capital...? No sé si alguien estará de acuerdo con esta impresión mía, pero os la cuento por si alguno o alguna tiene ganas de echarle un ojo a su obra, que me lo explique, que tengo mis dudas razonables. Porque con la gente que escribe raro, y que vive de hablar a gente que habla tan raro como ellos, joder, como que nunca se sabe.

 

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NOTA

 

(1) Enlace a una entrevista cualquiera y biografía. Su obra, en internet. Quien busca, encuentra.

 

http://www.jornada.unam.mx/2003/01/19/sem-braulio.html

 

Comentarios

Alguna comentario. Mi tono es de sobradillo pero son opiniones personales o banalidades:

- Ivan Illich no quería un mundo sin coches. Quería un mundo en que la velocidad no fuera algo tan importante. Coches con mecánica sencilla que uno pudiera arreglarse a sí mismo y que se pudieran llevar por caminos aunque no corrieran mucho. Quería un mundo con menos especialistas.

- Los títulos son algo parecido a los enchufes. Al final tener un título prestigioso es muy difícil a no ser que estés forrado y/o tu familia sea de un nivel socio-cultural alto. Las excepciones confirman la regla y son puestas por los ideólogos del capitalismo como ejemplo de "si quieres puedes". También algunos conocimientos como los idiomas. No te haces con un buen acento brittish si desde pequeño no has tenido una nanny nativa, ido al instituto de Brittish Council, estancias por allí,...

- Podemos pensar que sin escuela o con una escuela menos directiva parece que tendrá más peso todavía el capital cultural familiar. Por cierto, la mayoría de las familias que no llevan a sus hijos/as al colegio no les desescolarizan, les montan una escuela en casa, lo que es muy diferente.

- Ivan Illich en ese libro coincidió con Milton Friedman en la tesis del cheque escolar. Básicamente, si no quieres llevar a tu hijo a la escuela, que te devuelvan el dinero de lo que cuesta escolarizarle para darle una educación a tu gusto. Es decir, con eso y un poco o un mucho más, darle una educación que marque diferencia. Un poco lo que son los centros concertados. Pagas el comedor y el desgaste de patio y te quitas a un montón de pobres.

- Críticas demoledoras al sistema escolar hay muchas, efectivamente casi todas vienen del mundo académico.

Michael Foucault que dice que es una institución disciplinaria (como el ejército, la cárcel, la escuela, la fábrica). A otro que se le entiende otro.

De Bourdieu (uno que te he visto citar) intenté leer La Reproducción y en su inicio realiza las bases de su sistema o algo así. No lo puedo decir mucho porque no me enteré de nada.

A Althusser y sus aparatos ideológicos de estado se le entiende mejor y a sus discípulos Baudelot y Establet que lo desarrollan un poco más de forma amena.

Freire escribe con palabras sencillas pero no comprendo lo que quiere decir. No me entero de en qué consiste en la práctica eso de la educación diagólica problematizadora, ni como se diluye en ella el papel del profesor.  Y eso que se supone que sus teorías han sido aplicadas, pero creo que más para la alfabetización de adultos/as, que es lo que le encargó el gobierno de Brasil. Su discípulo y albacea teórico Carlos Alberto Torres viene a decir que dado la cultura de consumo que hay ahora fuera de la escuela, mejor que los/as niños vayan.

- De Bowles y Gintis no he tenido el placer de leer casi nada. Pero su teoría de la correspondencia bien podría explicar porque a la par que se desarrolla el trabajo creativo, informal, en equipo y demás para las élites también se pone de moda las pedagogías no directivas.

- De España destacaría el enfoque althusseriano de Ignacio Fernández de Castro ya en 1978. El libro Reprimir y liberar del malogrado Carlos Lerena Alesón debería estar en los altares de todo anarquista anti-educación. Si en su anterior Escuela, ideología y clases sociales en España pone como ejemplo a Ferrer i Guardia, en este le da estopa por un tubo. Y la foucaultiana Julia Varela pues como buena discípula no sistematiza sino que se dedica a dar ejemplos históricos concretos que más parecen curiosidades que enmiendas a la totalidad.

Y ya no me sé más, profe Ácratosaurio.

Imagen de Acratosaurio rex

Cuando dije que Illich estaba en contra de los coches, me referia a los individuales. No sé si en energía y equidad o dónde, hablaba de "robustos motocarros", unas especies de camionetas colectivas para ir a 50 km por hora y que no se estropeasen nunca, o pudiesen ser arregladas por los propios usuarios. Como en Cuba.

Lo del cheque escolar, recuerdo que en alguna parte matizaba que era posible que ese dinero lo empleasen las familias en apoyar a escuelas de derechas. Como si no tuviesen ya bastante dinero.

Freire es otro que no e entiendo ni el pijo. Yo recuerdo de él que su método para aprender a leer se basaba en aprender palabras completas. He visto en España a niños que han aprendido a leer así, y que son unos auténticos hijos de jincalaperra una vez adultos. En cambio yo que aprendí con la cartilla, soy tan malo como cualquiera.

Foucault es otro que da un poco de risa, con esos discursos en los que dice que puede ser peligros para el establisment, cuando resulta que predíca en sus cenáculos a la élite francesa que va a ocupar puestos de poder.

De Bourdieu hay tutoriales en internet que explican más o menos por dónde va.

La gente que monta escuelas en casa, suelen tener recursos, son duchos en especialidades de diversos tipos, y meten como asignaturas troncales ajedrez, poesía, música... Los niños salen genios, cuando los padres son genios. 

Y del resto de gente que citas, no tengo ni idea. Gracias mil por compartir.

Imagen de Acratosaurio rex

Hay otra cosa en relación con títulos y enchufes. Aunque ambos demuestran que uno está capacitado para tener un cargo de lo que sea, el título otorga la legitimidad que proporciona el Estado con toda la carga de violencia física y simbólica que arrastra. Mas la legitimidad del organismo que otorga el título, ya sea la Universidad de Yale en Inglaterra, o la Iglesia del Santo Cristo del Cuarto Tabernáculo Unificado del Culto Sagrado. El título demuestra que el aspirante se ha sometido a novatadas, exámenes y rituales específicos una serie de años, que le capacitan para seguir en la tarea. Es lo que diferencia a un señor doctor dentista, de un sacamuelas.

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