Molestias masculinas

Recibo un correo lleno de reproches. Me recrimina su autor, la trascendencia inmerecida que doy al tema feminista, olvidándome de que los hombres también sufren, y que se deberían visibilidad las múltiples molestias a que son condenados por serlo. Para él, resulta que el feminismo está haciéndose dueño del mundo. Por ejemplo, el mail manifiesta que está demostrado que en las guerras también hay hombres violados, y que de ellos no se habla. También evidencia que hay mujeres que en medio de las guerras violan a otras mujeres. 

Dios mío. ¿Cómo explicarle a semejante papanatas, a este mamarracho, que en esta vida, si un hombre quiere quitarse los problemas de ser hombre, lo único que tiene que hacer es convertirse en mujer? ¡Aprende costura, joder!, dedícate al cuidado de la prole, a estar pendiente del calendario de vacunaciones, a vestir a los niños de forma que la ropa les pegue, a no mezclar la cubertería de  oro con la de plata. La hostia puta, no es tan complicado. Puedes hacerlo… 

Pienso en el caso de Krembegi, descrito por Pierre Clastres en alguno de sus libros. Hacia 1963, este cazador, vivía en la selva paraguaya, a la vera de Brasil. Perteneciente a la etnia aché (personas), por motivos que desconocemos, cambió de rol de género convirtiéndose de forma permanente en una mujer. No volvió a tocar un arco, nunca más cazó, renunció a todo tipo de prerrogativa varonil. Tomó un naku (cesto tradicional), y se dedicó a recolectar frutos, insectos y fibras, a elaborar esterillas, a trasladar el campamento y a cuidar niños y viejos. Gracias a ello todo el grupo lo consideraba mujer, y podía mantener relaciones sexuales con todos los hombres del grupo, sin que nadie sintiera menoscabo en su rol (1). ¿No es maravilloso que los humanos seamos capaces de hacer estas cosas de transversalidad de género?

¿Por qué cuento esto? Al final lo vais a entender –si tenéis suerte–.

Estos cambios de rol tan completos pueden producirse, porque existen los géneros. Si en este mundo todos fuésemos mujeres, si los hombres no existiesen, y la reproducción social se llevase a cabo trayendo la cigüeña a un bebé a los pies de la cama, no habría roles de género. Seguramente se harían repartos de tareas con otra clasificaciones, pero esto es meramente especulativo. 

Lo cierto es que en nuestro mundo existen los géneros, surgen en el contraste y la relación entre hombres y mujeres, y son sistemas de clasificación y estructuras de dominio. Como fuentes de poder y dominación, de los cuales los anarquistas somos mortales enemigos, los sistemas de género conocidos (de los desconocidos no podemos hablar), son siempre y sin excepción, sistemas de supremacía masculina. No son homogéneos y la posición en ellos de las mujeres puede ir "desde la casi igualdad a la casi esclavitud" (2).  

De forma universal, como digo, los sistemas de género polarizan. Hay un polo dominante —el de lo masculino— y otro polo dominado —el de lo femenino—. Y esto no debe interpretarse como algo natural sino en términos históricos, al igual que deben interpretarse el Estado, las iglesias o cualquier sistema de dominación, que tuvieron un principio, y tendrán un final, esperemos que próximo y muy funesto. Ahora bien, estos sistemas se nos presentan aquí y ahora como naturales de cara al beneficio de los dominantes (3), lo cual, en nuestra cultura, y en relación con el género, equivale a verlo como algo tan biológico, tan natural, tan normativo, como tener que mear cuando se bebe mucha cerveza. Que una mujer sepa planchar, doblar y guardar la ropa, se presenta así como una cualidad biológica producto de los genes o de las hormonas. Lo cual, es falso.

Así que, por resumir: los géneros existen como sistemas de clasificación históricos; implican una supremacía de lo masculino frente a lo femenino; sus roles asociados son presentados como naturales y biológicos, cuando son culturales y arbitrarios; se puede cambiar de género modificando el rol. Como todo cambio, requiere de un gasto de energía.

Esta introducción, pretende que a continuación entendáis el tema de las violaciones. Que ya imagino que todo cuanto diga será empleado en mi contra, pero que sepáis, que realmente me-la-pela.

