Acratosaurio Rex

La gente no se aclara con esto de la crisis, y los miembros de la Peña Cultural El Embarcadero me piden que dé mi versión de este asunto.

En mi opinión, una crisis social se produce cuando hay una hambruna, cuando aparece una epidemia mortal o cuando llega Godzilla a Tokio destruyendo rascacielos. Si veis hogueras en las calles, calderos colectivos de sopa de pan hervido y carretones llenos de muertos tirados por mulas, hay crisis. Cuando los bares están llenos de bebedores, las carreteras llenas de coches y los supermercados llenos de comida, no hay crisis.

Wafa, trabajadora sin papeles en Miranda do Douro, me refiere que habiendo descubierto la Idea tras la lectura de mi consultorio, no le queda claro cómo ser una buena anarquista. Mira Wafa, no puedes ser mala anarquista. O eres, o no eres. Para aclarártelo: una anarquista es una mujer que ama la libertad, y no acepta ni el papel de víctima ni el de verdugo. Has de saber también que tu libertad deriva de tu independencia. Ella es la que te hace ser la reina de tu voluntad.

Recibo la carta de Marta Barbosa, una joven veinte añera de Porto que se emparejó con un guitarrista cincuentón de Vigo. Por lo que deduzco del correo de Marta, el tipo se medicina por bipolaridad. En sus ratos buenos habla de sí mismo y de sus teorías sobre dios, los faraones y los ovnis.

Como voy a estar unos días fuera de la Casa de Acogida, no podré responder consultas hasta que vuelva a tener Internet. De momento voy con este tema.

María Linares, una enfermera en paro, me comenta que su novio es otro alegre enfermero en paro… Me dice que el tío se va a presentar a las oposiciones de enfermera de prisiones porque hay que trabajar poco, el curro es para toda la vida y está bien pagado. ¿Qué yo cómo lo veo?

José Pernio, el pesado de Galapagar, insiste en torno al tema de “por qué no triunfa el anarquismo”, tratado anteriormente. Me señala que en la edad dorada del anarquismo hubo tiempos de persecuciones muy graves, y sin embargo la gente seguía llegando a la Idea por miles, a pesar de despidos, juicios, cárcel y muerte. ¿Por qué ahora no? 

Esa es la escueta pregunta de José Pernio, un joven que estudia ESO en una escuela de Galapagar. ¿Por qué no viene más gente al anarquismo? José, los motivos son muy variados. Te expongo solo un par de ellos. Empezando por los internos, la debilidad de las organizaciones anarquistas. A ellas llegan lo que hay en el mundo: individuos débiles y sin fuerza en general, poco propensos a soportar estoicamente el sufrimiento.

Hoy recibo una carta angustiosa de Joseph del Pimiento. Joseph es un fumador compulsivo por culpa de la crisis económica, y empalma un cigarrillo con otro para quitarse los nervios. Me dice que el banco está a punto de iniciar trámites para arrebatarle su casita familiar (un cuarto piso sin ascensor de cincuenta metros donde viven cuatro personas y un gato), por tres letras (unos 1000 euros en total) que ha dejado de pagar debido al paro. El préstamo lo pidió hace unos años para hacer unas obras.

Me escribe Pepa Merino desde Algete. Se autodescribe como una persona noble, sincera, veraz, que dice las cosas a la cara, de las que no se calla lo que opina para "ser una misma". Me cuenta que se ha hecho un molesto examen sexual por unas molestias, del que ha salido que tiene un herpes de trasmisión sexual. Como ella es fiel a su novio, ha ido a hablarlo sinceramente con él.

La anterior consulta sobre traiciones ha hecho que el trotskista Grito Pelado me escriba buscando consuelo, para más abundamiento en asturiano, idioma que el Acratosaurio no domina. Me explica que su colectivo (el 4) ha sido expulsado del Centro que compartía con otros tres colectivos (1, 2 y 3). Cuando se arrejuntaron era un Centro participativo, horizontal y solidario basado en la acción (porque sin acción la teoría no es válida y todo eso).

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