A ver, lo que dice ese de que hay hombres violados en las guerras. Sí que es cierto. Desde hace miles de años, sabemos que en las guerras y conflictos territoriales, la obsesión de los grupos contendientes es la de destruir completa y totalmente al enemigo. Hay yacimientos de masacres desde el paleolítico. Ocupar sus tierras, esclavizar sus mujeres, matar a los varones y comerse sus vísceras… Las barbaridades las pueden llevar a cabo, mayormente los hombres. Pero no escapan a ella mujeres y niños, que pueden ocuparse de tareas menores, como de la tortura de prisioneros.

En esto de destruir enemigos para ganar la guerra, la violación, ciertamente, es una técnica empleada por los combatientes que implica un acto de dominación, de poder, que además menoscaba la moral del enemigo. Tú ocupa un pueblo, coge a un par de bebés, pásales el tanque por encima, viola a todas las mujeres menores de noventa años, fusila a todo el ayuntamiento, y tienes garantizado que al día siguiente cien mil personas están huyendo como dementes hacia ninguna parte.

También hay que tener en cuenta que la violación no implica solamente la penetración con la polla. La violencia sexual en medio de las guerras, se lleva a cabo de múltiples formas, que incluyen introducir cañones de fusil por el culo, obligarles a fornicar con hormigueros, vestir a los tíos de mujer, desnudarlos, obligarles a servir la comida mientras les tocan los testículos con pinchos, castrarlos… Por eso las violaciones de mujeres a otras mujeres se llevan a cabo mediante manoseos, vejaciones, ataduras en posiciones expuestas, introducción de objetos por vagina o ano…

Por supuesto, se puede atribuir esa fiebre de violaciones, a la guerra. Pero es un asunto más truculento, pues se produce –recordad– en un sistema cultural que es sexista y patriarcal, que divide a hombres y mujeres en géneros dotándoles de cualidades diferentes: las masculinas son superiores, las femeninas inferiores. Ahora fijaros bien, porque esto de violar es cosa de machismo, sexismo y patriarcado, incluso cuando intervienen mujeres:

Cuando un grupo de soldados (hombres) prende a un prisionero, le visten de mujer, le ponen mirando a la Meca y se la meten rompiéndole el culo desde el sargento al novato, le están diciendo a ese tipo que ha dejado de ser un hombre, que ha sido degradado, y que se ha convertido en una mujer. Ellos continúan siendo tíos muy machos, porque se están follando realmente a una tía. Con lo cual, el prisionero no solo sufre una derrota total y sin paliativos y un acto de poder horroroso, si no la metamorfosis de un cambio de género que le va a traumatizar de por vida. A ese, no se le vuelve a levantar, o se vuelve majareta. Ha sigo degradado, ha dejado de ser varonil, ha perdido su estatus superior. Y a su vez, cuando unas mujeres soldado cogen a una prisionera cualquiera, y se dedican a torturarla y a realizar actos de violencia sexual sobre ella, pues están demostrando con esas burradas que han ascendido en la escala social, convirtiéndose en hombres. Igualmente la mujer violada puede volverse loca, suicidarse, o convertirse en asesina en serie. Eso ya depende de cada cual.

Toda esta película de violencia física y simbólica no me la he inventado yo, ¿eh? Es cosa de los antropólogos sociales, que han estudiado ese tema de los roles de género, de cómo unos son más valorados que otros, y de qué forma se pasa de un género a otro a través de la acción física, y también simbólica. Así aprendéis algo nuevo, para variar (4). 

Cabrones reaccionarios y fascistas, resentidos y misóginos: leeros a Turner, a Bourdieu, a Douglas, a Goffman, a Foucault, y sufrid tanto como yo he sufrido para enterarme de toda esta mierda. Hala, a tomar por culo, mi correo sigue abierto, y que no se diga que yo, lagarto bien adaptado a mi rol, en mi peso ideal de 180 kilos, no entiendo las molestias masculinas.

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  1. Clastres, Pierre 2010. "El arco y el cesto", en Pierre Clastres, La sociedad contra el Estado, Barcelona, Virus Editorial, pp. 111-138.
  2. Héritier, Françoise 1996 Masculino/Femenino. El pensamiento de la diferencia, Barcelona, Ariel.
  3. Bourdieu, Pierre 2000 La dominación masculina, Barcelona, Anagrama
  4. Conocer la causa de los males (machismo, sexismo, patriarcado, complejo de superioridad masculina, ansia de poder, militarismo, nacionalismo, estatismo, capitalismo...), es lo que puede hacer avanzar en la resolución de los efectos (violaciones). Que las sufren con muchísima ventaja las mujeres, y que las llevan a cabo por amplísima mayoría los hombres.
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